Día: enero 22, 2010

El discurso y el mensaje

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El 3 de febrero de 1989 juraba como presidente de Venezuela, uno de los mayores líderes de ese país hasta entonces: Carlos Andrés Pérez. Fue una fiesta nacional pocas veces vista en la historia venezolana. Hubo invitados de todo el mundo. Inclusive varios periodistas bolivianos, que veían asombrados el derroche sibarítico en la posesión de un presidente muy amigo de Bolivia. El problema con esa posesión era el mensaje que emitía para la población. El venezolano común, desde las zonas más exclusivas  hasta el de los ranchos, lo interpretaba como un retorno a los tiempos en los que la riqueza de Venezuela generada por el petróleo parecía inagotable. Esa riqueza les había dado fama mundial de manirrotos. (En Disney World se cantaban joropos venezolanos para hacer sentir a la clientela en casa). Pero no era así, pues el precio del petróleo se había venido a pique. En cuanto los venezolanos percibieron que habían  recibido un mensaje falso, patente cuando Pérez no tuvo alternativa que subir los precios de la gasolina,  se alzaron en los peores disturbios callejeros de ese país en décadas.

No hay comparación con la posesión del presidente Evo Morales, cargada de simbolismos religiosos y étnicos, uninacional (predominantemente aymara) en los dos escenarios, en Tiwanaku y en La Paz y con pocos asistentes de rango presidencial. Ni Lula ni Cristina Kichner vinieron. Sólo Michele Bachellet (de salida), Fernando Lugo , Hugo Chávez y el Príncipe de Asturias.  

Donde puede hacerse una comparación es en no haber alertado sobre los tiempos difíciles que oscurecen el horizonte. Con ingresos por las exportaciones encogidos (un 40% menos en gas, por razones de precio y de volúmenes), no será fácil mantener el mismo ritmo de gastos públicos ni de inversiones. Eso tendría que haber sido dicho.

Ni una sola palabra para mencionar las dificultades de la industria petrolera, huérfana de inversiones externas para aumentar la producción de gas capaz de cubrir los compromisos vigentes  y garantizar nuevos mercados. En cambio, dijo que la racha de cinco presidentes que había tenido YPFB bajo su primer período de gobierno era fruto de la acción opositora. Tampoco le escuché hablar de que el gobierno procuraría mercados para las exportaciones antes cubiertas por el ATPDEA. Más bien dijo que los Estados Unidos habían suspendido esas preferencias, que garantizaban el ingreso libre de impuestos de manufacturas bolivianas, por una supuesta represión boliviana de los sindicatos (¿?). Tuve dificultad en escuchar su siguiente frase, cuando mencionó números de las toneladas de cocaína decomisadas en  Bolivia durante su gestión. Es un asunto  muy importante, pero como no tengo certeza,  omitiré  el pasaje hasta poder comprobarlo. Espero que los medios escritos transcriban el mensaje tal como fue expresado, como es común en otras latitudes.

Bien al principio, algo incorrecto: Que hace 50 años (hablamos de 1960) los campesinos no podían entrar a la Plaza Murillo. Basta ver cualquier diario de cualquier semana de ese año para percibir la incorrección inadmisible en palabras de un presidente, pues se trata de historia. Reciente.

Anunció dos plantas termoeléctricas, una en Tarija y otra en Chuquisaca, capaces de producir unos 5.000 megawatios de energía, que le darían al país un margen de exportación. Serían construidas durante su nueva gestión. Pero no quedó claro de dónde saldría la materia prima, el gas. (Por vía de comparación, la presa hidroeléctrica más grande del continente, la de Itaipú, mundo produce un máximo de 14 millones de megavatios).  Y amenazo a Jindal: O invierte lo que se ha comprometido a invertir o lo hace el Estado (hablamos de inversiones mil-millonarias, que dificilmente el Estado podría realizar). 

Algo más, que esta mañana, sábado, me hizo notar un amigo muy relacionado con el sector de hidrocarburos. En el discurso presidencial hubo un gran ausente: Argentina. No hubo mención al contrato de 27,7 millones de metros cúbicos, que, hasta hace poco, constituía el as en la manga de la industria boliviana. Pero no hay gas suficiente para honrar el contrato que debía haber comenzado a regir desde el primer día de este año y ese contrato se encuentra en estado criogénico

En otros campos, el mensaje fue demostrativo de  los esfuerzos hechos en el campo social: hospitales, postas sanitarias, ley de paternidad obligatoria, aumento del gas domiciliar, escuelas, creación de tres universidades públicas, ley de investigación de fortunas, multiplicación por 13 del número de equipos de hemodiálisis (5 antes vs. 65 ahora),  un producto interno bruto de casi $US 1.500 vs. $US 967 de cuando recibió el gobierno y algo realmente sorprendente: una inflación de 0,26% en todo 2009. Es un índice de país del primer mundo.

Estos datos son apuntes rápidos. Los temas son muy importantes merecedores de análisis detallados. Pues a partir de hoy la República de Bolivia ha dejado de existir para dar curso al Estado Plurinacional de Bolivia.

La ausencia de Cristina Kirchner

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Este 1 de enero, Bolivia debía comenzar a exportar a Argentina 27,7 millones de metros cúbicos de gas natural. Hasta un día atrás, las exportaciones debían haber llegado a 7,7 millones de metros cúbicos. ¿Saben cuánto exportamos estos días a ese país? Apenas 1,5 millón de metros cúbicos diarios la semana pasada. Para llegar al compromiso de los 27,7 tendríamos que multiplicar por 26 la exportación de diciembre. Es como quien se compromete a construir un edificio de cuatro pisos y resulta que su capacidad no llega a cubrir lo necesario para construir del muro alrededor de la construcción. O quien quiere estudiar medicina en la universidad, pero cuya libreta muestra que ni siquiera venció el ciclo primario.

La explicación difundida es que la Sra. Kirchner no quiere dejar la silla presidencial al vicepresidente Ricardo Lobos, a quien considera enemigo tras el apoyo que dio a la decisión de frenar la iniciativa del gobierno de utilizar reservas internacionales para pagar deuda externa y temía que ella fuera de la silla fuese una tentación demasiado grande para Lobos y quienes buscarían desplazarla. Por eso no habría venido a Bolivia para homenajear al presidente Evo Morales.

Al margen de esa explicación hay otra. Semanas antes de la re-posesión del presidente Morales, se había informado que la presidenta firmaría un “adendum” a los contratos hidrocarburíferos suscriptos hace poco más de tres años con el antecesor de la Sra. Kirchner, su esposo Néstor. El agregado obligaba a Bolivia a cumplir rigurosamente los términos del documento, que reafirmaba el suscripto en 2006. Es decir, incorporar de una manera cumplible los términos usuales de “take or pay”, lleva el total o paga o recibe por el total de la diferencia. Para hacer efectiva la operación, Argentina necesita construir un gasoducto de 55 kilómetros que unan las terminales del gas de Bolivia con la de Argentina. Sin garantías específicas de Bolivia, los negociadores argentinos estuvieron renuentes a recomendar la firma de un acuerdo que los comprometía a algo que la contraparte boliviana podría no cumplir. El riesgo de CK era muy grande para algo todavía -y nadie sabe por cuánto tiempo- “inmaterial”.

Con los actuales niveles de producción, Bolivia carece de condiciones para comprometerse seriamente a exportar más allá de lo que ya vende a sus vecinos. Son volúmenes incluso inferiores, como en el caso argentino referido arriba, a los comprometidos. Brasil, para alivio boliviano, está comprando cada vez menos, y aunque Lula diga que Brasil seguirá comprando gas de Bolivia, nuestro vecino se encamina rápidamente hacia el corte de su cordón umbilical con Bolivia. Cuando lo haga, no lo hará bruscamente, sino de manera gradual. Pero, al final, el resultado puede ser el mismo: perder, como dicen los venezolanos, “el chivo y el mecate”, la soga y la cabra, el cliente y el ducto,  que no tendria qué transportar.

El plan quinquenal de inversiones de YPFB contempla desembolsos de unos 7.000 millones de dólares, de los cuales $1.400 ya este año, para exploración y perforación. Si lo hace, es probable que corra el riesgo solo, pues las empresas petroleras están renuentes a invertir si no tienen un conjunto de garantías, inclusive la jurídica: que las leyes no cambiarán y que los acuerdos se mantendrán.

Una posibilidad que parece más visible está en la recuperación secundaria de campos ya explotados y semi-abandonados. Son más de mil pozos que con técnicas adecuadas pueden ayudar a suplir parte de nuestros déficits en gasolina y diesel.  El tema es interesante, merecedor de un comentario aparte.