Día: febrero 2, 2010

Adiós al descubridor del “realismo mágico”

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El homenaje de Ted Córdova a Tomás Eloy Martinez: 

Havelock,USA- El periodista argentino Tomás Eloy Martinez era epítome de la intelectualidad progresista suramericana. Murió alos75 años, dejando profunda huella en las letras latinoamericanas.

Nació en la provincia de Tucumán, pero, como profesional, representaba claramente la versatilidad y profunda visión de la vida, como Borges, de los pensadores de esa gran urbe cultural que es Buenos Aires.

En diversas redacciones de principales medios, como la revista Primera Plana, los diarios La Opinión, Clarín y Página12, Tomas Eloy plasmó sus dotes de excelente crítico de cine y de literatura. Escribió mucho sobre libros y autores y abrió para la Editorial Sudamericana el precioso cofre de la literatura que el mismo denominó como “realismo mágico”, cuyo principal autor es el colombiano García Márquez, ganador del Premio Nóbel de Literatura, como principal abanderado de ese realismo mágico que investigó, difundió y posiblemente bautizó Tomas Eloy, en sus crónicas de la revista Primera Plana, que es donde nuestros destinos peridísticos comenzaron a correr paralelos -yo escribía desde Nueva York; luego, en los años 70, cuando yo salí huyendo de la dictadura de Pinochet, pasé a ocupar el cargo de editor internacional de La Opinión.

Cuando nos presentaron, me encontré con su amable sonrisa que nunca olvidaré. Luego transitaríamos por la redacción de El Nacional de Caracas, por entonces dirigido por el historiador Ramón J. Velasquez, quien abrió las puertas al talento profesional sudamericano en momentos en que ciertos dirigentes gremiales oscurantistas se empecinaban en imponer una absurda actitud xenófoba por la afluencia de periodistas del cono sur y de las nuevas tecnologías .

En un articulo de Pagina 12 firmado por Silvina Friera, se lo describió: “Aunque se quejaba de cierta falta de reconocimiento como autor por haber cometido el “pecado” de ser “un excelente periodista”, se lo recordará por La novela de Perón y Santa Evita, donde mezclaba maravillosamente ficción con investigación, tanto como por su paso por las redacciones. Su libro más impactante, según críticos literarios argentinos, es Trelew. Los azares del periodismo lo acercaron con insistencia al tema de la muerte. Hacia mediados de los ’60 advirtió, en Hiroshima y Nagasaki, que “un hombre puede morir indefinidamente, y que la muerte es una sucesión, no un fin”, según señaló en el prólogo de uno de sus mejores libros, El Anfibio lugar común la muerte, publicado durante su exilio en Caracas, en 1978. El escritor y maestro de periodistas Tomás Eloy Martínez murió a los 75 años, tras una larga pulseada contra el cáncer.

De niño, cuando tenía menos de diez años, escribió su primer cuento para burlar el castigo de sus padres, que le habían prohibido leer. Poco a poco el joven encontró en la ficción una forma de rebelión extrema. Por la imperiosa necesidad de ganarse la vida empezó a foguearse en La Gaceta de Tucumán, la ciudad donde había nacido en 1934; pero pasó por muchas redacciones como el semanario Primera Plana, la revista Panorama; dirigió el suplemento cultural del diario La Opinión y creó el primer suplemento literario de Página/12, Primer Plano.

En la madrugada del 22 de agosto de 1972, dieciséis guerrilleros fugados del penal de Rawson y detenidos en la base aeronaval Almirante Zar, de Trelew, fueron fusilados por sus carceleros. Esos disparos sobre prisioneros a disposición del Estado argentino prefiguraron el horror que desataría la represión ilegal durante la dictadura. Un poco más tarde, esa misma madrugada, mientras revisaba los últimos detalles de la edición del semanario Panorama, Tomás Eloy Martínez oyó el repiqueteo de un teletipo. Se acercó a ver qué novedad podía emitir a esa hora la agencia de noticias oficial y encontró un texto incomprensible: “Durante un fallido intento de fuga, quince delincuentes subvers ANULAR ANULAR ANULAR”. Sospechando una ejecución masiva, Martínez cambió la tapa de Panorama. Al día siguiente fue despedido, acusado de difundir una información que oficialmente era falsa. Viajó a Trelew para reconstruir los hechos, y al llegar se encontró en medio de una de las rebeliones populares más encendidas y secretas de la historia argentina.

La ciudad se había alzado contra la detención de un grupo de sus habitantes más respetados, enviados a la cárcel de Villa Devoto por cooperación con los guerrilleros. El pueblo se declaró en estado de comuna y se movilizó día y noche exigiendo la libertad de los vecinos. La Pasión Según Trelew narra la masacre y la rebelión como una misma tragedia, uniendo documentos y personajes en un relato magnífico. Publicada por primera vez en 1973, prohibida a fines de ese año y quemada en una guarnición militar, esta obra mantiene, en esta edición rregida y ampliada, su capacidad para revelar cómo las pequeñas historias de la gente común se entrelazan con la historia mayor del país. Tomas Eloy fue un gran maestro de periodistas y de escritores. Su muerte a los75 anos, en su querido Buenos Aires, después de una larga lucha contra el cáncer, ciertamente evocará los recuerdos quienes lo conocieron y lo apreciaron en Buenos Aires, Caracas y en Nueva York, donde enseñó sobre literatura latinoamericana en la universidad de Rutgers.

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