Mes: julio 2009

No serán españoles…

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Un amigo me envía una reciente nota registrada en elpaís.com, el sitio digital del diario español El País, que pone el dedo en una de las llagas generadas por la nueva Constitución Política. La cuestión se abre a un amplio debate pues pone de relieve los efectos de un documento básico elaborado a la ligera, en pocos días, y aprobado con sólo levantar la mano, bajo las órdenes de los directores de la orquesta que tal vez muy poco conocían de Bolivia. La cancillería ha dicho que emitirá una declaración sobre el tema durante la semana. La nota también la registró hoy miércoles El Deber, de Santa Cruz.

El texto:

EFE / ELPAÍS.com – Madrid – 07/07/2009

Los hijos de los bolivianos tendrán automáticamente la nacionalidad boliviana aunque no sean inscritos en el Consulado, por lo que no serán españoles por el hecho de nacer en España como sucedía hasta ahora. Esto es consecuencia directa de un cambio de ley en Bolivia que establece que “son bolivianos y bolivianas por nacimiento las personas nacidas en el extranjero de madre boliviana o padre boliviano”, ha explicado la dirección general de los Registros y del Notariado, dependiente del Ministerio de Justicia.

Anteriormente, la Constitución boliviana detallaba que para tener la nacionalidad boliviana era preciso “avecindarse en el territorio nacional o inscribirse en los consulados”. Así, si el recién nacido no era inscrito en el consulado de Bolivia en España, se producía una situación de “apátrida” por lo que automáticamente adquiría la nacionalidad española en aplicación de la Convención de los Derechos del Niño.

En España, la adquisición de la nacionalidad está basada en los derechos de sangre y no de suelo, es decir, que el simple hecho de nacer en España no implica directamente la adquisición de la nacionalidad. Pero hay una excepción: la de los países que no reconocen la nacionalidad a los hijos de sus emigrantes, en aplicación del artículo 7 de la Convención de los Derechos del Niño. La Convención establece que, desde su nacimiento, el niño tiene derecho a adquirir una nacionalidad y que “los Estados partes velarán por la aplicación de tal derecho, sobre todo cuando el niño resultara de otro modo apátrida”.

Así pues, en España se estudia cada caso para determinar si las leyes del país de los progenitores atribuyen la nacionalidad a los recién nacidos en el extranjero de manera automática o no.

El reciente cambio constitucional en Bolivia, que ya han realizado Ecuador y Chile, “afecta necesariamente al criterio” empleado hasta ahora por España, “de tal modo que no concurre ya la condición de apátrida que fundamentó la atribución de nacionalidad española iure soli -derecho de suelo-a los hijos de bolivianos nacidos en España”, ha informado la dirección general.

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Multiplica y sigue

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Por lo ocurrido en los últimos días y las últimas semanas, los decomisos de cocaína siguen un curso geométrico. Las incautaciones son cada vez mayores que las anteriores, en un circuito que hace ver la magnitud que ha adquirido el problema del narcotráfico en el país. La Fuerza de Lucha contra el Crimen anunció el fin de semana el descubrimiento del que probablemente era el mayor centro productor de cocaína. Una narco-usina. O un “complejo” industrial, al parecer dirigido y controlado por colombianos, que producía 100 kilos de cocaína por día o unas tres toneladas por mes.

El descubrimiento ocurre a pocas semanas del informe de Naciones Unidas sobre el crecimiento de las plantaciones de coca y producción de la hoja, tras la descertificación final de Bolivia por parte de Estados Unidos y su expulsión del sistema de preferencias comerciales andinas (ATPDEA).

En el filo de la navaja

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Las jornadas del sábado y el domingo han crispado los nervios del hemisferio y han puesto a la región a sólo un fósforo de una conflagración mayor. Cualquier error de los protagonistas puede llevar ahora a América Central y del Sur a un conflicto cuyas proporciones no parecen haber sido debidamente evaluadas.

El torbellino ha llevado a la OEA a sitiar diplomáticamente al régimen de Roberto Micheletti y a endosar el restablecimiento “inmediato y seguro” de Manuel Zelaya. Fueron actitudes rápidas para una organización a menudo criticada por su burocracia, lentitud e ineficiencia política. La sesión del viernes/sábado fue una oportunidad para que los cuadrados militantemente al lado del gobernante depuesto exhibiesen melodramáticamente sus coincidencias no sólo con Zelaya sino con el socialismo que preconiza Hugo Chávez. Faltaron las voces de cautela que generalmente provienen de Canadá, Brasil, naciones del Caribe, y hasta de México para preservar la no intervención, y la ausencia de la brújula de Estados Unidos. Enfrascado en establecer los límites de su relación con Rusia y caminando lentamente sobre un terreno que aún no le es familiar, Barack Obama parece no haber reparado todavía en la magnitud de la brasa que parece destinada a caerle sobre las manos.

La sesión de la OEA del viernes hasta el amanecer del sábado mostró la defensa emocionada de Cristina Kirchner a la voluntad de las urnas y al cierre de ojos para lo que ocurre después. Las encuestas y las calles no deben ser una excusa, dijo, para colocar en entredicho a los regímenes producto de elecciones. Bajo ese argumento, Collor de Melo no habría sido jamás juzgado por el congreso brasileño, mucho menos apartado del cargo, ni el propio Sánchez de Lozada habría tenido que renunciar. Habló de la noche negra de Videla, Pinochet y de otros. Y Lugo, de Paraguay, y Correa, de Ecuador, se explayaron en subrayar las bondades de la democracia y entusiastas aplaudieron a Kirchner, quien se curaba en salud tras la derrota sufrida en las elecciones parciales del domingo antepasado. Se notó la ausencia del presidente Morales y de su canciller.

Para hondureños, nicaraguenses y venezolanos, ya había un culpable: la CNN, el sistema televisivo estadounidense que ha estado transmitiendo día y noche los episodios de una de las peores crisis de América Central y del sistema interamericano. El presidente Daniel Ortega la acusó de conspirar porque ha incluido en sus programas la voz del gobierno de Micheletti y la de analistas que hablan de las irregularidades atribuidas al gobierno de Zelaya que llevaron a la crisis en curso. Y el de Venezuela fue más amplio. Colocó al Washington Post y al New York Times dentro de la que llamó “dictadura mediática”.

Sin que nadie se lo hubiese explícitamente propuesto, el ritmo veloz impreso a la resolución de la OEA para expulsar al régimen de Micheletti ha fortalecido el germen del debilitamiento de los regímenes populistas en el hemisferio. Pues ahora, por coherencia, no podrán pasar indiferentes ante la sala de la organización donde, en Washington, el alcalde Caracas Antonio Ledezma, cumple una huelga de hambre en protesta contra las que llama irregularidades del gobierno de Hugo Chávez para volver inoperante su gestión edilicia. ¿No les parece familiar este reclamo? ¿No lo hemos escuchado ya por estos lados? La organización tampoco podrá taparse los oídos ni cubrirse los ojos cuando escuche denuncias sobre irregularidades electorales, sobre persecución y encarcelamiento de opositores, sobre las acciones de jueces omnipotentes para favorecer a algún gobierno o algún funcionario.

Los militares hondureños dieron la oportunidad para que se forme un frente internacional rara vez visto en el planeta. Al eyectar de Honduras a Manuel Zelaya en pijamas despertaron en la región un instinto primordial de conservación, pues evocaron los años del plomo. Pero todo tiene anverso y reverso. Ahora hay reclamos en todo el hemisferio para ver no solamente el resultado que se quiere subsanar sino fundamentalmente escudriñar el conjunto de la crisis y apuntar con igual esmero a los factores que le dieron origen.

 

El Beni menos distante

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Una de las obras más esperadas por el noroeste boliviano, el asfaltado de una carretera de 90 kilómetros que une a Riberalta con Guayaramerín, podría estar concluída este año, informó El Mundo, de Santa Cruz, este sábado. El diario cita declaraciones del presidente Evo Morales al inaugurar en la víspera una pista asfaltada para el aeropuerto de Guayaramerín, o Puerto Sucre, en la frontera con Brasil (Guajaramirim es el nombre de la ciudad del otro lado de la frontera). La terminal aérea de esa importante localidad fronteriza podría también ser una obra a ser materializada a corto plazo.

El presidente dijo que inspeccionaría las obras del asfaltado de la carretera, mayormente transitable en época seca, pero casi intransitable durante la temporada de lluvias.

Esa vía es fundamental para el desarrollo de la Provincia Vaca Díez, y se inserta en el corredor interoceánico que algún día unirá por asfalto al puerto marítimo de Santos, en el estado de Sao Paulo, con Arica. En retrospectiva, es parte de los proyectos para integrar a esa región amazónica con las áreas más desarrolladas del país. Es sorprendente que, 40 años (sí, cuarenta años, dos generaciones) después de haber escrito en el diario Presencia sobre ese camino, que empezaba a ser una alternativa para el transporte entre dos importantes centros poblados, sólo ahora esté en marcha su asfaltado. Infelizmente, no he leído detalles sobre las características de la obra, costos, el ancho, su curso y los tramos que de allí deberán seguir para empalmarla con la red central de carreteras del país (espero, sin ironías, que no transcurran otros 40 años).

Puede ser alentador el que, según el presidente Morales, Brasil se hubiese comprometido a apoyar la construcción de carreteras de vertebración de la región amazónica en Bolivia. Con ese compromiso, Brasil sólo reitera su necesidad de contar con alternativas para llegar al Pacífico con su creciente producción agrícola y ganadera de los estados de Rondonia, del que es parte Guajaramirim, y Acre. Ese interés subraya la importancia de la obra y la intensidad de transporte que se puede esperar cuando se logre unirla con la red carretera boliviana que va al Pacífico.

Paraíso de tontos

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El comandante Hugo Chávez se ha “des-solidarizado” del presidente Evo Morales. Los presidentes venezolano y estadounidense acordaron hace unos días restablecer las relaciones diplomáticas bilaterales de una manera tan plena que los representantes serán los mismos que tenían antes de 10 de septiembre. Ese día del año pasado el presidente Evo Morales decidió expulsar al embajador Philip Goldberg, a quien acusaba reiteradamente de conspirar para derrocarlo. A las pocas horas, en un gesto sin precedentes en los anales diplomáticos, Chávez abrió el libro de expulsiones diplomáticas “por solidaridad” y envió a su casa al embajador Patrick Duddy. Y para que no exista duda alguna sobre el retorno de los mismos hombres que habían dejado la cancha con tarjeta roja, intercambiaron notas sobre la suprema decisión, readmitiéndolos.

Algo ocurrió para que el nuevo embajador venezolano no fuese Roy Chaderton, uno de los ases de la diplomacia de su país, como el mismo Chávez había anunciado. Es probable que al arriesgarse a lanzar un nombre y afirmar que despacharía a Washington a un conocedor de primera línea de las relaciones de su país con el principal socio comercial de Venezuela Chávez quisiese dar la impresión de que verdaderamente se registraba un cambio en los nexos bilaterales como él había querido. Obama debe haberle dicho: No, señor. Aquí no hay borrón y cuenta nueva. La cuenta sigue igual. De mi parte, vuelve el mismo diplomático.

Se supone, en esta especulación, que Chávez tuvo que tragar el sapo y, para salvar la cara, optó por hacer lo propio y designar a quien estuvo representándolo hasta antes del ping-pong de expulsiones, Bernardo Alvarez. Otras versiones dicen que la dudosa degustación fue el precio que pagó Chávez para que Obama no recibiese a Antonio Ledezma, el popular alcalde de Caracas a quien el líder venezolano procura eclipsar y que esos días estaba en Washington para ver al presidente estadounidense.

En el lado boliviano los pasos a seguir son una incógnita. ¿Será que Goldberg ya alista maletas de vuelta?

Uno desearía que hubiese una estrategia para una normalización con Washington, pero es probable que no la haya ni parece que la hubiese habido. Se creyó ingenuamente que los Estados Unidos acusarían un golpe severo cuando se les envió de vuelta a su embajador. La falta penosa de percepción de las proporciones del país hace creer a algunos que Bolivia puede jugar de igual a igual en ligas de primera división, en las que los rivales tienen recursos galácticamente superiores a los bolivianos. La experiencia está diciendo ha sido una terrible equivocación.

Los líderes bolivianos parecen en un tobogán del que no logran escapar, pues no alcanzan a comprender la magnitud de los riesgos que se ciernen sobre el país. Como Marcello Mastroiani en uno de sus últimos clásicos –”Tutti stanno bene”- se empeñan en decirse a sí mismos que todo está en orden: la economía está sólida; hemos hecho grandes negocios petroleros y la producción de gas está a punto de repuntar; somos el eje gasífero sudamericano; perder los beneficios del ATPDEA es irrelevante (había que optar entre El Alto y El Chapare y se optó por El Chapare); compraremos armas rusas; gobernaremos 500 años; la gente se estremece de felicidad; el cielo es el límite. Viven, como en un dicho inglés, “a fool’s Paradise” (un paraíso de tontos, o neo tontos, de acuerdo al léxico actual).

 

Cuesta arriba

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El tiempo trabaja a favor de Roberto Micheletti. Cada día que logra mantenerse, es un día contra Manuel Zelaya. La OEA empieza a reconocer esta realidad y a medida que los errores del mandatario depuesto empiezan a recorrer las redacciones de la TV, la radio y los diarios, la unanimidad de la condena empieza a ceder para dar paso a las reflexiones sobre cómo salir de la crisis con cierta ecuanimidad.

El movimiento rutinario en la capital hondureña parece inalterado y la gente acude normalmente a los centros comerciales, según los informes que llegan de Tegucigalpa.

El secretario General de la OEA, José Miguel Insulza, reconoció ayer, cuando se preparaba para viajar hoy a Tegucigalpa, que “es difícil cambiar las cosas en un par de días”. La frase de Insulza la registra El Universal, de Caracas, esta mañana y exhibe la de camisa de fuerza que se colocan las instituciones cuando presentan un ultimátum y carecen de fuerza para hacerlo cumplir. Recuerden los que las Naciones Unidas dieron cuando procuraban, en vano, la rendición de Saddam Hussein. Cada ultimátum iba acompañado de la noción de fuerza militar de los Estados Unidos. Saddam no cedió y ocurrió la invasión armada. La situación no guarda similitud con la que se presenta en Honduras, pues en Irak había una dictadura implacable. Pero uno se pregunta, ¿qué hará la OEA cuando, mañana sábado, transcurra el plazo de 72 horas que dio a los nuevos gobernantes hondureños para que restituyan en el poder a Zelaya? Ni remotamente se dibuja en el horizonte la posibilidad de una acción armada, tipo República Dominicana en la década de 1960. El presidente colombiano Alvaro Uribe ya alertó que debe respetarse la no intervención y su cancillería no estuvo muy a gusto con el ultimátum. Y Estados Unidos no luce dispuesto a endosar las acciones radicales que propone el presidente Hugo Chávez (“vamos a derrocarlo”).

Las vacilaciones están a la vista. Primero, Chávez se disponía a viajar del brazo con Zelaya para llevarlo a Honduras, con la escolta de Insulza. Después dio un paso atrás y decidió que no iría. Luego Zelaya aplazó también su anunciado retorno para cuando se cumpla el plazo de la OEA. No hay señales claras de que hoy se disponga a ir, pues Micheletti está firme con la idea de aprehenderlo y juzgarlo apenas ponga pie en Honduras. No se puede imaginar a Insulza reclamando la libertad de Zelaya ante la policía hondureña.

La otra cara de la medalla, la versión de los nuevos gobernantes de que “no hubo golpe de estado sino aplicación de la ley”, empieza a hacer impacto. Una posibilidad fuerte es que las elecciones presidenciales del 29 de noviembre sean anticipadas. El tema a discutir (o negociar) es quién las presidirá y quién entregará la banda presidencial. Tal vez ninguno de los dos, pues se habla también de la posibilidad de que los comicios no los presidida ni Micheletti ni Zelaya. Y casi ciertamente no se colocará la “cuarta urna” que pretendía Zelaya que abría la posibilidad de una constituyente que lleve a la reformulación de la Constitución y asentar el pie para romper las “cláusulas pétreas” que prohíben la reelección y castigan la intención de hacerlo.

De allí partió la crisis. La oposición a Zelaya dice que las papeletas fueron elaboradas en Venezuela. El gobernante depuesto lo niega y dice que era sólo una consulta, tipo encuesta. Pero la oposición, basada en el libreto parecido utilizado en Venezuela y en Bolivia, rechazó la iniciativa. Y la Corte Suprema de Justicia, una institución acosada en nuestras latitudes, la declaró ilegal. La justicia ordeno entonces aprehender a Zelaya. Los militares obedecieron diligentemente y convirtieron la orden en expulsión del gobernante a Costa Rica. Eso colmó la medida y la crisis creció a todo vapor.

Al inicio de sus gestiones, Insulza tuvo el primer traspie. El presidente de la Corte Suprema de Justicia, Jorge Rivera, le informó que la decisión de la justicia de Honduras era irreversible y detalló los delitos que supuestamente habría cometido el depuesto mandatario. Tras la reunión de Insulza con el juez era difícil sostener por entero la ilegitimidad de la salida de Zelaya. Pues parecía improbable que el Secretario General de la OEA pueda argumentar la ilegalidad del golpe si el defendido, ante los ojos de la justicia de su pais, cometió delitos una de cuyas penalidades es la separación del cargo. Para el juez no valió el ultimatum de la OEA ni la posibilidad, expresada por Insulza, de que Honduras resulte apartada de la organización hemisférica. La pelota parece estar ahora en el campo de la OEA.

Para los gobiernos tentados por el autoritarismo, este episodio lamentable es un campanazo de alerta.

La tranca hondureña

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 El periodista venezolano Roberto Giusti  trajo el lunes una visión de la crisis hondureña desde un ángulo crítico al presidente Hugo Chávez. Con el título de Gorilas en Honduras, lean  el análisis, publicado por el diario El Universal, de Caracas. Y en onda analitica similar

Petkoff

Entretanto, Teodoro Petkoff editorializó  así sobre la cuestión en Tal Cual, de Caracas:

Estando ya claro el repudio universal al golpe militar en Honduras, incluyendo el de este editorialista, vale la pena ahora echar un vistazo sobre algunos de los “árbitros” de la democracia en América Latina. En la reunión de la ALBA, en Managua, el democráticamente elegido presidente de Cuba, Raúl Castro, se permitió pedagogizarnos en la asignatura democrática.

El no menos democrático Daniel Ortega, quien viene de protagonizar un escandaloso fraude en las elecciones municipales de su país, también habló como si estuviera poseído por el espíritu de Thomas Jefferson.

La guinda de este torneo de hipocresía la puso, por supuesto, Hugo Chávez, cuyo gobierno, ha declarado, a través de esa jurista eminente, Doña Luisa Estella Morales, que las decisiones de la Corte Interamericana de Derechos Humanos no valen en Venezuela. O sea, la OEA sirve para unas cosas y para otras no.

En algún momento Chávez calificó públicamente a Insulza de “pendejo”.

Ese “pendejo” ahora es el gran garante de la democracia.

Chávez declara que está dispuesto a hacer valer, hasta con la guerra, los 999 mil votos que sacó Zelaya, hace tres años y pico, pero los 700 mil votos de Ledezma se los puede pasar por el forro con toda tranquilidad. Cualquier demócrata concuerda con que los votos de Zelaya no pueden ser pateados por la bota militar, pero ese mismo demócrata afirma que los de Ledezma, Pérez Vivas, Rosales, Pablo Pérez, Capriles Radonski (quien anteayer, mientras el Gran Demócrata se rasgaba las vestiduras en Managua en defensa de la democracia, fue atacado a palos y pedradas por los dulces y tolerantes muchachones del PSUV en la misa de San Pedro, en Guatire) tampoco pueden ser pateados por la misma bota que calza el comandante en jefe, militar reactivado por gracia de la reforma a la medida de la Ley Orgánica de la FAN.

Es el colmo del fariseísmo que este golpista que nos gobierna, quien protagonizó dos sangrientas tentativas sediciosas en 1992, por las cuales jamás se disculpó ante el país, pueda hablar, ante el mundo, como si jamás hubiera quebrado un plato. Dio a su intentona del 4F el carácter de fecha patria, celebrada con desfile militar y demás yerbas.

¿Con qué cara podría cuestionar que los golpistas de Honduras dieran ese mismo carácter a la fecha de su alzamiento? Verdaderamente, saca la piedra este torneo de fariseísmo protagonizado en Managua, por algunos de los asistentes a esa “misa negra”, entre ellos el Golpista Mayor. La única voz respetable y lúcida que se oyó en esa reunión fue la de Leonel Fernández, presidente de República Dominicana, quien repudió el golpe, citó a Rómulo Betancourt como uno de los padres de la democracia continental (cuya “Doctrina Betancourt”, de no aceptar dictaduras militares, está implícita en la Carta Democrática de la OEA y en el rechazo al golpe hondureño) y reivindicó los gobiernos civiles.

Entre los no tan tácitamente aludidos estaba uno que llegó de uniforme militar, el cubano (a quien no se le puede negar, en todo caso, que se lo ganó en combate contra una dictadura) y otro que no se lo quita ni para ir al baño, el venezolano, quien lo deshonró alzándose contra un gobierno tan democráticamente elegido como el de Zelaya.

Otra visión

COPE.es, un sitio español, publica una interesante opinión sobre el caso hondureño. Más interesante todavía es leer los comentarios que la publicación registra sobre el artículo. Leer aquí.