Día: enero 3, 2010

Avatar de Evo

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Por TED CORDOVA-CLAURE

Havelock, USA- El presidente de Bolivia, Evo Morales, eligió su propio destino, que se vislumbra muy complicado y caótico para su segundo periodo de gobierno.

En su primer periodo, que comenzó en 2006 bajo grandes expectativas -yo mismo lo comparé con Nelson Mandela- anunció una revolución, que sería respaldada con los recursos de la exportación de gas, producto energético que alcanzó altos precios y demanda mundial en el curso de su gestión, y que ello sustentaría un gran cambio.

Pero, al comenzar su segundo mandato, el pueblo boliviano continúa sumido en la miseria y la ignorancia. Y tiene un futuro incierto para este 2010.

La riqueza del gas virtualmente se ha esfumado, a causa de la corrupción de algunos funcionarios de confianza y de una nacionalización mal planteada y peor administrada; la explotación del hierro del importante yacimiento del Mutún, en la región selvática de difícil acceso, concedida a la empresa Jindal, de la India, está en suspenso por condiciones exigidas por la poderosa y posiblemente desconfiada siderúrgica india Hay muchas esperanzas-pero nada concreto-, en los yacimientos de litio, en el inmenso salar de Uyuni.

En su exótica verborragia, muy influida por el energúmeno dictador venezolano, Evo Morales ha prometido, en sus campañas electorales y hasta en  foros internacionales, que acabará con el capitalismo y el imperialismo norteamericano. Comentaristas bolivianos la consideran una misión difícil. La verborragia de Evo está sin duda influida por el dictador venezolano y por algunos aprovechados radicales de su entorno.

 El gobierno de Evo tendrá un destino cargado de vicisitudes negativas y tendrá que hacer grandes esfuerzos para mejorar la economía nacional, para lo cual requerirá una capacidad de gestión que no la tiene. Además, deberá crear las condiciones para que la inversión privada extranjera retorne al país y para que los empresarios nacionales piensen en invertir sus recursos, que seguramente serán fiscalizados a través de la próxima eliminación del secreto bancario, según observó el experimentado economista Flavio Machicado Saravia, quien tuvo amplia experiencia en las últimas décadas, con gobiernos civiles y militares.

Por la paradójica experiencia política de hacer un mal gobierno y, sin embargo, ganar la reelección, me parece que, en Bolivia, el personaje del 2009, ha sido Evo Morales, llevado por los avatares o destinos negativos, que él mismo creó.

En suma, el avatar, en este caso es el significado de cierto lenguaje cibernético; es decir, construir una caricatura caótica de uno mismo. Es lo que hace Evo. Y en su ambicioso ego,  está destruyendo su propio país. /BIP

teddycordova@gmail.com

Un nuevo ciclo

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Con este Año Nuevo empieza también un nuevo ciclo para el gobierno del presidente Evo Morales. En los cuatro años pasados, el gobierno optó por la tensión permanente como estrategia, como el boxeador que se lanza al ataque en busca del knock-out en las primeras vueltas. Ha golpeado duro a su desorganizado y desorientado adversario, pero no ha conseguido eliminarlo. Todo ha ocurrido en un ambiente de relativa holgura financiera. Esos tiempos, en los que se dio el lujo de pelear con casi todo el mundo, ya pasaron. Ahora el país aguarda lo que nos ofrecerá a lo largo del quinto año de su mandato. Y creo que la mayoría espera una gestión eficiente, dentro de los límites que ofrece la sociedad boliviana.

Hasta ahora ha tenido logros que lo distancian leguas de sus predecesores en la era democrática que, sin embargo, luce más endeble que nunca y también a leguas de las esperanzas  que se vislumbraban hace un cuarto de siglo. Levantar el ego de los indígenas y conferirles orgullo por sus orígenes y por potencialidades ha sido notable. Lo que es discutible es el precio elevado que se ha pagado, con fracturas y divisiones que creo que todos esperan que pronto correspondan a una época superada.

El proceso que lanzó tras su elección a fines de 2005 está tocando sus límites. Ahora, cuando está por ingresar a su segundo mandato y quinto año de gobierno, no puede continuar simplemente golpeando a la oposición o  a sus opositores como parte esencial en su estrategia para alcanzar fines. Ahora debe administrar el país con eficiencia, pues la estrategia de la tensión para seguir asegurando el timón se está agotando. A lo largo de los años pasados, un tema le ha seguido a otro, y la fuerza de los nuevos temas tiende a disminuir a medida que el país se acostumbra a los sobresaltos. Es como con los antibióticos.  Dosis cada vez mayores son necesarias para que causen efecto.  Llega un momento en que el propio organismo se inmuniza. Y cuando los anticuerpos desaparecen, todo el organismo queda inerme e ingresa a una zona de grave peligro.

Con casi todo el poder en las manos o al alcance de la mano, las responsabilidades que este nuevo gobierno tiene ante el país que lo ungió son más grandes que nunca. Es un desafío que no puede darse el lujo de ignorar.

Los nuevos rostros en el congreso parecen indicios de que la administración que está por comenzar percibe que el núcleo duro que lo apoya ha sido muy útil para ganar elecciones e imponerse sobre los adversarios. Pero ese vigor  no se ha trasladado necesariamente a la capacidad de gobernar, menos al de hacer una gestión económica exitosa. Creo que en esta admisión tácita de debilidad se asientan los puentes tendidos hacia las clases media y superior. El nuevo gobierno necesitará  de dirigentes capaces para una misión casi imposible: atraer inversiones y levantar industrias generadoras de empleo.

¿Qué es exactamente lo que vendrá a partir de este año?

 Al decir en el semanario Pulso que en 2010 surgirá un “nuevo estado” que no tendrá como base ni al estatismo ni al capitalismo sino a la “complementariedad económica”, creo que el diputado Gustavo Torrico, personaje importante del politburó del Palacio de Gobierno, ha traído más confusión que claridad.  Creo que pocos entienden qué es esa “complementariedad”. ¿Hay ejemplos que la ilustren? Hay muchas cosas para descifrar, pero eso se aleja del eje de este trabajo. Volveré al tema en otra ocasión.