Día: diciembre 14, 2009

La Independencia de Bolivia

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Con la venia del autor, el diplomático  Ramiro  Prudencio  Lizón, reproduzco su más reciente comentario:

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La semana pasada se ha publicado la segunda edición de una excelente obra, “Historia de la Independencia de Bolivia”, del conocido escritor e historiador, Jorge Siles Salinas.  Dicho libro fue publicado anteriormente bajo los auspicios del Quinto Centenario del Descubrimiento de América, pero fue poco difundido por tener una impresión limitada.  Por ello, ahora surgió nuevamente en un momento muy significativo de nuestro país, ya que se conmemora este año el inicio de la emancipación no sólo de Bolivia sino de toda Iberoamérica.

El libro de Jorge Siles se destaca sobre todo porque presenta ese gran período histórico como es la independencia americana, con un enfoque moderno y ecuánime.  Narra el violento y a la vez grandioso tema de nuestra liberación del dominio español con gran objetividad, tratando siempre de no parcializarse hacia el bando patriota, como frecuentemente lo han hecho nuestros historiadores, y demostrando al mismo tiempo que la terrible contienda de la independencia no tuvo como antagonista algo extraño como lo español, sino que fue más bien una guerra civil.

Como el doctor Siles señala acertadamente, ese gran conflicto fue producto de un choque ideológico, entre los llamados patriotas, sustentadores de las nuevas ideas de autonomía y libre pensamiento  -ideas provenientes de la América del Norte y de la Revolución Francesa-, y los realistas, defensores de la tradición, la Iglesia y la Corona.  Por este motivo, muchos criollos combatieron por la parte realista.  Igualmente, varios españoles lo hicieron por el lado patriota.  Aconteció lo mismo con los hombres de iglesia.  Unos lucharon junto a los patriotas, y otros, sobre todo los de más alta jerarquía, sostuvieron la causa del rey.  Entre los indígenas se dio el mismo tenor.  Hubo caciques que acompañaron o cooperaron a los patriotas, pero otros, como el famoso Pumacahua, apoyaron enérgicamente a los realistas.

Sólo en las postrimerías de la guerra, todos los nacidos en suelo americano comprendieron que el espíritu autonomista era irreversible y se plegaron decididamente a la causa patriota.

El autor prueba asimismo, que el fanatismo y la crueldad no sólo eran actitudes de la facción realista, como se enseña en nuestras escuelas, sino que se dio en ambas partes.  De este modo, en su libro condena igualmente la dureza demostrada por Goyeneche en La Paz y Cochabamba, como los desmanes cometidos por Castelli y Monteagudo.

Por otra parte, como lo evidencia el texto que comentamos, la guerra de nuestra independencia fue una verdadera epopeya, donde su une lo grandioso y lo trágico.  Ella configura la culminación de la concepción político-filosófica de la célebre Universidad de San Francisco Xavier de Charcas, cuna del pensamiento emancipador del continente.  En el conflicto se dan asimismo, las hazañas más heroicas de nuestra historia, como las batallas de Aroma, Suipacha y la Florida, o como la defensa de Cochabamba efectuada por las mujeres y ancianos de la ciudad.  Pero por otro lado, se producen también horribles desmanes, fusilamientos, saqueos, huidas y matanzas que empobrecieron y despoblaron el territorio del Alto Perú.  Por estos motivos, bien se puede decir que dicha guerra constituyó para Bolivia su acción más brillante, pero al mismo tiempo, el comienzo de su decadencia.

Jorge Siles tiene pues la virtud de demostrar la grandeza y miseria que ha constituido para el país ese trascendental acontecimiento.  Además de estar muy bien documentada,  su obra tiene el mérito de rezumar una gran pasión, lo que produce que su lectura sea muy atractiva.  Pero la pasión que pone el autor en ella no le impide mantener una visión imparcial de la historia, sino que es un sentimiento de admiración por los grandes sucesos que han ocurrido en el Alto Perú, hoy Bolivia; sucesos que certifican la importancia capital que este territorio tenía en la época virreinal, lo que determinó que las autoridades peninsulares se esforzasen grandemente en mantenerlo en su dominio. Por esta causa, pese a que el Alto Perú fue el origen del movimiento libertario, fue también la última región del continente en quedar redimida.