Día: julio 4, 2009

El Beni menos distante

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Una de las obras más esperadas por el noroeste boliviano, el asfaltado de una carretera de 90 kilómetros que une a Riberalta con Guayaramerín, podría estar concluída este año, informó El Mundo, de Santa Cruz, este sábado. El diario cita declaraciones del presidente Evo Morales al inaugurar en la víspera una pista asfaltada para el aeropuerto de Guayaramerín, o Puerto Sucre, en la frontera con Brasil (Guajaramirim es el nombre de la ciudad del otro lado de la frontera). La terminal aérea de esa importante localidad fronteriza podría también ser una obra a ser materializada a corto plazo.

El presidente dijo que inspeccionaría las obras del asfaltado de la carretera, mayormente transitable en época seca, pero casi intransitable durante la temporada de lluvias.

Esa vía es fundamental para el desarrollo de la Provincia Vaca Díez, y se inserta en el corredor interoceánico que algún día unirá por asfalto al puerto marítimo de Santos, en el estado de Sao Paulo, con Arica. En retrospectiva, es parte de los proyectos para integrar a esa región amazónica con las áreas más desarrolladas del país. Es sorprendente que, 40 años (sí, cuarenta años, dos generaciones) después de haber escrito en el diario Presencia sobre ese camino, que empezaba a ser una alternativa para el transporte entre dos importantes centros poblados, sólo ahora esté en marcha su asfaltado. Infelizmente, no he leído detalles sobre las características de la obra, costos, el ancho, su curso y los tramos que de allí deberán seguir para empalmarla con la red central de carreteras del país (espero, sin ironías, que no transcurran otros 40 años).

Puede ser alentador el que, según el presidente Morales, Brasil se hubiese comprometido a apoyar la construcción de carreteras de vertebración de la región amazónica en Bolivia. Con ese compromiso, Brasil sólo reitera su necesidad de contar con alternativas para llegar al Pacífico con su creciente producción agrícola y ganadera de los estados de Rondonia, del que es parte Guajaramirim, y Acre. Ese interés subraya la importancia de la obra y la intensidad de transporte que se puede esperar cuando se logre unirla con la red carretera boliviana que va al Pacífico.

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Paraíso de tontos

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El comandante Hugo Chávez se ha “des-solidarizado” del presidente Evo Morales. Los presidentes venezolano y estadounidense acordaron hace unos días restablecer las relaciones diplomáticas bilaterales de una manera tan plena que los representantes serán los mismos que tenían antes de 10 de septiembre. Ese día del año pasado el presidente Evo Morales decidió expulsar al embajador Philip Goldberg, a quien acusaba reiteradamente de conspirar para derrocarlo. A las pocas horas, en un gesto sin precedentes en los anales diplomáticos, Chávez abrió el libro de expulsiones diplomáticas “por solidaridad” y envió a su casa al embajador Patrick Duddy. Y para que no exista duda alguna sobre el retorno de los mismos hombres que habían dejado la cancha con tarjeta roja, intercambiaron notas sobre la suprema decisión, readmitiéndolos.

Algo ocurrió para que el nuevo embajador venezolano no fuese Roy Chaderton, uno de los ases de la diplomacia de su país, como el mismo Chávez había anunciado. Es probable que al arriesgarse a lanzar un nombre y afirmar que despacharía a Washington a un conocedor de primera línea de las relaciones de su país con el principal socio comercial de Venezuela Chávez quisiese dar la impresión de que verdaderamente se registraba un cambio en los nexos bilaterales como él había querido. Obama debe haberle dicho: No, señor. Aquí no hay borrón y cuenta nueva. La cuenta sigue igual. De mi parte, vuelve el mismo diplomático.

Se supone, en esta especulación, que Chávez tuvo que tragar el sapo y, para salvar la cara, optó por hacer lo propio y designar a quien estuvo representándolo hasta antes del ping-pong de expulsiones, Bernardo Alvarez. Otras versiones dicen que la dudosa degustación fue el precio que pagó Chávez para que Obama no recibiese a Antonio Ledezma, el popular alcalde de Caracas a quien el líder venezolano procura eclipsar y que esos días estaba en Washington para ver al presidente estadounidense.

En el lado boliviano los pasos a seguir son una incógnita. ¿Será que Goldberg ya alista maletas de vuelta?

Uno desearía que hubiese una estrategia para una normalización con Washington, pero es probable que no la haya ni parece que la hubiese habido. Se creyó ingenuamente que los Estados Unidos acusarían un golpe severo cuando se les envió de vuelta a su embajador. La falta penosa de percepción de las proporciones del país hace creer a algunos que Bolivia puede jugar de igual a igual en ligas de primera división, en las que los rivales tienen recursos galácticamente superiores a los bolivianos. La experiencia está diciendo ha sido una terrible equivocación.

Los líderes bolivianos parecen en un tobogán del que no logran escapar, pues no alcanzan a comprender la magnitud de los riesgos que se ciernen sobre el país. Como Marcello Mastroiani en uno de sus últimos clásicos –”Tutti stanno bene”- se empeñan en decirse a sí mismos que todo está en orden: la economía está sólida; hemos hecho grandes negocios petroleros y la producción de gas está a punto de repuntar; somos el eje gasífero sudamericano; perder los beneficios del ATPDEA es irrelevante (había que optar entre El Alto y El Chapare y se optó por El Chapare); compraremos armas rusas; gobernaremos 500 años; la gente se estremece de felicidad; el cielo es el límite. Viven, como en un dicho inglés, “a fool’s Paradise” (un paraíso de tontos, o neo tontos, de acuerdo al léxico actual).