Día: enero 19, 2010

Bolivia y Chile

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El gobierno de la presidenta Michelle Bachelet tuvo un mérito indiscutible  para su país: mantener bajo una tranquilidad idílica las relaciones frecuentemente borrascosas entre Bolivia y Chile. De un día para otro, Bolivia se convirtió en el vecino que convenía a Chile.  

Es poco probable que Sebastián Piñera quiera alterar esa tranquilidad, que dio sosiego a su país en momentos en que su relación con Perú, el aliado boliviano de la Guerra del Pacífico, estaba en uno de sus peores momentos. Dependerá de las señales que le lleguen desde La Paz, que por el momento se mantiene en el desconcierto de quien se pregunta: Y ahora ¿qué? Por eso hay que ver con escepticismo la posibilidad de que el gobierno de Piñera tome cualquier decisión  que malogre ese “entente cordiale” surgido de la relación Morales-Bachelet . Mantener a Bolivia apaciguada y en lo posible alejada de Perú, ha sido una de las líneas constantes de su política externa, ostensible desde el final de la guerra de 1879 cuando a Bolivia se le ofreció Arica a cambio de una paz permanente, lo que equivalía , tras haberse jugado por Bolivia, dejar a Perú librado a su suerte.

Piñera dejó claro a lo largo de los debates que sostuvo con su contrincante Eduardo Frei que cualquier iniciativa para ayudar a Bolivia en los problemas que derivan de su mediterraneidad ocurrirá sin involucrar territorios chilenos. Cualquier cosa, menos territorio. Es decir, todo, menos lo que Bolivia siempre quiso.

De esta manera, queda eximido Perú del problema boliviano. Bajo el presidente Evo Morales, Bolivia protagonizó un cambio de 180 grados. Convirtió a Chile en el aliado boliviano y a Perú en el rival.

Es probable que ahora, tras un largo letargo, las conmemoraciones del 23 de marzo y los homenajes al máximo héroe boliviano Eduardo Abaroa, tengan más visibilidad y más ruido. Y que también se vuelva a hablar de llevar gas hasta nuestro vecino, a pesar de que éste ha buscado no depender de Bolivia ni por hipotesis  y ahora prefiere el gas de ultramar, que le cuesta mucho más, para procesarlo en plantas que ha instalado en sus costas del norte.

El mapa geopolítico continental se ha movido. Por lo menos Bolivia, tendrá todo su costado occidental -frente a La Paz, Oruro, Potosí y parte de Pando- gobernado por regímenes que nada tienen que ver con el socialismo del siglo 21. Más bien son sus adversarios –y los que económicamente más crecen en el continente.

La cuestión marítima ya estaba de hecho archivada, situación que el gobierno no advirtió o desdeñó. Escuchemos al ex canciller Armando Loaiza, en declaraciones a la Agencia de Noticias Fides: “…Bolivia y Chile no podrán negociar formalmente sobre el tema marítimo hasta que la Corte Internacional de La Haya emita un fallo sobre el proceso legal que Perú interpuso sobre sus límites marítimos. Loaiza dijo que este proceso legal internacional durará al menos cuatro años, tiempo que se debe esperar para que los gobiernos de Bolivia y Chile negocien alguna de las alternativas reales y legales que existen de acuerdo con los tratados internacionales.”

Loaiza coincide en que “el presidente Piñera dará continuidad a las políticas de Estado”. Es decir que, por parte de Chile, no habrá cambios y que a Bolivia sólo le tocará esperar sine die. Eternamente, como dijo un funcionario chileno hace unos meses.

Su discurso de aceptacion tuvo un timbre “obamiano”. Algunas frases que llamaron mi atencion:

“Durante esta campaña les pedimos a nuestros compatriotas una oportunidad para acompañarlos en sus sueños y luchas. Una oportunidad, no para hacer tabla rasa de nuestra historia, ni de la obra de los gobiernos anteriores, ni para partir de cero, sino para iniciar una nueva etapa en nuestra trayectoria como país.

“Una oportunidad para empezar a ganarle la batalla a la delincuencia y al narcotráfico. 
 
“Seré un presidente de unidad nacional que gobernará para todos los chilenos. Pero con un compromiso y cariño muy especial para los más pobres y clase media de nuestro país. 

“Quiero garantizarle a nuestra futura oposición nuestro respeto y buena voluntad y pedirle que actúen con firmeza pero con lealtad. Que fiscalicen con rigor y tengan siempre una actitud constructiva y patriótica porque nos une lo más importante: un profundo amor por Chile y un gran compromiso con su futuro. 

“…aunque tengamos legítimas diferencias todos tenemos un solo país. Somos hijos de un mismo Dios, respiramos el mismo aire, nos calienta el mismo sol y compartimos un futuro de hermanos.

“Nunca olvidemos que los países que se desgarran en luchas fraticidas entre sus propios hijos destruyen su futuro.”