Día: abril 25, 2009

Raíces de la inestabilidad

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Cuando, al agotarse los regímenes militares, Bolivia volvía a la senda democrática, entrevisté a Víctor Paz Estenssoro junto con un colega de los Estados Unidos. Mi colega quería saber del ex presidente por qué Bolivia registraba tantos golpes de estado que la volvían una excepción mundial. En pocas palabras, nos dijo masticando la punta de su pipa, “porque la gente busca empleo”.

“Detrás de cada golpista”, elaboró un poco, “hay siempre una legión de gente que busca trabajo”.

Pienso en ese remoto episodio cuando observo cómo el Movimiento al Socialismo, al igual que sus predecesores en el gobierno, colmó la administración pública independientemente de la capacidad de los nuevos y antiguos funcionarios y ahora codicia empresas semi-públicas que no logra controlar.

Esta codicia expresa algo mucho más grave: la imposibilidad de Bolivia de dar empleo de calidad bien remunerado a tanta gente como la que lo necesita y, a la vez, sus limitaciones para formar profesionales de calidad.

¿Y por qué no hay empleo de calidad?

Por una parte porque no existen inversiones suficientes que generen empleo para una mano de obra relativamente sofisticada. Tampoco las hubo antes del gobierno de Morales. Aparte de las inversiones para el gas natural, no hubo otras (las inversiones ocasionales en la minería son una excepción). Bolivia ya debería tener plantas termoeléctricas y petroquímicas basadas en gas natural con capacidad de exportación. Pero sólo exporta  materia prima sin valor agregado.  No recibimos inversiones que traen tecnologías que se diseminan y generan nuevas industrias. ¿Cómo se forjaron Corea, Singapur, Taiwán, Hong Kong, Malasia? Y más cerca de nosotros, cómo se están forjando Chile y Perú, para no hablar de Brasil o de México? Con apoyo de inversiones privadas, pues los estados pobres no generan capital suficiente para inversiones productivas.

Por otra parte, porque, salvo honrosas excepciones, la formación de buenos profesionales es limitada, al igual que las inversiones en la educación. Es decir, una cosa condiciona la otra, como en un círculo vicioso. Un catedrático se quejaba del bajo nivel de sus estudiantes llegados de la secundaria. “Uno se halla en un mar de ineptitud”, me dijo. Si esa es la levadura, imaginemos cómo saldrá el pan.

Este es un nudo gordiano que Bolivia aún no consigue cortar. Las deficiencias en educación aparecen en toda la cadena de mando y de ejecución, de arriba abajo. Por eso las gestiones públicas de éste y de anteriores gobiernos han sido mediocres o pésimas, con las debidas excepciones en períodos lamentablemente efímeros. En la misma raíz pueden colocarse deficiencias de la élite, como creer que la inversión viene por magia, que bastan gestos supuestamente amistosos para estimularlas. Estamos viendo, dolorosamente, que el mundo real no es así.

En política exterior tenemos gaffes de antología. Como la foto que sustentaba el convencimiento de una conspiración y, al final, la expulsión de un embajador; o, más cerca, las amenazas contra los países que reclaman investigaciones serias sobre la muerte de sus ciudadanos acusados de terrorismo.  O, en otro campo, en las afirmaciones que hace poco sostenían que la economía de Bolivia estaba acorazada. Las deficiencias educativas suelen llevar a deficiencias éticas y de madurez que, a su vez, tienen como manifestación más dañina a la corrupción.  Todo lo dicho es apenas un bosquejo que merece mayor elaboración. En otra oportunidad y en otro momento.