Día: agosto 15, 2009

La bonanza no para

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 La semana que acaba ha sido prolífica en el hallazgo de depósitos e incautaciones de cocaina. El viernes, El Deber anunció la incautación de cerca de 300 kilos de clorhidrato de cocaína en Tarumatú, cerca de Porongo, a sólo 40 kilómetros de Santa Cruz.

 Y  en Cochabamba, la Fuerza Especial de Lucha contra el Crimen realizó una racha de 25 operaciones en las que fueron confiscados más de 120 kilos de cocaína, informó La Razón.

Conteo regresivo

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El aviso que El Deber trajo  el 3 de agosto último pasó desapercibido para gran parte del público. Pero los escritorios petroleros en Bolivia y países vecinos que aún tienen algún interés en la industria boliviana de hidrocarburos tomaron nota. YPFB convocaba a una consultoría, quizá la más profunda desde que asumió el control de la industria de los hidrocarburos tras el 1 de mayo de 2006. La convocatoria propuso realizar “el diagnóstico de la actual estructura organizacional de YPFB y de la Nueva estructura Organizacional de YPFB Corporativo que incluya: el manual de organización y funciones, el manual de procesos y procedimientos, el manual de cargos”. La tarea se extenderá durante 250 días desde la firma de un acuerdo entre la empresa consultora y Yacimientos.  

Uno suponía que esta tarea había sido cumplida en los primeros meses de la empresa refundada, no tres años más tarde. La convocatoria no tendría mayores consecuencias si no ocurriese en medio de signos de grave debilidad de la industria que hoy es pilar básico en la economía boliviana.  Técnicos que conocen la industria petrolera sostienen que abrir un proceso de estructuración administrativa durante  casi 10 meses, equivale a  “colocar en un limbo a todos los acuerdos con YPFB”.  Uno de ellos subrayó: “Nadie se atreverá a negociar con Bolivia durante todo ese tiempo pues no tendrá seguridad sobre la solidez de los acuerdos a los que pueda llegar. ¿Y si el nuevo manual de procedimientos cambia las reglas de juego?”  

No se ha visto ninguna información de YPFB que aclare los límites de la convocatoria, que se constituye en elemento de incertidumbre sobre la industria y sus perspectivas.

Bolivia produce unos 40 millones a 41 millones de metros cúbicos (mmc3) de gas natural, igual que en 2005.  Con esos volúmenes apenas saca la cabeza fuera del agua de sus compromisos: 30 mm3 para Brasil (en esta temporada está comprando un 20% menos, pero dentro de los volúmenes contratados); consumo interno (6,5 mm3); entre 6 y 7 mm3 para Argentina. Hasta aquí, ya operaríamos con déficit, pues el total es mayor que la capacidad de producción.  Las cuentas cuadran porque Brasil ahora compra menos, pero volverá a exigir los volúmenes máximos (31 mm3 o aún más) en cuanto lo requiera su demanda interna. Esta situación temporal  de menores adquisiciones de Brasil no es un halago para Bolivia. Cuando producimos menos gas, producimos menos líquidos,  que se convierten en gasolina (que importamos de Chile, ahora un proveedor esencial para Bolivia) y diesel. Entonces, si vendemos menos gas importamos más diesel y más gasolina. 

El informe de mayo del Instituto Boliviano de Comercio Exterior (IBCE), señala que la producción de diesel continúa en picada. El promedio de 2008 era de 59,7 millones de litros/mes, mientras que el de este año se encuentra en 49,0 millones de litros/mes (una baja del 19,92%).

El Gobierno está obligado a importar para cubrir la demanda del mercado interno.Este año, serán unos 600 millones de litros, en su mayoría comprados de Venezuela a un precio internacional (alrededor de $US 2 por litro), que en Bolivia es vendido a poco más de un cuarto de ese valor (ninguna novedad, pues esto ocurre desde hace años). A Venezuela se le deben pagar más de $US 800 millones anuales. Sin embargo, me aseguran que esta obligación no aparece en ninguna parte. Pero el que no aparezca no significa que no es una obligación, que Venezuela podría esgrimir en cualquier momento.

El tema es complejo, pero es fácil percibir que estamos ante una bomba activada y con el contaje  regresivo en marcha. Para desactivarla concurren otros factores a los que no ayuda una convocatoria como la que acabamos de referir. Información ampliada aqui al lado, en Páginas.

Pol Pot sudamericano

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COLUMNA Global-por Ted Córdova-Claure/Corresponsal en USA

Havelock-USA- En 1970 se produjo uno de los genocidios mas degradantes del siglo 20, cuando una mentalidad con distorsionada visión de la historia pretendió llevar a su nación a nivel cero para justificar su lucha anti-imperialista -o antioccidental. Hoy parece que el presidente Evo Morales, llevado por su fundamentalismo indígena, quiere hacer lo mismo en el corazón de Suramérica.

En 1970, el líder Pol Pot del Jmer Rojo, la guerrilla comunista de Camboya, aprovechó la coyuntura de la retirada de tropas norteamericanas de territorio camboyano, en ese momento presionadas por la guerra en el vecino Vietnam, y ocupó el país y la capital, Pnom Phen, mientras el gobernante, príncipe Sihanouk, se refugiaba en China.

Pol Pot quería recuperar los tiempos de Gloria de Angkor, una ciudad acuática, que era una maravilla de la ingeniería. Dominaba todo el sudeste de Asia, en torno al delta del rio Mekong,  con una cultura agrícola cuya base eran los arrozales. Era un imperio desconocido, cerca de un milenio antes de la Era Cristiana. Los templos y monumentos que todavía se pueden apreciar en el Angkor actual, virtualmente tragados por la selva y maleza que engulleron la ciudad, aún están allí, lo mismo que el sistema de canales. Lo que ya no existe es la dinámica cultura del arroz, que Pol Pot quiso revertir para aplicar su secante comunismo estalinista, borrando todo vestigio de la Camboya que se desarrolló con la influencia del colonialismo francés, la adopción del budismo y la influencia de los vecinos pueblos de la península Indochina. Para lograr su objetivo,   Pol Pot buscó el nivel cero y, matanza de por medio, y dejó los “killing fields”. La tergiversada interpretación indigenista de Evo Morales, aderezada por los consejos de un ex terrorista de Sendero Luminoso y de su ideólogo de almohada, que no es otro que su propio Vicepresidente,  le llevan anunciar demagógicamente la creación de un estado comunitario, con la nociva cultura de la coca, para reemplazar a la republica de Bolivia. En las elecciones de este diciembre, sólo los votantes bolivianos pueden evitar el insensato retorno a un pasado ya diluido por el curso de la historia y la necesidad de progreso para los pueblos./BIP

 teddycordova@gmail.com