Día: febrero 15, 2009

Chávez gana con el 54,3%

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El presidente Hugo Chávez ganó este domingo el referendo constitucional con el 54,36% de votos, anunció el Consejo Nacional Electoral (CNE). Con esta votación, Chávez ganó la posibilidad de ser reelecto cuantas veces el pueblo venezolano se lo permita. Al comentar jubiloso su victoria ante miles de simpatizantes, Chávez anunció que ya es candidato a la reelección en 2013, cuando ocurrirá una nueva elección presidencial.

El periodo de gobierno presidencial en Venezuela es de seis años. Si llegase a ser reelecto y cumplir su hipotético mandato hasta 2019, ningún mandatario de la época moderna de Venezuela habría batido ese récord. La única excepción sería la del dictador Juan Vicente Gómez, que rigió Venezuela durante 27 años, de 1908 a 1935 y murió en el cargo.

El Consejo Nacional electoral otorgaba a Chávez hasta anoche, a las 2200 horas, 6.003.594 votos frente al 45,63% quienes estaban en contra de la reelección indefinida, es decir 5.040.082 votos. La diferencia era de poco menos de un millón de votos al ser contabilizado el 94,2% de todas las mesas. La diferencia de 826.250 votantes por ser escrutados en las mesas restantes no puede variar el resultado vencedor de Chávez.

Hubo casi dos millones de votos nulos (1.991.041). El Universal dijo en su página Web que la abstención relativa había sido de 32,95%.

Ante sus colaboradores, el ex coronel de paracaidistas se comprometió a llevar a Venezuela hasta el socialismo. No explicó en qué consistiría eso. Pero exigió mayor eficiencia a sus colaboradores y subrayó que una de sus primeras tareas será luchar contra la inseguridad que campea en las urbes venezolanas.

La oposición admitió la victoria de Chávez. Pero el ex alcalde Leopoldo López, del Partido Nuevo Tiempo, dijo que había ganado “Goliat, el estado venezolano, frente a David”. Dijo que el oficialismo había utilizado masivamente los recursos del estado. Y afirmó que con el resultado había sólo dos países en América Latina que tenían la reelección indefinida: Cuba y Venezuela. Pero esa reelección en Venezuela es para todos, no solamente para el presidente. Gobernadores y alcalde pueden beneficiarse de la norma.

Chávez recuperó la votación que había logrado cuando le eligieron en 2006 y la oposición pareció haber llegado al tope de sus posibilidades.

El triunfo de Chávez es un alivio para sus aliados en el continente, entre ellos Bolivia. El ex presidente Fidel Castro dijo horas antes que el plebiscito venezolano era vital para su país, que recibe unos 90.000 barriles diarios de Venezuela a precio preferencial, los refina y los vende y guarda la diferencia para Cuba.

Los analistas reconocieron que en el triunfo de Chávez tuvo mucho que ver la orientación de su gobierno a favor de los más necesitados. Venezuela, pese a haber recibido varias veces más dinero que el que recibió Europa destruida por la segunda guerra mundial no ha conseguido superar la condición de país subdesarrollado. Sus índices básicos de desarrollo urbano aún están detrás de varios países latinoamericanos. Chávez, al hablar ante sus entusiastas seguidores, prometió profundizar su trabajo a favor de los sectores menos favorecidos y reclamó competencia en la función pública.

La mayor interrogante es hasta dónde podrá marchar con los precios del petróleo en picada.

¿Y ahora?

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“Tal vez, al principio, habrá un régimen más justo. Pero nosotros sabemos que todos los hombres son débiles y que las tentaciones del poder son a menudo más fuertes que las de la carne”. Del Papa Francesco, en una obra de ficción del novelista estadounidense Walter F. Murphy (El Vicario de Cristo, 1979).

Cada día de la semana pasada estuvo cargado de nitroglicerina informativa. Muchos bolivianos han vivido pegados a la TV, las radios y medios escritos para enterarse de los detalles que surgían del mayor escándalo del régimen del presidente Evo Morales. El arresto y prisión de Santos Ramírez parecen los últimos clavos en el catafalco de la creencia, cada vez más disminuida, de que el actual gobierno, fundamentalmente por sus orígenes, sería inmune a la corrupción. La creencia de que un gobierno como el actual sería diferente y que con él acabarían la inmoralidad administrativa, las “comisiones” y el cínico surgimiento de ricos de la noche a la mañana, tan comunes en los años más recientes de este período democrático, fue el resorte que catapultó su victoria en 2005. Ramírez parecía inamovible. El propio presidente Morales rehusó, en principio, aceptar las acusaciones contra el dirigente que, dentro del MAS, sólo se ubicaba detrás de él. Pero las evidencias abrumadoras acabaron llevándolo a una decisión que resistía, pero que puede jugar también a su favor.

No existe todavía una cuantificación seria de las pérdidas sufridas por el país, pero nadie duda de que son millonarias. (Todo bajo un gobierno que juraba austeridad y fijó límites para que nadie dentro del estado ganase más que el presidente.) A eso se suma la denuncia sobre la aparición de otra empresa, SIPSA, creada durante la gestión de Ramírez, para servir a YPFB y que agregaría otros seis millones de dólares a las pérdidas del estado. Más grave todavía es el debilitamiento moral de la empresa, refundada con el propósito aparente de apuntalar la economía del país y su desarrollo. (Que ese propósito no hubiese sido tenido norte, incluso por la forma torpe en que se lo condujo -peleando con Petrobras, que debía ser socio permanente de Bolivia, cerrando mercados, ahuyentando inversiones y estancando la producción que la tiene en un callejón sin salida- es otra cosa). Uno pagaría para ver con qué cara YPFB buscará socios extranjeros.

Tampoco se puede cuantificar el daño en el partido de gobierno ni en el gobierno mismo. Pero es sonoro el rugir público por la decencia para llevar la onda anti-corrupción a todos los niveles.

Recuerdo que tras comenzar el gobierno de Lula, en Brasil, estalló un escándalo de proporciones, del que no se libró ni el Ministro Secretario de la Presidencia, Jose Dirceu, quien debió renunciar al cargo que ostentaba todopoderosamente. Le siguió el Tesorero del PT, quien había recibido dinero irregularmente para la campaña de Lula. No aguantó el peso de las evidencias y no sólo perdió el cargo. Fue expulsado del PT, al igual que media docena de otros dirigentes, incluso el propio presidente del partido, que había recibido como “obsequio” un jeep de lujo. Lula cumplió así a cabalidad su promesa de “cortar en la propia carne” para extirpar la corrupción. Fue una amputación masiva que ahora lo tiene con uno de los niveles más altos de aprobación del público brasileño a un presidente, a menos de dos años de dejar el cargo. ¿Será el presidente Morales capaz de llegar a algo semejante?