Día: mayo 14, 2009

La lengua es el castigo del cuerpo – III

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Nota: El titulo de esta entrada deberia llevar el numero IV, pues es la cuarta referencia al adagio. Las anteriores ocurrieron el 01 de julio, el 06 de julio, el 29 de julio de 2008 y  y el 14 de mayo de 2009. Todas, excepto una, se referian a declaraciones del gobierno respecto a Peru. Si hubiera un proximo titulo similar, sera el # 5.

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Las relaciones entre Bolivia y Perú están en uno de los niveles más bajos de su historia. El presidente Evo Morales dijo el miércoles que su gobierno analiza “seriamente” las actitudes de su colega peruano Alan Garcia que “ponen en alto riesgo las relaciones diplomáticas con el gobierno y con el pueblo boliviano”. De sus palabras se desprende que Bolivia estaría rumbo a romper relaciones con el vecino que salió en su apoyo para enfrentar a Chile hasta las últimas consecuencias en la Guerra del Pacífico. Al enclaustramiento geográfico se agregaría un encierro diplomático parcial, con  sus costados occidental y noroccidental en entredicho.  Es legitimo preguntar: ¿Será que el peso de las consecuencias internas y externas de ese paso ha sido debidamente calibrado? Si la respuesta fuese negativa, salta de inmediato otra pregunta: Si algo tan delicado como  la política externa es manejado así, qué ocurre con otras decisiones y otras áreas?

El presidente Morales está indignado porque el gobierno peruano concedió asilo a tres ex ministros de su archi-enemigo Gonzalo Sánchez de Lozada. Dos de ellos están bajo protección del alto Comisionado de las Naciones Unidas para los Refugiados, condición que se otorga a quienes sufren persecuciones. Es una condición embarazosa para un gobierno que buscaba ser una referencia suma cum lauda en cuestión de derechos civiles y políticos.

En sus reproches al presidente peruano, el presidente Morales llamó “delincuentes” a Javier Torres Goitia, Mirtha Quevedo y Jorge Torres. Con ese calificativo dio pie a que Perú no dudase en calificarlos como perseguidos políticos. Por lo visto, el presidente Morales no entiende de normas diplomáticas e ignora las debilidades y fortalezas del país cuyo mando ejerce. Cobra validez un dicho de Rafael Caldera, ex presidente de Venezuela: La lengua es el castigo del cuerpo. O también aquello de que “lo que es igual no es trampa”. Pues en este caso, Perú estaría devolviendo al gobierno boliviano la misma moneda que antes recibió. En un caso reciente Bolivia rehusó extraditar a un ciudadano peruano.

La alarma ha cundido entre los exportadores, que el año pasado vendieron al mercado peruano productos por un valor de $US 263 millones, alrededor del 3% del total exportado por Bolivia. La suma es critica para Bolivia pues a ella van asociados decenas de miles de empleos. Volúmenes importantes también pasan por Perú rumbo a otros países. Alguien afín al gobierno dijo que una ruptura de relaciones “para preservar la dignidad boliviana” no tenía por qué afectar al comercio. Fue como decir: yo me divorcio, pero quiero seguir gozando de los beneficios del matrimonio.

La borrasca se compone estos días de otros elementos que la agravan. No sólo estamos camino a romper con el vecino históricamente más importante de Bolivia. El gobierno avanza por ese camino cuando el sistema legal está peligrosamente resquebrajado tras la suspensión del Presidente de la Corte Suprema de Justicia, la noche del miércoles, por la aplanadora del Movimiento al Socialismo (MAS). El oficialismo echó sobre el magistrado Eddy Fernández la culpa del asilo de los ex ministros de Sánchez de Lozada y de la protección que han recibido. Lo extraño es que Bolivia aún no ha presentado ninguna protesta formal. Hasta esta noche, no se sabía que hubiese redactado protesta escrita alguna. De ahí que el canciller peruano, José García Belaúnde, dijese que las expresiones del presidente Morales fueron “una reacción ante la masa y no fue una reacción que se espera de un Estado a otro Estado”. La declaración del canciller sólo deja internacionalmente mal parado al presidente Morales. Pues no es aleccionador que para hablar del presidente de un país vecino deba hacer un juego oblicuo y dirigirse “a la masa”.

Y un tercer elemento: La fotografía de Marcial Fabricano está en todo el mundo. La imagen de un indio con los lomos marcados por los azotes no entusiasma a ninguna ONG y es una interpelación a los defensores de los derechos humanos.