Día: febrero 8, 2009

Los avatares de Chávez

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Pasó inadvertido en Bolivia un aniversario significativo en la vida política sudamericana. El 4 de febrero se cumplieron 17 años de la insurrección fallida del Tcnl. Hugo Chávez contra Carlos Andres Pérez. Era la primera intentona militar contra la democracia que sólidamente habían construido Rómulo Betancourt, Rafael Caldera, Rómulo Gallegos, Aristides Calvani, Simón Alberto Consalvi y otros demócratas pura sangre para quienes la democracia genuina, con alternabilidad del poder, era un mandamiento. Esa democracia, que parecía ejemplar cuando los regímenes militares pululaban en la región, perduró imbatida por más de 30 años.

Pero la avalancha de petrodólares disparada por dos shocks petroleros –cuando los exportadores se sentían blindados- empantanó esa democracia en corrupción e ineficiencia. Las acusaciones de sobreprecios y sobornos eran plato diario para los venezolanos. En ese ambiente, surgió un grupo militar de mandos medios del que Chávez era uno de los cabecillas. Con una ideología difusa, el grupo proponía una nueva democracia y extirpar la corrupción. La hora del alzamiento llegó al rayar el 4 de febrero de 1992. Pronto los insurgentes habían tomado la mayoría de las plazas militares del país. La plaza decisiva –Caracas- había sido asignada al Tcnl. de paracaidistas Chávez. Y ¿saben dónde fue derrotada la insurrección? En Caracas. Chávez no logró lo que sus compañeros habían conseguido. Pérez se le escapó en las narices.

Gran parte de la guarnición caraqueña apoyó la institucionalidad que representaba Pérez, electo en comicios que, como en todos los de la democracia venezolana tras la caída de Marcos Pérez Jiménez (1958), parecían exentos de sospecha de fraudes. El joven comandante paracaidista acabó juzgado como manda la ley, sentenciado y encarcelado. Pero las ideas de extirpar la corrupción y la incapacidad administrativa, más visibles con la escasez de recursos que dejaba el fin de la bonanza petrolera, habían calado profundamente en los venezolanos. Acabaron eligiendo democráticamente a un Chávez ya indultado. Para muchos venezolanos fue como saltar de la sartén al fuego.

Con nuevos aluviones de petrodólares, Chávez se afirmó y logró aliados en el continente. Forjó alianzas con Irán y Rusia, apadrinó a Cuba y se peleó con el ex presidente George W. Bush. Pero su país aún está lejos de ser un país desarrollado.

Ahora se le presenta otra situación complicada. Cree -y tal vez con razón- que el destino político y económico de América del Sur yace en Mercosur (Argentina, Brasil, Paraguay y Uruguay). Ha conseguido ingresar al bloque comercial, pero para que ese ingreso sea efectivo se requiere la ratificación congresal de los socios. Resulta que una porción importante de legisladores brasileños teme que el ingreso de Venezuela con Chávez perturbe la unidad del grupo. El año pasado, dio un ultimátum para que sancionase el ingreso venezolano hasta septiembre o no se interesaría más en el grupo. En Brasil le contestaron: “Haga lo que quiera. A nosotros nadie nos presiona”.

No ha vuelto a hablar de plazos. Y ahora el senado brasileño acaba de elegir como su presidente a José Sarney, ex presidente de Brasil y social demócrata, reticente al ingreso de la Venezuela de Chávez.

Con el petróleo otra vez en picada, un nuevo referéndum sobre su ansiedad por ser reelecto, un gobierno en Estados Unidos no más dispuesto a aceptar desplantas y las puertas formales de Mercosur todavia cerradas, el horizonte de Chávez se cubre otra vez de nubarrones.

 

El litio de Uyuni vuelve a generar interés

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En la carrera para construir la nueva generación de automóviles eléctricos, un hecho surge ante los fabricantes y gobiernos que buscan disminuir la dependencia del petróleo importado: casi la mitad del litio mundial, el mineral necesario para propulsar los vehículos, se encuentra en Bolivia, dice un reportaje del New York Times. Este país puede no estar dispuesto a cederlo tan fácilmente. La crónica está fechada en Uyuni el 2 de febrero, y la firma el corresponsal del periódico para el sur y oeste de Sudamérica, Simón Romero. La ilustran dos fotografías con un paisaje totalmente desolado del lugar.

Firmas japonesas y europeas intentan llegar a acuerdos para explotar ese recurso, pero el sentimiento nacionalista está creciendo aceleradamente bajo el gobierno del presidente Evo Morales, un ferviente crítico de los Estados Unidos, que ya nacionalizó las industrias de gas y petróleo, dice el reportaje del diario neoyorquino,

Agrega: Por ahora, el gobierno habla de controlar el litio muy de cerca y de mantener al margen a los extranjeros. Además, los grupos indígenas en este remoto desierto de sal donde yace el mineral presionan por una porción de la riqueza.

Añade, citando a Francisco Quisbert, de 64 años: “Sabemos que Bolivia puede ser la Arabia Saudita del litio”, dijo el líder de Frutcas, un grupo de recolectores de sal y sembradores de quinua en las orillas del Salar de Uyuni, la mayor planicie salada del mundo. “Somos campesinos pobres, pero no estúpidos. El litio puede ser de Bolivia pero también es nuestra propiedad”.

La nueva Constitución que el Sr. Morales logró que los votantes aprobaran el mes pasado ha estimulado esas posiciones. Un artículo otorga a los indios control sobre los recursos naturales en sus territorios, reforzando su capacidad para lograr concesiones de las autoridades y de las compañías privadas, e incluso bloquear proyectos mineros.

Pero nada de esto disminuye los esfuerzos extranjeros, inclusive de los conglomerados japoneses Mitsubishi y Sumitomo y un grupo dirigido por el industrial francés Vincent Bolloré. En los últimos meses, los tres han enviado representantes a La Paz para reunirse con el gobierno del Sr. Morales en busca de acceso al litio, componente básico para las baterías que propulsan los automóviles y otros productos electrónicos.

“Hay lagos de sal en Chile y Argentina, y un depósito de litio prometedor en el Tibet, pero el premio está claramente en Bolivia”, dijo al diario neoyorquino en La Paz el ejecutivo de la Unidad de Metales de Mitsubishi, Oji Baba. “Si queremos ser una fuerza en la próxima onda de automóviles y de baterías que los propulsen, debemos estar aquí”.

Mitsubishi no es la única que proyecta automóviles basados en baterías de litio. Los vapuleados fabricantes de automóviles en los Estados Unidos apuntalan sus esperanzas en el litio, dice el diario. Uno de ellos es la General Motors, que planea lanzar en 2010 el Volt, vehículo con batería basada en litio y maquinaria a gas. Nissan, Ford y BMW, entre otras industrias, tienen proyectos similares, dice el diario.

La demanda de litio, utilizado hace mucho en pequeñas cantidades en medicinas estabilizadoras del ánimo y en armas termonucleares, ha crecido desde que los productores de BlackBerrys y otros instrumentos electrónicos empezaron a utilizarlo. Pero la industria automotriz tiene el mayor potencial para el litio, según los analistas, dice el diario neoyorquino. El litio permitiría que los automóviles eléctricos conserven más energía y corran más distancia, pues pesa menos que el níquel, también utilizado en las baterías, dice el reportaje.

Estimuladas por el interés de los gobiernos, incluso el de Barack Obama, en mejorar la eficiencia energética y reducir la dependencia del petróleo importado, las compañías privadas dirigen su atención a este desolado rincón de los andes, donde los indios de lengua Quechua subsisten de los restos de un antiguo mar interior, intercambiando la sal que transportan en caravanas de llamas

El servicio geológico de los Estados Unidos dice que, potencialmente, pueden extraerse 5,4 millones de toneladas de litio de Bolivia, cantidad superior a los 3 millones de Chile, 1,1 millón en China y apenas 410.000 en Estados Unidos, informa el reportaje. Estudios de geólogos independientes dicen que Bolivia puede tener aún más litio en Uyuni y sus otros desiertos de sal, si bien la altitud y la calidad de las reservas pueden dificultar el acceso al mineral, añade.

Mientras las estimaciones varían mucho, algunos geólogos dicen que los fabricantes de automóviles pueden tener en las reservas bolivianas materia prima para décadas.

Pero dentro de ese potencial, los extranjeros que procuran extraer las reservas bolivianas de litio, deben navegar a través de las políticas de Morales, 49, que ha coludido repetidamente con inversionistas americanos, europeos e incluso sudamericanos. Morales estremeció al vecino Brasil, con cuyo gobierno tiene relaciones amistosas, al nacionalizar los campos de gas natural en 2006 y procurar un fuerte incremento en los precios, recuerda el reportaje. Llevó a cabo su más reciente nacionalización antes que se votase por la nueva Constitución, enviando tropas para ocupar las operaciones de la gigante petrolera británica BP.

En las oficinas de Comibol, en La Paz, la visión de Morales de combinar el socialismo y defensa de los indígenas, es desplegada prominentemente. Ejemplares de Cambio, el nuevo diario gubernamental, están disponibles a la entrada de las oficinas, donde también están a la vista imágenes de Ché Guevara, muerto en Bolivia en 1967.

“El modelo imperialista anterior de explotación de nuestros recursos naturales nunca más será repetido en Bolivia”, dijo Saúl Villegas, jefe de una división de Comibol que supervisa la extracción de litio, cita el diario estadounidense.”Es posible que aceptemos a extranjeros como socios minoritarios o, mejor aún, como nuestros clientes”, relata el reportaje.