Un gran ausente

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No solamente el presidente Evo Morales ha estado ausente de los debates directos para estas elecciones. Fuera de todos los debates ha estado también el tema del que depende la vida económica formal de Bolivia: los hidrocarburos. Estamos ante un asunto de  importancia vital, y por eso lo abordo con frecuencia, pues no hablar de él es como olvidarse de la salud, del trabajo o la alimentación.  Aparte de los anuncios del vicepresidente Álvaro García, de que en este quinquenio que viene Bolivia dará un “gran salto industrial” con la construcción de complejos de petroquímica, plantas termoeléctricas y gas domiciliario generalizado, las menciones a la cuestión han sido en el mejor de los casos sólo al paso.

Este año que se nos escurre ha sido pródigo en anuncios de inversiones en el sector, actualmente bajo una sequía que alarma.  Petrobras debía invertir $600 millones este año, además de unos $1.000 en 2008. No he leído ningún informe que avale estos anuncios o que cuantifique cuánto realmente fue invertido.  Y hasta ahora nadie ha explicado de dónde saldrá el gas para las industrias que se quiere levantar (de plantas petroquímicas y termoeléctricas se habla desde hace más de una década) y, luego, de dónde saldrá el capital para erigirlas. El Banco Central dispuso de $1.000 millones para YPFB, pero se ignora qué cantidad se ha desembolsado hasta la fecha.

Para tener una idea aproximada de cuánto necesita el país invertir, leamos las cifras de una consultora especializada en hidrocarburos. Sólo para las áreas probadas, de donde ya se extrae gas y petróleo, la inversión requerida era de 1.800 millones de dólares anuales, desde 2007. Es decir, sólo para mantener volúmenes de producción y cumplir con los compromisos de exportación. Se desconoce cuánto se ha invertido en estos dos años, pero ciertamente no se ha llegado al volumen mínimo que se necesitaba. La misma consultora dice que las inversiones requeridas para el próximo quinquenio serán de $8.500 millones de dólares, los mismos  $1.800 millones anuales, sólo para mantenernos a flote con los compromisos actuales: Brasil (hasta 31 millones de metros cúbicos por día) y Argentina, poco más de dos mm3d. Es decir, para mantenernos donde estamos, sin pensar en plantas petroquímicas ni termoeléctricas ni en siderurgia, tendríamos que invertir todas las reservas monetarias acumuladas en el Banco Central.  Eso no ocurrirá, pues equivaldría a dejar al país exangüe, sin reservas monetarias y a merced de una inflación desbocada. Esa falta crónica de inversiones explica la disminución de la producción de petróleo (sólo unos 36.000 a 38.000 barriles diarios), la creciente necesidad de importaciones para cubrir el déficit respecto al consumo interno de 40.000 a 42.000 barriles diarios, y la imposibilidad de cumplir los acuerdos de exportación a Argentina. Enviamos a nuestro vecino poco más de dos millones de metros cúbicos de gas natural, en vez de los 7 mm3d contratados (27,7mm3d en 2012).

Se supone, entonces, que sólo la inversión extranjera en petróleo dará algún respiro…siempre que los inversionistas se sometan a las leyes de una CPE que los obliga a reinvertir sus utilidades. Tal vez de este callejón sin salida aparente surgió el anuncio que la semana pasada hizo un diario brasileño: Bolivia se prepara para revisar su ley de hidrocarburos. Condorito exclamaría: “Exijo una explicación”.

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