Día: marzo 29, 2009

Las semillas de un jesuita

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El nombre tal vez suene desconocido para algunos de esta generación: José Gramunt de Moragas. Es el Premio Nacional de la Prensa otorgado este año en reconocimiento a una carrera de toda la vida dedicada a hacer y enseñar periodismo y, de paso, procurar sembrar semillas morales y éticas. Junto a sus artículos diseminados por la prensa boliviana, José Gramunt, o “Pepe” como se le conoce coloquialmente, regaba esas semillas con el ejemplo de su vida austera signada por la rectitud.

Llegado de la España franquista en 1952, un año emblemático para Bolivia, Gramunt se hizo de muchos amigos –y probablemente también de enemigos- por su franqueza en decir lo que pensaba sin mayores matices. A él se le podía creer lo que decía, porque lo que expresaba en la radio, donde durante un corto período trabajé, correspondía exactamente a un pensamiento cristiano honesto. Sin izquierdas ni derechas. Eso vale aún ahora, 57 años después de haber anclado en Bolivia con los sueños de un joven sacerdote que venía a cumplir una misión evangelizadora. Desde su púlpito y desde sus columnas, al igual que desde su ANF (Agencia de Noticias Fides) fue leal a esa misión a lo largo de estas casi seis décadas.

El premio que le ha asignado la Asociación Nacional de la Prensa como Periodista del Año es un reconocimiento merecido a esa trayectoria. En realidad, ese reconocimiento ya se lo había ganado en dos generaciones de periodistas quienes, al abordar algún tema delicado, solían preguntarse: ¿Qué dice el “tata Gramunt”? Y volcaban presurosos los ojos hacia el comentario que había escrito.

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