Día: enero 10, 2010

Desafíos para el gas boliviano

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The New York Times, uno de los periódicos más influyentes y mejor informados del mundo y probablemente aquel que aparece sobre el escritorio del presidente Barack Obama para sus primeras lecturas del día, publica este domingo un artículo sobre los desafíos para el gas natural boliviano y para las languidecientes esperanzas nacionales de hacer del país el centro energético de América del Sur. Por ser de interes para Bolivia, y por confirmar muchos factores que han sido reiteradamente mencionados en este pais,  he preparado una version en castellano de esa informacion.

Firmado por Simón Romero, corresponsal del diario para América del Sur, y Andrés Schipani, colaborador del diario, el artículo sostiene que los vecinos de Bolivia se desplazan rápidamente hacia fuentes más seguras de aprovisionamiento y se alejan de Bolivia como proveedor.

“Nuevos proyectos en Brasil y Argentina han sido puestos en marcha en momentos en que Morales es aplaudido por conducir una fuerte economía, que creció un 3,7% el año pasado, y le permitió consolidar el control sobre los recursos energéticos, inclusive el gas natural, los más voluminosos de la región después de los de Venezuela, y enormes depósitos de litio”, dice la nota.

Pero aunque Morales emergió como uno de los líderes más fuertes de la región, apoyado por una abrumadora votación a su favor en diciembre, empiezan a surgir preocupaciones respecto a las bases financieras bolivianas a largo plazo pues sus vecinos comienzan a importar gas de lugares tan distantes como Katar, y menos distantes como Trinidad y Tobago.

La reorganización de las relaciones gasíferas en América del Sur es seguida de cerca por países que procuran limitar su dependencia de naciones ricas en energía  pero bajo procesos de cambio y que tratan de utilizar sus recursos como palanca, como lo hace Rusia sobre las ex naciones socialistas y Europa.

“Los nuevos proyectos en América del Sur son un ejemplo elocuente de cómo los países pueden cortar el cordón umbilical de su dependencia en gasoductos”, dijo al diario Carlos Alberto López, Ministro de Hidrocarburos de un gobierno boliviano anterior. “Estamos percibiendo la realidad de que nuestro nacionalismo energético es un disparo en el propio pie”.

 Todos los nuevos acuerdos gasíferos en Brasil y Argentina, lo mismo que dos recientes en Chile, hasta hace poco un mercado potencial para el gas boliviano, contratan gas transportado en barcos, en los cuales el hidrocarburo es enfriado y convertido en gas líquido para ser llevado desde los países productores y recalentado a la entrega. Este  método crecientemente común de transporte representa una fuerte competencia con los gasoductos en algunos mercados.

La propia Bolivia tenía planes para exportar gas liquefacto enviándolo primero a un puerto chileno, desde el cual sería reenviado a México o Estados Unidos. Pero el proyecto causó tal malestar  -resultado en parte de resentimientos históricos con Chile y descontento con la dirigencia política- que acabó catapultando un levantamiento de la población indígena boliviana en 2003, dice la información. Morales contribuyó a esas protestas y poco después de ser ungido presidente decretó la nacionalización de la industria gasífera en 2006. El artículo recuerda que el gobierno envió a la fuerza militar a ocupar las instalaciones de la industria, elevó los impuestos a las empresas extranjeras y dio un fuerte impulso a instituciones nacionalistas como la fuerza naval, que patrulla ríos y lagos del país, mediterráneo desde la guerra con Chile en 1879. Mientras estas políticas aumentaban los temores de los vecinos de Bolivia sobre la capacidad de este país para entregar gas a determinados precios, entre los votantes ellas ejercían una fuerte influencia, que se reflejó en la victoria de Morales en diciembre, analiza el artículo.

Luego cita una frase de Domitila Mora, vendedora de frutas en El Alto, ciudad de barriadas pobres sobre la capital, La Paz: “Nos han saqueado por tanto tiempo… la nacionalización nos devolvió la dignidad y ahora las cosas están mejor. El hermano Evo Morales está cuidando los recursos naturales para nosotros”. En esa ciudad, un cartel publicitario de YPFB, la empresa nacional de petróleo, proclama los ingresos más elevados que ahora el país percibe. “No hay desarrollo sin nacionalización”, dice, mostrando a Morales con una niña en edad escolar en los brazos.

La política económica austera aplicada por el gobierno de Morales vuelve improbable una crisis económica repentina, en contraste con lo que ocurre en Venezuela, el principal aliado de Bolivia, subraya la nota.  Además,  la estrella económica emergente del continente, Brasil, no desea que Bolivia,  gran productor de cocaína, pierda su estabilidad económica. Al evitar una confrontación con Morales, Brasil ha asegurado a Bolivia que continuará comprándole gas natural, aunque Petrobras, la empresa brasileña de petróleo, ha enfriado sus planes de grandes inversiones en Bolivia. Y empresas privadas como la HRT han convertido en una misión fundamental la quiebra de la dependencia del gas boliviano, agrega.

Entretanto, subraya, la industria boliviana empieza a exhibir grietas en la medida en que el foco de la industria energética internacional se dirige a Brasil, que desarrolla sus nuevos descubrimientos en la costa atlántica, lejos de Bolivia y de Venezuela.

Recuerda que el precio del gas boliviano cayó en picada en 2009 y que los ingresos por las exportaciones de gas declinaron en un 39% para colocarse en 2.100 millones de dólares, de acuerdo con la Cámara Boliviana de Hidrocarburos. E informa que consultores petroleros dicen que a la par que las empresas extranjeras frenan sus inversiones,  la perforación de nuevos pozos está detenida casi completamente.

Menciona que YPFB todavía está bajo los embates de un escándalo de soborno por el que un alto ex ejecutivo de la empresa está en prisión, en una secuencia de eventos que –dice- el presidente Morales culpó a la CIA.

Destaca que, con todo, los proyectos de importación de gas líquido por parte de sus vecinos Brasil (dos) y Argentina (uno) son los que presentan un desafío mayor. Dos nuevos proyectos de gas líquido en Chile, que no compra gas de Bolivia pero que podría venderlo a Argentina, podrían alterar  la dinámica energética de la región.

 Roger Tissot, un especialista en políticas de energía en América del Sur, es citado por la publicación diciendo: “La nacionalización de Evo fue una movida política astuta en el corto plazo. Pero en el largo plazo Bolivia se está encajonando”.

 Esa afirmación es contrastada con el optimismo de Miguel Yague, del Ministerio de Hidrocarburos de Bolivia, quien subrayó a la publicación que Bolivia es optimista en mantener las exportaciones  sus vecinos, y que posiblemente construiría gasoductos hacia Argentina, Paraguay y Uruguay. “En cuando a Brasil, este es un mercado con un potencial casi ilimitado”, le dijo el funcionario al diario neoyorquino.

La publicación agrega que Brasil, empero, diseña sus propios planes para explotar sus reservas recién descubiertas de gas natural y construir su propia terminal de gas líquido, e incluso exportar durante los períodos de baja demanda.

Concluye con una frase del economista Gonzalo Chávez, de la Universidad Católica de La Paz: ”Una década atrás, Bolivia se preparaba para ser el eje energético de América del Sur. Ahora se está desarrollando un cordón de seguridad energética a nuestro alrededor”.