Conteo regresivo – II

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El aviso que El Deber trajo  el 3 de agosto último pasó desapercibido para gran parte del público. Pero los escritorios petroleros en Bolivia y países vecinos que aún tienen algún interés en la industria boliviana de hidrocarburos tomaron nota. YPFB convocaba a una consultoría, quizá la más profunda desde que asumió el control de la industria de los hidrocarburos tras el 1 de mayo de 2006. La convocatoria propuso realizar “el diagnóstico de la actual estructura organizacional de YPFB y de la Nueva estructura Organizacional de YPFB Corporativo que incluya: el manual de organización y funciones, el manual de procesos y procedimientos, el manual de cargos”. La tarea se extenderá durante 250 días desde la firma de un acuerdo entre la empresa consultora y Yacimientos.

Uno suponía que esta tarea había sido cumplida en los primeros meses de la empresa refundada, no tres años más tarde. La convocatoria no tendría mayores consecuencias si no ocurriese en medio de signos de grave debilidad de la industria que hoy es pilar básico en la economía boliviana.  Técnicos que conocen la industria petrolera sostienen que abrir un proceso de estructuración administrativa durante  casi 10 meses, equivale a  “colocar en un limbo a todos los acuerdos con YPFB”.  Uno de ellos subrayó: “Nadie se atreverá a negociar con Bolivia durante todo ese tiempo pues no tendrá seguridad sobre la solidez de los acuerdos a los que pueda llegar. ¿Y si el nuevo manual de procedimientos cambia las reglas de juego?”

No se ha visto ninguna información de YPFB que aclare los límites de la convocatoria, que se constituye en elemento de incertidumbre sobre la industria y sus perspectivas.

Bolivia produce unos 40 millones a 41 millones de metros cúbicos (mmc3) de gas natural, igual que en 2005.  Con esos volúmenes apenas saca la cabeza fuera del agua de sus compromisos: 30 mm3 para Brasil (en esta temporada está comprando un 20% menos, pero dentro de los volúmenes contratados); consumo interno (6,5 mm3); entre 6 y 7 mm3 para Argentina. Hasta aquí, ya operaríamos con déficit, pues el total es mayor que la capacidad de producción.  Las cuentas cuadran porque Brasil ahora compra menos, pero volverá a exigir los volúmenes máximos (31 mm3 o aún más) en cuanto lo requiera su demanda interna. Esta situación temporal  de menores adquisiciones de Brasil no es un halago para Bolivia. Cuando producimos menos gas, producimos menos líquidos,  que se convierten en gasolina (que importamos de Chile, ahora un proveedor esencial para Bolivia) y diesel. Entonces, si vendemos menos gas importamos más diesel y más gasolina.

El informe de mayo del Instituto Boliviano de Comercio Exterior (IBCE), señala que la producción de diesel continúa en picada. El promedio de 2008 era de 59,7 millones de litros/mes, mientras que el de este año se encuentra en 49,0 millones de litros/mes (una baja del 19,92%).

El Gobierno está obligado a importar, para cubrir la demanda del mercado interno, en el presente año, unos 600 millones de litros, en su mayoría comprados de Venezuela a un precio internacional (alrededor de $US 2 por litro), que en Bolivia es vendido a poco más de un cuarto de ese valor (ninguna novedad, pues esto ocurre desde hace años). A Venezuela se le deben pagar más de $US 800 millones anuales. Sin embargo, me aseguran que esta obligación no aparece en ninguna parte. Pero el que no aparezca no significa que no es una obligación, que Venezuela podría esgrimir en cualquier momento.

El tema es complejo, pero es fácil percibir que estamos ante una bomba activada y con el contaje  regresivo en marcha. Para desactivarla concurren otros factores a los que no ayuda una convocatoria como la que acabamos de referir.

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Bolivia no tiene condiciones de cortar su dependencia de Venezuela en el corto plazo. No puede producir más. Para producir más, son necesarias inversiones en una escala de miles de millones de dólares que están más allá de las posibilidades de YPFB.

El año pasado fueron perforados cuatro pozos. Los grandes países petroleros (Rusia, Arabia saudita, Mexico,Venezuela) perforan cientos cada año. La propia Bolivia perforaba alrededor de 60 en los años de 1970. Y el año pasado anunciaba la perforación de 100…en cinco años. Miren: Hace pocos días, el gobierno festejaba un logro de Yacimientos para aumentar la producción de uno de sus campos. Doscientos millones de pies cúbicos que se sumarían a la producción, era el grito publicitario. El pudor hizo que los anunciantes evitasen hablar de metros cúbicos, porque si lo hubiesen hecho habrían tenido que decir que Bolivia aumentaría su capacidad productiva en un millón de metros cúbicos, un minúsculo 2,5% sobre los 40-41 millones actuales (y parece que estamos en niveles aún más bajos: 38,3 millones, respecto a los 40,7 millones de diciembre de 2006, según datos de YPFB).

La imagen de un país que apenas logra mantener la cabeza fuera del agua de sus compromisos es real. En 2010 deberíamos comenzar a bombear para Argentina 27,7 mm3 diarios. El nivel se ha quedado en 6 mm3, y aun en menos. Previsoramente, Argentina ha aplazado más de una docena de veces la construcción del gasoducto que transportaría por su territorio ese combustible.

La producción de más energía pasa por medidas no convencionales: lanzarse a la producción de biodiesel. Esto luce cuesta arriba pues el presidente Evo Morales es una pieza en el juego de ajedrez geopolítico de su aliado venezolano Hugo Chávez. Chávez combate el biodiesel porque no le conviene a Venezuela que el mundo deje de consumir petróleo. Fidel Castro le proporciona argumentos contra los biocombustibles porque Cuba depende del petróleo venezolano. Recibe 95.000 barriles diarios a precio subsidiado. Refina, vende el producto y guarda el lucro. Venezuela ha substituido a la difunta URSS como el tanque de oxígeno para la economía de la isla.

Pero si Bolivia quiere romper esa dependencia del diesel extranjero su mejor –y tal vez la única- opción a la vista es el biodiesel que puede ser producido desde una gran variedad de oleaginosas, inclusive  el “macororó”, una planta poco apreciada pero resistente y rica que rinde casi seis veces más aceite por hectárea que la popular soya (1.590 litros vs. 420). Como la agricultura utiliza mano de obra intensivamente, el biodiesel sería una solución para el desempleo y una fuente extraordinaria de ingresos. Al eliminar la necesidad de subvenciones, pues no sería necesario importar más diesel, serían liberados cientos de millones de dólares que podrían orientarse hacia otros sectores. Educación y salud, por ejemplo, pero también hacia la infraestructura: carreteras que  ampliarían la frontera agrícola. Con políticas bien orientadas, podría generarse un ciclo formidable de expansión económica.

El gobierno que se aventure en este camino tendría ruta expedita para ingresar a la historia económica de Bolivia por la puerta grande.

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