Día: abril 14, 2009

Pérdidas y lucros

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El presidente Evo Morales no está más en huelga de hambre. Había asumido el ayuno desde el jueves y lo suspendió hoy a los cinco días, cuando el Congreso aprobó el “régimen electoral transitorio” que redujo a 74 los más de 80 artículos originales e introdujo modificaciones en 60 de ellos. Quedó en evidencia que muchos de los “no se puede” que dieron a Bolivia una Semana Santa tan tensa como aquella del 9 de abril de la revolución de 1952 sí “se podían”. El gobierno consolidó su propósito de realizar elecciones el 6 de diciembre, pero pagó un alto precio. Cedió en un nuevo padrón electoral que dificultará las tentativas de fraude y sacrificó ocho de los quince escaños legislativos asignados a los pueblos indígenas, número con el que éstos ya estaban disconformes, y los redujo a siete (ahora están “en emergencia”, que aquí significa prepararse para la ofensiva). En qué otros aspectos cedió aún está por verse, pues la tinta de los acuerdos está muy fresca para analizar su contenido. Queda para la memoria que ésta ha sido la primera vez en tres años que el presidente Morales debió recular. Qué ocurrió tras las bambalinas corresponde a los medios averiguar. Será interesante saber los entretelones de cómo un presidente que jamás en tres años dio el brazo a torcer, fue torcido por la oposición.

Me atrevo a sospechar que siquiera dos factores intervinieron: el entorno externo, no más ampliamente favorable al presidente, y el deterioro de la economía, que será puesta a prueba con las embestidas que se aproximan. Afuera, la tormenta económica arrecia. Aquí, aún no.

Y hubo un tercero que algunos percibieron: la fuerza argumental oficialista se debilitaba. La Corte Nacional Electoral tuvo que reconocer que sí podía empadronar de nuevo a todo el país, cuando durante meses afirmó que eso era uno de los imposibles que aumentaban la brecha entre el gobierno y sus oponentes. El propio presidente no tuvo más recurso que ayunar, pues el cerco sobre el Legislativo no se realizó (¿por qué), ni sus congresales renunciaron como habían amenazado (¿por qué no lo hicieron?) Cuando un barco está en dificultades, sus debilidades estructurales aparecen. Con el poder argumental del gobierno en bajada, el propio vicepresidente García Linera veía debilitarse su lógica persuasiva y pasó el sábado y el domingo convocando a la oposición. Se enojaba y amenazaba con juicios. Con sus armas en progresiva desactivación, el presidente dio el salto en el vacío de la huelga de hambre, un recurso extremadamente gastado en Bolivia. En un país donde naturalmente hay muchos que tienen hambre, el ayuno de un presidente no tiene gran asidero si no está precedido por un clima muy grande de aprobación. Evo Morales no es Ghandi ni Siles Zuazo. Sus razones llenas de petardos sobre la “derecha fascista” y los “oligarcas” fueron cada vez menos efectivas.

Con todo, la presencia de un indígena –o medio indígena- a la cabeza del gobierno, tiene una fuerza todavía ciclónica sobre las mayorías desplazadas de Bolivia. Cuánto durará esa fuerza tal vez dependa de la profundidad de la crisis económica. Precios del gas en picada, producción declinante, empresas en cierre, inmigrantes de vuelta, todo puede conformar una avalancha, peligrosa en momentos en que se ha cerrado las puertas principales de crédito. Está de espaldas a Estados Unidos e Israel que, aunque no lo crea, también es baluarte financiero internacional. También con ese país está en riña y, al romper relaciones hace unos meses, dijo que evaluaría la situación en Palestina para posibles medidas adicionales. En Bolivia, los últimos períodos de relativa calma han durado días. Veremos cuánto dura el que acaba de comenzar.