Día: agosto 28, 2009

El primer bar de cocaína

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El diario británico The Guardian, uno de los más prestigiosos de Europa, trajo  el 19 de agosto un reportaje sobre el que llama el primer bar de cocaína en el mundo.   Está en La Paz y se llama Route 36,  Ruta 36. La crónica, sin buscarlo, puede ayudar a  la caracterización de Bolivia como un país donde la droga, con poco interés y posibilidad de las autoridades en combatirla efectivamente,  corre libre en locales como Ruta 36. La traducción/edición parcial que sigue  es del blog.

Firmado por  Jonathan Franklin, el articulo abre con una cita: “Esta noche tenemos dos tipos de cocaína: normal, por 100 bolivianos el gramo, y cocaína fuerte por $b 150”. El mozo acaba de tomar nuestra orden para ron con Coca Cola para dos aquí en La Paz y, como todo mundo en este bar sabe, ahora se está sirviendo el plato principal. La botella de agua corre por cuenta de la casa, narra el redactor.

Agrega: “El mozo llega a la mesa, desciende la bandeja y al centro coloca una caja vacía de CD. Junto al CD hay dos pajuelas y dos pequeños paquetes negros.  Luce tan desenvuelto que parecería que está sirviendo un emparedado con papas fritas.  “Tuvimos unos australianos. Estuvieron  cuatro días. Hacían turno para dormir y la única vez que salían era para ir al cajero electrónico”, dice Roberto, quien ha trabajado en Ruta 36 (y en sus varias ubicaciones) durante los últimos seis meses. Detrás del bar, vuelve a cortar cuidadosamente los palillos de 8 centímetros.”  

Continúa: “La Paz, a 3.900 metros sobre el nivel del mar, altitud donde subir dos pisos hace latir el corazón como un picaflor, cobija al Ruta 36, el primer bar restaurant de cocaína exclusivo del mundo. Me siento atrás para captar toda la escena: mesa tras mesa de mochileros conversadores, muchos de los cuales están tomando un año mientras esperan un trabajo o simplemente escapando del hemisferio norte a cambio de las delicias de América del Sur que, para muchos parece, incluyen la cocaína.”

Viene otra cita: “Puesto que ellos forman un club de las horas chicas y sirven cocaína, los vecinos tienden a quejarse rápidamente. De modo que si tienen suerte, duran  unos tres meses en el mismo lugar, pero a menudo están sólo dos semanas. Ruta 36 es una fiesta móvil, afirma el editor de un diario boliviano que pidió reserva para su identidad. “Un día es en una zona y después aparece en otra. Ciertamente es el más famoso entre la muchedumbre de mochileros, pero hay varios otros lugares que ofrecen también cocaína. Es porque Ruta 36 cambia tanto de dirección que hay mucha confusión sobre cuántos bares de cocaína hay por allí”.

Luego sigue: “Esta nueva tendencia de “turismo cocaína” puede ser resultado de una combinación de los funcionarios notablemente corruptos en el país, la actitud caótica de “vale todo” de La Paz, y el ejemplo nacional del presidente Evo Morales, él  mismo sembrador de coca. (Coca es la hoja, y la cocaína es el polvo altamente procesado y refinado.) Morales ha luchado diligentemente  por los derechos de los cocaleros y echado fuera de Bolivia a los agentes de la DEA. Cuando dice que actuará contra la producción de cocaína, parece nadar contra la corriente. A principios de julio, en el oriente boliviano fue descubierta la mayor fábrica de cocaína. Capaz de producir 100 kilos por día, el laboratorio estaba a cargo de colombianos y proporcionaba la más reciente evidencia de que Bolivia es ahora el lugar de laboratorios sofisticados de cocaína. El laboratorio fue la cuarta factoría de magnitud encontrada en Bolivia este año.”

Los parrafos siguientes:

“En ningún lugar de América del Sur crece la producción de cocaína más rápido que en Bolivia. Informes de las Naciones Unidas muestran que en Colombia la producción cayó un 28% el año pasado, mientras en Bolivia creció casi un 10%. “Hay más interés e inversiones en purificar la pasta de coca aquí que en exportarla, en vez de enviarla a Colombia para su purificación, dijo hace poco Oscar Nina, uno de los funcionarios anti-droga jefe de Bolivia.”

“Mientras los militares de Estados Unidos y Colombia presionan a los narcotraficantes, las operaciones migran hacia países vecinos, especialmente a Bolivia, donde el campo para las operaciones ilegales es tan fértil como los valles donde la gente ha sembrado coca en los últimos cinco siglos.  Frenar el turismo cocaína en La Paz puede ser tan difícil como fue mantener a los americanos fuera de la bebida durante la prohibición.” 

“El área principal de Ruta 36 da escalofríos. Una bola en forma de corazón baña esporádicamente el compartimiento con luz roja y verde. Cada mesa tiene velas y botellas de agua, además de las combinaciones que uno desee agregar a la bebida. En una esquina, una pila de juegos de mesa. Si  no fuera por las cabezas dobladas como de pájaros buscando alimento en orillas de la playa, uno nunca sabría que grandes cantidades de cocaína están siendo ingeridas. Hay un gran intercambio de mesa en mesa. Todos tienen historias: las últimas aventuras en Ecuador, el mejor ómnibus a Perú. Todos reciben generosas bienvenidas antes de ser enviados de vuelta a su mesa respectiva, donde se puede repetir las historias otras diez veces.”

“Todo mundo conoce este lugar”, dice Jonas, un mochilero que llegó dos días antes. “Mi compañero vino a Bolivia el año pasado y dijo que Ruta 36 es el mejor bar de América del Sur”.

Aunque la cocaína es ilegal en Bolivia, Ruta 36 se ha convertido en una parada esencial para miles de turistas que vienen aquí cada año y prueban con entusiasmo la cocaína del país, famoso por la disponibilidad de la droga, su precio, unas 15 libras el gramo, y su calidad.

El ambiente aquí es pacífico. No parece existir miedo de que alguien sea agarrado. (“El dueño ha pagado a las personas precisas”, dice uno de los mozos con una sonrisa). Una mochilera de Newscastle se desliza en uno de los cuatro sofás alrededor de la mesa. “Hemos traído algunas vírgenes (en cocaína). Será la primera vez, por eso estamos sólo pasándoles sobre los labios. Pero ellas son afortunadas –nunca tendrás cocaína pura allá, en Londres. Allí se paga 50 libras por un gramo que ha sido cortado muchísimas veces. Todo lo que hace es adormecerte los labios y enviarte al baño”.

La nota tiene el siguiente toque final:

Los blogs de los viajeros también hablan bien del lugar. “Viajé por el mundo durante nueve meses y es cierto que La Paz fue la ciudad más loca y Ruta 36 el mejor bar de todo mi viaje”, escribe uno de ellos. Otro dice: “…Aquí puedes incendiar la candela entera”.

Y el cerebro también. Cocaína, como todo el mundo sabe, es altamente adictiva, destructiva y fácil de abusar. La razón para prohibir la cocaína fue para proteger la salud pública. Pero ahora, tras 40 años de experimentar, la prohibición ha hecho poco para proteger las vidas de millones de usuarios en todo el mundo que van a aspirar cualquier substancia que se les ponga al frente. Los billones en ganancias anuales han corrompido a gobiernos en todo el mundo, y La Paz, sin buscarlo, parece haberse colocado a la vanguardia de su fracasada guerra con las drogas.