Día: abril 30, 2009

No era magnicidio sino prefecticidio

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El dirigente unionista Juan Carlos Gueder dijo este miércoles que efectivamente  había vendido, por US$1.000,  un arma a Eduardo Rozsa Flores, quien tenía, afirmó, la intención de matar al prefecto (gobernador) Rubén Costas. La declaración de Gueder deja trastabillando la tesis hasta ahora sostenida por el presidente Evo Morales y su gobierno: Que Rozsa Flores y el grupo de  cinco personas,  de las que tres murieron acribilladas, habían venido a Bolivia para matarlo.  

La afirmación, expresada ante los periodistas cuando Gueder salía de las oficinas del Fiscal ante quien prestó declaraciones, debe ser tomada como un elemento más en la lluvia de otras que han ocurrido desde el 16 de abril, cuando se produjo la balacera en el Hotel Las Américas. La primera pregunta que uno se hace es: ¿Cómo comprobar la veracidad de la afirmación? La respuesta viene sin ambages: No hay forma.  Rozsa Flores está muerto y sobre los muertos muchas cosas se pueden decir pues no hay posibilidad de negativa o de comentarios por parte del acusado. Debe agregarse un elemento no menos importante para medir el peso de  las declaraciones de Gueder:  habló en La Paz luego de viajar amordazado y con los ojos vendados durante casi un día entre la noche del martes y el miércoles al lado de quienes lo secuestraron en Santa Cruz. También fue secuestrado Alcides Mendoza Masaví, pero de él no se conocen declaraciones. El viaje  de  unas  20 horas fue en automóvil hasta La Paz por la carretera principal de Bolivia. No hay que asombrarse mucho por los secuestros ni porque los secuestrados emerjan en La Paz. Son algunas de los signos de la  justicia boliviana en los últimos tiempos. La Conferencia Episcopal Boliviana dijo que la forma en que se produjo la detención y el traslado eran «hechos que cuestionan las bases constitucionales del operativo policial y los derechos humanos reconocidos nacional e internacionalmente».

El epicentro de la declaración de Gueder: “Me retiré del programa de Eduardo Rozsa cuando me dijo, en una oportunidad,  que quería atentar contra la vida del gobernador Rubén Costas y del señor Ernesto Suárez (prefecto del Beni). Para Rozsa, el gobernador de santa cruz tenía más valor como mártir muerto porque no hacía nada por la causa de las autonomías”.

 Aún no se sabe si la declaración será  enviada  a la sede de la Alternativa Bolivariana de las Américas ( ALBA, conformada por  Venezuela, Cuba, Nicaragua y Bolivia)  para su registro.  También se desconoce si el ALBA  enmendará la declaración en la que protestaba por el plan que se atribuía a Rozsa Flores de matar al presidente Evo Morales. El presidente llegó a Caracas y a Cumaná con la noticia de que en Bolivia querían matarlo y que acababa de ser eliminado el grupo encargado del magnicidio. Resultado de la declaración del dirigente de la Unión Juvenil Cruceñista,  ahora el ALBA puede convertirse en escudo para los prefectos Costas y Suárez pues de otra forma la protesta anti-magnicidio sería discriminatoria.  (Es probable que el presidente Barack Obama siga mudo ante la queja de su colega boliviano porque no se había solidarizado con él la semana antepasada en Trinidad y Tobago.) Tampoco estaba claro si la cancillería enviará a los demás presidentes que asistieron a la cumbre de las Américas alguna rectificación,  pues el complot tenía por blanco no al presidente Morales sino a dos prefectos desafectos a él.