Día: agosto 29, 2009

Alégrense: ¡estamos perdiendo!

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Dos hechos casi simultáneos han enriquecido  la perplejidad de quienes observan los episodios novedosos del curso político boliviano. La firma de un acuerdo con el presidente de Brasil en el corazón cocalero de Bolivia para construir una carretera, es el primero. El país vecino otorgará un crédito de $332 millones para unir a Villa Tunari, en pleno Chapare, con San Ignacio de Moxos, un tramo carretero de unos 300 kilómetros. La obra será emprendida por la empresa brasileña OAS Ltda.  Su costo final será  $415 millones y el saldo será cubierto con fondos bolivianos.  Se desconoce el calendario de las obras.

 Llama la atención que los medios hubiesen omitido recordar que hasta hace un año había una donación de $657 millones para construir una carretera central norte-sur entre Rurrenabaque y Riberalta, de 510 kilómetros. La donación estaba destinada a ayudar a Bolivia a superar hasta el 2015 los niveles de pobreza más agudos y extraer a decenas de miles de bolivianos de la condición  abyecta  de sobrevivir con menos de un dólar por día. Esa carretera daría un empujón fundamental al comercio y a las exportaciones en una región deprimida. Fue suspendida con la acusación de que el gobierno boliviano no cumplía los compromisos para disminuir la siembra de hoja de coca y combatir el narcotráfico. La decisión fue la culminación de un proceso de hostigamiento hacia Estados Unidos que desembocó en la expulsión de su embajador Philip Goldberg y de la agencia anti narcóticos DEA.

De esta suspensión no se ha vuelto a hablar. Del silencio surge la impresión de que aquel proyecto vial está en el congelador. Poco más y se nos invitará a alegrarnos porque la donación nunca vino. Entretanto, la avalancha de incautaciones de cocaína y la influencia notoria y creciente de los gremios de los productores de coca, parecen avalar la convicción estadounidense de que a las autoridades bolivianas la cuestión les resbala. Con la medida estadounidense también naufragó el espacio que tenía Bolivia para exportaciones no tradicionales en el mercado más rico y más apetecido del mundo. Brasil salió al paso y abrió su mercado textil para sólo $21 millones, un tercio de las ventas a USA en 2008.

 El siguiente hecho se refiere a declaraciones oficiales sobre la intención del gobierno de revisar el contrato de venta de gas natural a Brasil, que deberá regir diez años más. Bolivia quiere disminuir el compromiso y vender sólo 24 millones de metros cúbicos de gas natural en lugar del máximo de  31 mm3 que dicta el contrato. Curiosamente, la parte que debería estar interesada en vender más es la que propone vender menos. La oferta “realista” de Bolivia esconde apenas una realidad: El fracaso de su política petrolera. En tres años desde la llamada nacionalización de los hidrocarburos, Bolivia no ha logrado aumentar su capacidad productiva. No ha conseguido sobrepasar el máximo de 41 mm3. A estas alturas debería estar en 72 mm3 para poder cumplir raspando los compromisos con Argentina (27,7 mm3), con El Mutún, y el consumo interno. Sin incluir las plantas petroquímicas y las termoeléctricas con las que el país un tiempo soñó.

Al referirse con satisfacción al planteamiento, el Presidente de YPFB, Carlos Villegas, lo calificó como “positivo” pues permitiría a Bolivia más entregas a Argentina, actualmente en simbólicos 2 a 3 mm3.  

Alegrémonos y batamos palmas, pues. ¡Estamos perdiendo!