Un nuevo ciclo

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Con este Año Nuevo empieza también un nuevo ciclo para el gobierno del presidente Evo Morales. En los cuatro años pasados, el gobierno optó por la tensión permanente como estrategia, como el boxeador que se lanza al ataque en busca del knock-out en las primeras vueltas. Ha golpeado duro a su desorganizado y desorientado adversario, pero no ha conseguido eliminarlo. Todo ha ocurrido en un ambiente de relativa holgura financiera. Esos tiempos, en los que se dio el lujo de pelear con casi todo el mundo, ya pasaron. Ahora el país aguarda lo que nos ofrecerá a lo largo del quinto año de su mandato. Y creo que la mayoría espera una gestión eficiente, dentro de los límites que ofrece la sociedad boliviana.

Hasta ahora ha tenido logros que lo distancian leguas de sus predecesores en la era democrática que, sin embargo, luce más endeble que nunca y también a leguas de las esperanzas  que se vislumbraban hace un cuarto de siglo. Levantar el ego de los indígenas y conferirles orgullo por sus orígenes y por potencialidades ha sido notable. Lo que es discutible es el precio elevado que se ha pagado, con fracturas y divisiones que creo que todos esperan que pronto correspondan a una época superada.

El proceso que lanzó tras su elección a fines de 2005 está tocando sus límites. Ahora, cuando está por ingresar a su segundo mandato y quinto año de gobierno, no puede continuar simplemente golpeando a la oposición o  a sus opositores como parte esencial en su estrategia para alcanzar fines. Ahora debe administrar el país con eficiencia, pues la estrategia de la tensión para seguir asegurando el timón se está agotando. A lo largo de los años pasados, un tema le ha seguido a otro, y la fuerza de los nuevos temas tiende a disminuir a medida que el país se acostumbra a los sobresaltos. Es como con los antibióticos.  Dosis cada vez mayores son necesarias para que causen efecto.  Llega un momento en que el propio organismo se inmuniza. Y cuando los anticuerpos desaparecen, todo el organismo queda inerme e ingresa a una zona de grave peligro.

Con casi todo el poder en las manos o al alcance de la mano, las responsabilidades que este nuevo gobierno tiene ante el país que lo ungió son más grandes que nunca. Es un desafío que no puede darse el lujo de ignorar.

Los nuevos rostros en el congreso parecen indicios de que la administración que está por comenzar percibe que el núcleo duro que lo apoya ha sido muy útil para ganar elecciones e imponerse sobre los adversarios. Pero ese vigor  no se ha trasladado necesariamente a la capacidad de gobernar, menos al de hacer una gestión económica exitosa. Creo que en esta admisión tácita de debilidad se asientan los puentes tendidos hacia las clases media y superior. El nuevo gobierno necesitará  de dirigentes capaces para una misión casi imposible: atraer inversiones y levantar industrias generadoras de empleo.

¿Qué es exactamente lo que vendrá a partir de este año?

 Al decir en el semanario Pulso que en 2010 surgirá un “nuevo estado” que no tendrá como base ni al estatismo ni al capitalismo sino a la “complementariedad económica”, creo que el diputado Gustavo Torrico, personaje importante del politburó del Palacio de Gobierno, ha traído más confusión que claridad.  Creo que pocos entienden qué es esa “complementariedad”. ¿Hay ejemplos que la ilustren? Hay muchas cosas para descifrar, pero eso se aleja del eje de este trabajo. Volveré al tema en otra ocasión.

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