Día: febrero 1, 2009

Energía, la guerra no declarada

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“…dominaremos el sol y los vientos y los campos para mover nuestros autos y nuestras fábricas. Y transformaremos nuestras escuelas, colegios y universidades para enfrentar los desafíos de una nueva era…” (Presidente Barack Obama, 20 de enero 2009)

La frase no fue dicha para que se la lleve el viento. En 1980, el presidente Jimmy Carter, con los precios del petróleo en disparada, proclamó que el ahorro de energía era el “equivalente moral de la guerra”. Apagó las luces de la Casa Blanca.

Tres años más tarde, el petróleo crujía. La crisis de la deuda hacía quebrar a México y a Venezuela, que se creía invencible con sus reservas monetarias acumuladas durante la bonanza petrolera, le vinieron sin aviso y sin anestesia los años de las vacas flacas. El país que se creía que estaba encaminado –y contaba con las condiciones para eso- a ser una moderna nación industrial en América del Sur, pronto estaba con la mano extendida pidiendo una tregua a sus acreedores. Ya sabemos lo que pasó en Bolivia. Se desató un huracán y comprar un pasaje aéreo Caracas-La Paz-Caracas costaba más de un kilogramo de billetes apretados en fajos de cien. La paridad con el dólar llegó en poco tiempo a 2,8 millones de bolivianos a uno. Fue entonces que alguien dijo “la Patria se nos muere” y empezó a regir un nuevo modelo económico, que acabó con el estado dador de todo, frenó a la inflación, y el país, maltrecho pero de pie, empezó a caminar establemente. Floreció la agroindustria y vinieron inversiones para buscar gas, que permitieron los descubrimientos que después darían lugar al 1 de mayo de 2006.

La declaración de Obama es una señal muy clara por dónde avanza ahora el camino de la única superpotencia militar de la tierra: Depender de los recursos energéticos propios. El presidente Hugo Chávez ya pasó de una actitud semi-beligerante en los primeros días del triunfo de Obama a otra de cautela. Ha acostado la lengua temporalmente en el chinchorro (hamaca). Otros no, aunque es posible que pronto también tengan que colocarla en la payasa (colchón de paja).

Pero es evidente que en medio de la tormenta cuyos vientos ya rugen, yace también el petróleo, que al llegar a $147 el barril, encendió la mecha para el estallido del polvorín. Para Brasil fue una ratificación del empeño que había intensificado tras la ocupación de los campos que explotaba Petrobras en Bolivia. Norman Gall, del respetado Instituto de Economía Mundial Fernand Braudel, nos dice que Petrobras y sus socios planean invertir unos 600.000 millones de dólares (unas 30 veces el PIB boliviano de 2008) en las próximas dos o tres décadas para desarrollar sus nuevos campos de gas y petróleo descubiertos a 350 kilómetros mar adentro, en el mayor desafío de la industria petrolera mundial en sus 150 años de historia (www.braudel.org.br). Se calcula que ahí hay gas y petróleo suficientes para cubrir toda la demanda brasileña de 70 años. También Brasil quiere mover su industria sin los peligros de la energía importada. Todos estos esfuerzos contribuyen a la depresión de precios del petróleo que se advierte en los últimos meses.

Es una guerra por la independencia energética. Aquellos productores de materias primas que no aprovecharon la bonanza financiera de los últimos años y no diversificaron sus economías, tienen un espinoso futuro cuesta arriba.

Puede ser un buen comienzo

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La expulsión de Santos Ramírez como presidente de YPFB resulta de las evidencias abrumadoras que pesaban contra la ahora ex primera autoridad de la primera empresa del país. Antes de tomar la decisión, el presidente Evo Morales se reunió con su equipo de ministros con quienes evaluó el problema, que ciertamente tiene otros episodios y sub episodios que gran parte del país ignora. ¿Cuál fue la gota que colmó el vaso e hizo inevitable la decisión presidencial? Pues el presidente Morales ha siempre defendido a sangre y fuego a sus colaboradores.  Y Ramírez era  considerado como su “hermano”, además de ser el segundo hombre del MAS y parte del puñado de fundadores. Sólo horas antes de su destitución había dicho que contaba con la confianza del presidente. Ramírez es, además, senador con licencia, mientras ocupaba funciones ejecutivas.

En una democracia mejor estructurada, decir toda la verdad es una obligación que los dirigentes nacionales no pueden eludir. No es nuestro caso, infelizmente. Sólo como parte mínima del muestrario de interrogantes: ¿Quiénes iban a ser los directamente “beneficiados” con la supuesta coima de $US 450.000? ¿Quiénes fueron los intermediarios facilitadores de este escándalo? El propio Ramírez debe tener mucho para hablar. Finalmente, es difícil creer que hubiese actuado solo. El descubrimiento de este escándalo fue posible por la muerte a balazos del empresario involucrado, a las puertas del edificio donde viven parientes de Ramírez. ¿Fue éste un caso meramente accidental? ¿Qué otras irregularidades han surgido en YPFB que el gran público desconoce?

La del presidente Evo Morales es una medida correcta. Para que su gobierno resulte creíble sin reparos, debe ir mucho más allá. Para comenzar, las sospechas de envolvimiento que pesan sobre su mano derecha, el ministro Manuel Quintana, en el caso de los 33 camiones de Pando que aún está oscuro. La ineficiencia que ronda YPFB tiene a la población ante una frecuente escasez de combustibles. La cuestión de los tractores destinados al desarrollo agrícola y que debían beneficiar a pequeños productores. Los tractores son ahora fierro viejo. El tráfico de cocaína que involucró a parientes de una cercana colaboradora del presidente. En fin, hay muchas cosas en la agenda anticorrupción que el presidente Morales debe acometer. Podemos estar ante un buen comienzo.

Sobre el tema, me han hecho llegar el siguiente comentario de “El País”, de Madrid. (Inadvertidamente coloqué Tarija. Pido las debidas excusas.)

Editorial “El País”, de Madrid (01-02-09)

Evo, prisionero de si mismo

 ¿Alfiles y carceleros? El recambio en YPFB, provocado por las graves sospechas de corrupción en esa institución, ha desnudado la dramática soledad del presidente y el virtual cierre de un círculo político que controlaría sus decisiones. Claramente, el escándalo por el contrabando de 33 camiones (destapado por un funcionario de alta confianza del propio gobierno), que involucra a su ministro de la Presidencia, ex representante de RESDAL (Red de Seguridad y Defens de América Latina, financiada por el National Endowment for Democracy de Estados Unidos) y ex funcionario del Ministerio de Defensa en tiempo de Banzer, ha tenido un desenlace distinto del que afecta a Santos Ramírez, fundador del partido de gobierno y que pertenece a otra corriente politica interna del MAS-IPSP, pese a que en ambos casos los indicios son comprometedores.

Sin embargo, las sospechas de corrupción contra Quintana, que controla el aparato de inteligencia y seguridad del gobierno, afectan y manchan de forma diferente que las que pesan sobre la cabeza de Ramírez. Al confirmar al primero en su cargo y destituir al segundo, Morales parece entender que debe luchar de forma selectiva contra la corrupción. 

Pero lo anterior – que es un síntoma claro de la influencia de un grupo cada vez más poderoso que rodea al presidente – se ve agravado cuando en el recambio el presidente desnuda su dramática orfandad, al nombrar como presidente interino de la estatal a quien desde el Ministerio de Hidrocarburos se ha empeñado en postergar y dilatar cualquier iniciativa para avanzar en la industrialización del gas y en el incremento del consumo interno de este energético, posturas que sólo benefician a las petroleras extranjeras. 

La solución se torna peor que la enfermedad que intenta curar Morales. La “banda” delincuencial que actuó en la Tejada Sorzano no parece ser exactamente la misma que fue presentada por la Policía. Al menos uno de los detenidos denunció maltratos, torturas y abusos en su detención y afirma no tener nada que ver con el asunto. ¿Quienes proporcionaron información a la verdadera banda delincuencial para ejecutar el “operativo”? Los asaltantes y asesinos, según todos los síntomas, no actuaron solos, y los que andan presos no parecen ser todos los que debieran estar.

 YPFB, a la deriva, en manos de Villegas, el que, de acuerdo a Morales Olivera, supo y avaló los cambios de los Anexos D de los contratos petroleros de octubre de 2006. El Ministerio de Hidrocarburos, convertido en repartición marginal, está prácticamente descabezado, lo mismo que la Superintendencia del sector, uno de cuyos funcionarios estaría involucrado en el “operativo” asalto y asesinato que derivó en la destitución de Ramírez. ¡Que felicidad para Petrobras, Repsol YPF y las demás “socias pero no patronas”!

 Si a lo anterior le sumamos que el actual ministro de Defensa, Walker San Miguel, fue otrora representante de Petrobras en Bolivia y que Ashmore/Shell (Enron), estarían logrando ventajosos acuerdos con el Ministerio de Defensa Legal (Hector Arce, que trabajó con la asesoría del abogado Eric San Miguel, hermano del ministro de Defensa), como resultado de una “nacionalización respetuosa” (reducida a efectuar auditorías para ocultarlas)  como el propio presidente de la República ha afirmado, podemos tener completo el cuadro que revela quien realmente controla los hidrocarburos en Bolivia. A los patrones no les gustan las sociedades que quiere nuestro iluso presidente.

 La corrupción se está devorando al gobierno de Evo. No sólo la de 450 mil dólares (resulta hasta extraño que se haya descubierto esa presunta “coima” relacionada a la separadora de líquidos del gas que va al Brasil, precisamente). Es la multimillonaria corrupción, la que usa transferencias bancarias a bancos off-shore. La Unidad de Investigaciones Financieras de la Superintendencia de Bancos no tiene un lente que las alcance, además de estar controlada por el mismo entorno palaciego.

  

Otra vez Bolivia, una voz para reflexionar

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Eslizabeth Burgos, esposa de Regis Debray y pensadora de izquierda a quien no se le encontrarán credenciales de derecha y menos aún oligárquicas, ha escrito el siguiente articulo cuya lectura recomiendo a gobiernistas y no gobiernistas. Se lo encuentra en Analitica.

http://www.analitica.com/va/internacionales/opinion/2179859.asp