El ayuno de Rosario Canedo

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Actualiza con desmayo y levantamiento del ayuno

Nadie podrá negar el valor poco común de la magistrada Rosario Canedo, que hoy ingresó al octavo día de una huelga de hambre con la que reclama respeto para sus derechos y, de una manera más amplia, respeto al  estado de derecho en Bolivia. Llevaba a cabo la extrema medida en el Palacio Legislativo hasta cerca del mediodía de este jueves, cuando empezaron a manifestarse las consecuencias de un ayuno que ya llevaba cerca de 200 horas. Sufrió un desmayo y una unidad del Cuerpo de Bomberos debió trasladarla en camilla hasta la Clínica Alemana, bajo fuertes abucheos de partidarios del Movimiento al Socialismo (MAS), que criticaban la actitud asumida por la magistrada.

La acompañaron sus dos hijos, quienes también estaban en ayunas en solidaridad con la magistrada. La noticia la trajo ANF y la registró el sitio en la internet del diario El Día, de Santa Cruz.

 Que una mujer de 64 años se hubiese visto obligada a recurrir al ayuno para llamar la atención por la que denomina conculcación de sus derechos como magistrada y ciudadana, es, en sí, un caso extraordinario. Los diputados del Movimiento al Socialismo (MAS), que la acusan de prevaricato, de actuar contra la ley en el caso de un banco que quebró a comienzos de la década pasada, cerraron los ojos y taparon los oídos ante las argumentaciones de la magistrada, que fue suspendida del cargo como única titular que restaba en la Corte Suprema de Justicia tras una acción similar, pero por motivos diferentes, contra quien ejercía la presidencia del Poder Judicial, Eddy Fernández. Como tienen  una holgada mayoría en la Cámara de Diputados, votaron por la suspensión de ambas autoridades en las sesiones en las que el caso de ellas fue decidido.

Rosario Canedo ahora está acudiendo a una instancia que puede ser decisiva: Baltazar Garzón, el abogado español que detuvo al todavía todopoderoso general Augusto Pinochet, en  1997, en Londres, y conocido como un cruzado moderno por los derechos de las personas y grupos organizados de la sociedad.  Figura internacional por su implacable defensa del derecho y de los derechos humanos, su nombre causa escalofríos entre todos aquellos proclives al autoritarismo.

“No se trata de la dignidad de un cargo sino de la dignidad de un pueblo que ve cómo el gobierno pisotea y vulnera los derechos de sus ciudadanos, la destrucción de la democracia…”, dijo ayer miércoles. “Con estos argumentos apelaré al juez Baltazar Garzón para que sea un tribunal internacional independiente el que juzgue mis acciones”.

Un tiempo antes de la magistrada Canedo, otra mujer había sido de hecho apartada del cargo. Era Silvia Salame, la última sobreviviente del desaparecido Tribunal Constitucional, quien al resistirse a presiones para que renunciase al cargo, tuvo que salir de él  por “default”: no tenía presupuesto para el cumplimiento de la responsabilidades que le correspondían. Antes habían renunciado, por diversos motivos, los otros cuatro magistrados. Aunque nada podía hacer, pues no había quórum en el organismo, su presencia era de gran simbolismo.

No se conocía de inmediato la reacción de Garzón, pero que la magistrada hubiese llegado a la instancia del magistrado español no debe causar alegría en las filas gubernamentales.

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