Día: marzo 5, 2009

La periodista y el capataz

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Los malos ejemplos cunden. No han pasado tres meses del bochornoso espectáculo protagonizado por el Presidente de la República contra un periodista del diario La Prensa cuando aquí en Santa Cruz, el alcalde Percy Fernández exhibió una vez más su intemperancia y gritó e intentó desalojar a la fuerza a la periodista de la red televisiva Unitel, Marcia Cedeño, de su despacho. Al burgomaestre le pareció que la periodista ignoraba el tema central de una conferencia de prensa que ofrecía cuando, en tono muy profesional, le preguntó si el municipio iría a contratar más personal médico y paramédico para los hospitales cruceños, pues la epidemia de dengue que acosa a la región los había llevado al colapso.

El alcalde se alzó de su curul indignado y al cabo de pocos pasos y con la voz alzada increpaba a la periodista: “Yo no voy a decir nada porque los periodistas son sagrados. Acaba de decir el Alcalde lo que se va hacer, cuál es el tema y usted por qué lo hace, es más importante eso (la pregunta de la periodista) que la noticia que dije, venga a sentarse, yo no sirvo, vaya allá, vaya allá”, dijo a voz en cuello, ofreciendo a la periodista el asiento que él ocupaba en la reunión.

“Váyase, váyase”, so tal y cual dijo con de epítetos irreproducibles para este blog. La periodista le dijo serenamente si iba a responder a su pregunta. El alcalde replicó diciéndole que era una “malcriada” y “cara de dengue”. Luego hizo contorsiones burlescas con el rostro.

No se supo de inmediato cuál fue exactamente el motivo del exabrupto ni cuál la parte de la pregunta que hizo estallar su ira. Pero no es la primera vez que exhibe intemperancia. En cierto modo, su forma de ser, de buscar para situaciones difíciles un ángulo irónico, si bien a veces pesado más que liviano, es parte del folclore local. Sólo que esta vez se pasó ampliamente de los límites.

Creo que la ciudadanía no merecía el espectáculo. El alcalde perdió la compostura que debe a su autoridad y ha hecho que todas las instituciones periodísticas de Santa Cruz lo repudien. Su comportamiento prepotente era el del capataz descontrolado frente a un humilde peón.

He escuchado a la periodista declarar a la TV sobre la impotencia que sentía ante la actitud abrumadora del burgomaestre, y de los temores de su hijo menor de tres años que vio las escenas por televisión.

El Sindicato de Trabajadores de la Prensa ha entablado una acción ante el consejo de ética de la alcaldía. El memorial de la Federación de Periodistas Prensa de Santa Cruz incluye un pedido para que se realice un examen psíquico del alcalde. Es el paso adecuado. De allí puede salir un pedido público de disculpas del alcalde a la periodista (y a los periodistas) o una censura.

A propósito, circulaba hasta hace poco en la red una anécdota de los tiempos de Ronald Reagan y las dificultades que a menudo vuelven gloriosa la profesión de periodista. En una conferencia de prensa, el presidente norteamericano trataba de deslindar responsabilidades sobre la famosa conexión Irán-contras, una manera ilícita de conseguir dinero para financiar las actividades de la contra-revolución en Nicaragua. Un periodista no se contuvo y desde el fondo de la sala gritó: “Todo eso es mentira, se Presidente. Y Ud. lo sabe”. Reagan paró de hablar, miró al fondo de la sala, bajó la cabeza, se levantó y salió sin decir una palabra.

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De la victoria electoral al escándalo

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Una visión noticiosa

 

The Washington Post trajo el domingo una nota panorámica de los acontecimientos más recientes en Bolivia. Fechada en Río de Janeiro, con autoría de su corresponsal de asuntos exteriores, Joshua Partlow, y la cooperación de Andrés Schipani desde La Paz, la nota dice:

Hace justo un mes, el presidente boliviano Evo Morales se daba el lujo de hablar sobre temas elevados: Cómo la nueva constitución del país levantaría a las masas indígenas y traería igualdad al país andino al cabo de siglos de injusticia.

Pero las noticias de Bolivia han vuelto a colocar al país sobre la tierra con el presidente Morales sumido en un escándalo político que da miedo. Parece que por ahora sólo faltasen las cintas grabadas en este sórdido complot con ingredientes de asesinato, maletines de dinero, amigos y parientes de los poderosos, bandidos armados y la CIA.

El problema empezó el 27 de enero, exactamente dos días después de la aprobación de la nueva constitución, cuando el petrolero Jorge O’Connor iba a entregar $US450.000 en dos maletines a un apartamento en La Paz. Dos pistoleros lo emboscaron le dispararon y lo mataron.

Miembros de la oposición dijeron después que el dinero era un soborno a Santos Ramírez, el presidente de la empresa estatal YPFB. Ramírez había concedido un contrato de $US 86 millones a la empresa de O’Connor para construir una planta procesadora de gas natural. Ocurre que Ramírez, ex congresal con aspiraciones presidenciales, es un estrecho amigo de Morales, quien había sido su padrino de bodas.

Morales reaccionó con el despido de varios ejecutivos de YPFB y encarcelando a Ramírez, quien fue reemplazado en el mando de la empresa por Carlos Villegas, quien ha despedido a decenas de personas.

Algunos consideran que ésta fue una medida dura pero apropiada por parte de Morales, quien había jurado poner fin a la corrupción endémica de Bolivia. Pero otros dicen que el presidente utilizó el escándalo para apartar a un potencial rival político.

“No creo que sea ningún secreto que la corrupción en el gobierno boliviano no acabó cuando Evo Morales asumió la presidencia”, dijo Jim Schultz, quien dirige el Centro Democrático de Bolivia, un centro de estudios sobre cuestiones de la globalización. “El asunto es, cuán severo será Evo?”.

La prensa boliviana ha seguido los entretelones del caso, que un reportero describió como una novela de suspenso con tintes de realismo mágico. Algunos elementos de la trama: A poco de ser arrestado, Ramírez anunció por televisión que iba a divorciarse de su mujer, para sorpresa de ésta, pero luego se encontró en la cárcel bajo la mirada atenta de un coronel de policías que había sido marido de la mujer.

Después, la semana pasada, Morales dijo en un programa radial que se había “comprobado totalmente” que agentes de la CIA habían infiltrado la empresa petrolera y complotaban contra ella. Morales acusó al capitán de policías Abraham Rodrigo Carrasco Kreuzer de haber sido entrenado por la COA para infiltrar y sabotear la empresa y sugirió que Ramírez había caído en una trampa de Estados Unidos.

La embajada estadounidense negó la acusación. Morales ha acusado regularmente a agencias gubernamentales de Estados Unidos, desde la DEA al Cuerpo de Paz, de entrometerse en asuntos bolivianos.

El alegato contra la CIA ha llevado a algunos comentaristas a acusar a Morales de utilizar a los estadounidenses como cabeza de turco para los problemas bolivianos. La columnista Ximena Costa Benavides escribió en La Razón que si se esperaba que los bolivianos creyeran que uno o dos agentes de la CIA hubieran causado los problemas que han cundido en la empresa petrolera, eso significaría que “hay (allí) un enjambre de incompetentes e ignorantes que puede ser fácilmente manipulado por un policía que tomo un cursillo de unos cuantos meses”.

El Ministro del Interior Alfredo Rada intentó separar las dos cosas en una conferencia de prensa el viernes.

“Irresponsablemente, la oposición política en Bolivia ha dicho que este tipo de denuncias solamente tiene la intención de distraer la atención de los casos de corrupción en YPFB”, dijo, recordando a los periodistas que Ramírez estaba en la cárcel y que el caso de corrupción está bajo investigación. “Esos casos de espionaje, de inteligencia, de infiltración en una empresa estatal ha ocurrido en YPFB, y nosotros estamos investigando para ver en que otros niveles también está ocurriendo”.

La empresa petrolera, entretanto, vive una lucha. En medio de un clima legal incierto y de nacionalizaciones de empresas petroleras, las inversiones extranjeras en el sector petrolero se han desplomado. Las inversiones en la industria promediaban los $US800 millones anuales a fines de la década pasada, pero han caído a cerca de $US200 millones anuales en los tres años de Morales. Bolivia no ha logrado tampoco cumplir todos sus contratos de suministro de gas natural a países vecinos.

El director gerente de una empresa de energía que opera en Bolivia dijo que YPFB carece de capacidad técnica, las decisiones se han vuelto más políticas y el ambiente es demasiado incierto para invertir y realizar nuevas perforaciones. El escándalo ha golpeado aún más a la empresa: un plan para que el Banco Central desembolse $US1.000 millones “está parado completamente” hasta que concluya la investigación, dijo un funcionario del Ministerio de Hidrocarburos, quien hizo la declaración pidiendo el anonimato.

Carlos Alberto López, ex viceministro de Hidrocarburos, dijo que el escándalo evoca los mismos problemas que han acosado la vida política boliviana durante años.

“Bolivia confirma otra vez que los problemas de corrupción aún están allí”, dijo. “Este es un asesinato, es un caso que ha sacudido al país. Es como una telenovela”.