Día: diciembre 6, 2008

Paralelos

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El escándalo de los 33 camiones, de los cuales sólo 17 parecen tener reconocimiento en tanto que 16 serían fruto de la avaricia y picardía de contrabandistas, me recuerda los días en que, hace unos cuatro años, el Ministro de la Presidencia de Luiz Inacio Lula da Silva (primera semejanza con la Bolivia de estos días) saltó de la noche a la mañana al centro de un escándalo mayúsculo que sacudió los cimientos políticos de Brasil. Se lo acusó de dirigir un esquema de soborno en el congreso por el cual diputados de oposición recibían mensualidades y otras prebendas por debajo de la mesa para apoyar al gobierno (segunda semejanza: corrupción). Hasta ese momento, la sociedad brasileña vivía una luna de miel con Lula. (En el rastro del escándalo, el concejal alteño Roberto de La Cruz decretó el viernes el final de la luna de miel con el presidente Morales). El escándalo brasileño fue puesto a la luz por un diputado de la alianza del gobierno. Aquí estalló vía un elemento de confianza del partido de gobierno (tiene que haberlo sido para haber estado en el cargo de director nacional de aduanas), el general retirado César López, quien con pelos y señales ha denunciado que el Ministro de la Presidencia de Bolivia, Juan Ramón Quintana, dio luz verde a un convoy cargado de contrabando que, por todo lo que se ha dicho, beneficiaba a dirigentes del MAS en Pando. Los camiones llevaban un millón y medio de dólares en juguetes, electrodomésticos, televisores a plasma y otros artículos catalogados como de lujo.

Como Quintana, el ministro brasileño José Dirceu estaba en los oídos de Lula. Era su brazo derecho y su articulador político. Pero al pasar los días, Lula vio que algo más que Dirceu estaba en juego. Todo su gobierno peligraba. Aquí acaban las similitudes, pues el episodio que envuelve a Quintana, al prefecto de Pando Rafael Bandeira, a líderes pandinos del MAS y a camioneros aún está en desarrollo. Pero para acabar la historia de Dirceu, el todopoderoso ministro de la presidencia fue apartado del gobierno y el congreso le abrió un juicio de responsabilidades del que salió culpable y desvestido de sus prerrogativas políticas por ocho años. Fue el final de la carrera de uno de los que había ayudado a secuestrar un embajador de los Estados Unidos a fines de la década de 1960, y al retornar clandestinamente de Cuba a Brasil, con el rostro cambiado por una cirugía, había participado en la creación del Partido de los Trabajadores (PT).

Acá nadie ha necesitado reformarse el rostro. Todavía.

Pero hay que notar que Lula hizo cuanto tenía que hacer para evitar que el caso contaminase a todo el gobierno. Después de la de Dirceu, rodaron varias otras cabezas prominentes de su gobierno. Aquí la ciudadanía espera todavía un pronunciamiento del presidente Evo Morales. Hasta ahora lo que se ha visto y oído es el coro de los colegas del ministro Quintana, incluso el Vicepresidente Garcia, cerrando filas a su alrededor.

Hay datos oscuros en todo el “affaire”. Si el convoy de camiones fue interceptado y detenido por la fuerza militar el 26 de julio, ¿cómo así conductores y vehículos son liberados (o escaparon con la mayor tranquilidad de donde estaban) menos de un mes después de la captura? ¿A qué se debía la presencia asidua del Ministro Quintana en Riberalta y Cobija días y semanas antes del descubrimiento del escándalo? Es decir, ¿qué relación tenía su presencia en el lugar con el convoy del contrabando? En ese tiempo ¿se reunió con los individuos mencionados por los camioneros como los dirigentes del MAS que los contrataron? Y ¿qué relación tiene todo esto con los sucesos sangrientos que luego se precipitaron sobre Pando? Por último, uno de los camioneros citó el banco y el número de cuenta en la que habrían depositado parte de los impuestos correspondientes a la mercadería que contrabandeaban. ¿Existe esa cuenta? Y el banco, ¿qué relación tiene con el gobierno?

Cuando ocurrió el escándalo del congreso en Brasil, Lula prometió que castigaría a la corrupción así tuviese que hundir los cuchillos en su propia carne. Un delegado búlgaro que esos días asistía en Brasilia a un congreso mundial contra la corrupción, me dijo: “Tal vez tenga que hacer mucho más que hundir los cuchillos. Será doloroso”. Lula, líder instintivo y bien asesorado desde la izquierda y la derecha, actuó y logró capear la tormenta. Juzguen Uds. los paralelos.