Día: octubre 18, 2009

La noche de Antonio Costa

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 El presidente de la CNE, Antonio Costa, anunció esta noche el envío de una carta al presidente Evo Morales para que  los derechos democráticos de Leopoldo Fernández sean  preservados y pueda realizar campaña por su elección como candidato a la Vicepresidencia de la República. “Es un derecho que le otorga la constitución”, dijo al director del programa Usted Decide, John Alandia, de la Red Uno de Televisión. La Red Uno acaparó  esta noche audiencia televisiva.

Previamente había sido sometido a un cuestionamiento sin tregua el candidato de Unidad Nacional, Samuel Doria Medina, quien no perdió ocasión de repetir incesantemente el eje de su campaña: trabajo, que él como empresario crea, y que, dijo, el gobierno destruye  con políticas que alejan las inversiones.

Hasta ahora, Fernández no ha podido realizar campaña aun dentro de las limitaciones que le impone su prisión en el Penal San Pedro, de La Paz, y la nota que proyecta enviarle el presidente del Poder Electoral puede ser un traspié para el gobierno y su partido. De hecho, Fernández –acompañante de fórmula de Manfred Reyes Villa- tendría luz verde para convocar a conferencias de prensa y conceder entrevistas.

Tuvo otro anuncio que probablemente disparará señales de alerta entre los equipos propagandísticos de los candidatos: Bajo debidas denuncias, programas propagandísticos que denuestan a Reyes Villa podrían ser vetados o sancionados. Obviamente, lo mismo  podría ocurrir con programas opositores.

Y un tercer anuncio relevante. Se ha solicitado a quienes recientemente emigraron a Pando que demuestren que tienen domicilio fijo en el lugar donde ahora viven,  como requisito para poder votar el 6 de diciembre.

Costa se presentó seguro ante las cámaras y el cuestionamiento de Alandia pues con los resultados logrados hasta el 15 de este mes  la iniciativa para establecer un “sistema mixto” de votación recibió el tiro de gracia.  

Atribuyó el récord de inscripciones –uno de los mayores logros entre las naciones democráticas- a la confianza que la CNE bajo su mando generó entre el público elector. Tuvo también un papel importante en ese récord la polarización política que impera en Bolivia.

Simón Alberto Consalvi y Honduras

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Muy pocos lo conocen en Bolivia. Consalvi es uno de los “padres” de la democracia Venezolana que pugna por sobrevivir. Militante esencial de Acción Democrática (AD), cuando fue canciller de su país tuvo gestos nobles hacia Bolivia, como ayudarla en sus gestiones para reducir el endeudamiento externo que le habían dejado años de dictadura. Ahora, como co-editor de El Nacional, una voz vibrante de la prensa venezolana, ha escrito un artículo sobre Honduras y la OEA cuya lectura recomiendo.  Fue publicado este domingo, 18 de octubre, por El Pais, de Madrid. Se lo encuentra aquí.

El padrón

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Casi todo el mundo está entusiasmado con el récord de votantes inscritos bajo el padrón biométrico. Un total de 4.826.669, cerca de un millón más que los 3.891.316 del anterior registro, del que llegó a decirse, por boca de un alto funcionario, que estaba contaminado hasta en un 30%. La diferencia entre las dos cifras es de 935.353. El nuevo número  incluye a 170.503 inscritos en Argentina, Brasil, Estados Unidos y España.

Uno, de inmediato, se hace una pregunta: ¿Dónde estaban esos casi 800.000 que ahora están formalmente habilitados para votar? Y téngase en cuenta  que en ninguna elección ni plebiscito anterior votó el 100%. Hubo tradicionalmente una abstención superior al 10%.

Parte de la respuesta viene de la CNE. Aumentaron considerablemente los votantes en todas partes, pero especialmente en La Paz y Santa Cruz, en términos cuantitativos: respectivamente  1.468.569 (1.278.022, bajo el padrón anterior) vs 1.150.343 (868.417), que porcentualmente equivalen al 14,9% adicional para La Paz; y a un 33% adicional para Santa Cruz.  El número de personas con edad de votar puede ser aún mayor en Santa Cruz que en La Paz, pues según una proyección de la encuestadora Gallup, este año Santa Cruz departamento tendría casi 50.000 habitantes más que el departamento de La Paz.

Cualitativamente, el récord lo bate Tarija, con 285.300 ciudadanos registrados versus 177.306 en el padrón anterior. Tiene ahora un 61% más ciudadanos habilitados para votar. En otras palabras, más de la mitad de los tarijeños hábiles para votar no ejercitaba su derecho a elegir. Uno puede, legítimamente, preguntarse: ¿por qué? La misma pregunta vale para Santa Cruz, pues los datos muestran que en tierra cruceña había el equivalente a una Tarija entera que no votaba. ¿Por qué?

Cochabamba no queda muy distante. Tenía 705.199 ciudadanos aptos para votar. Ahora tiene 874.833, un 24% más que antes!

Pando es todavía un misterio por ser resuelto. Tenía 31.710 y ahora tiene oficialmente 33.824, menos de un 7% adicional. Pero la CNE advierte que esta es una cifra todavía preliminar. ¿Será que aun no están contabilizados los nuevos inmigrantes?

Un amigo me escribe y llama extraordinario a este fenómeno, que describe como  una especie de “conejización” de un electorado que logró reproducirse en menos de nueve meses en casi un 20% (y probablemente más, si hasta un 30% del padrón anterior estaba contaminado). El mismo amigo me dice que puede sospecharse de dobles inscripciones, que llegarían a cientos de miles, cifras plausibles que cabrían en el 30% contaminado del padrón anterior y el millón adicional de votantes ahora registrados biométricamente.

Otros manifiestan temores de fraudes en las áreas rurales. Supongamos, dice una especulación, que una mesa tiene 300 inscritos, pero votan solamente 210. Como no existen controles totalmente confiables,  al concluir el escrutinio las ánforas son llenadas con las 90 papeletas faltantes y van así a la sede de la CNE. La conjetura me parece una exageración. Pero ese y otro tipo de dudas empiezan a surgir dado el grado de desconfianza que se vive en el país. Yo pienso que la mayoría cree en el espíritu cívico de los bolivianos, que han decidido dar un paso fundamental para ejercitar sus derechos democráticos. Gran parte del desafío está en la cancha de la CNE, que ahora parece ante el mayor reto de la era democrática: devolver confianza a la ciudadanía sobre el destino de sus decisiones.