Mes: noviembre 2008

De Condoleezza Rice

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“La innovación en América Latina que yo creo que ha pasado inadvertida fue (ocurrió) cuando el presidente (George W. Bush) fue a Brasil y dijo: “No necesitamos de ninguna sofisticación para probar nuestra amistad. La única pregunta es: ¿Gobiernas democráticamente, inviertes en la gente, combates la corrupción? Y así, entre nuestros mejores amigos en Latinoamérica están Colombia, en la derecha, y Brasil en la izquierda, Chile en la izquierda, Uruguay en la izquierda”.

(Tomado de la revista dominical de The New York Times, cuyo tema de portada esta semana es una amplia entrevista a la Secretaria de Estado saliente. Me pareció importante reproducir este concepto para quienes quieran  especular sobre cómo serán las relaciones entre el gobierno indigenista boliviano y la nueva administración en los Estados Unidos.)

Es la economía, y más que eso

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El aislamiento de Bolivia de la Comunidad Andina, sumado a la ruptura con Estados Unidos, las dificultades para cumplir los compromisos de venta de gas a Brasil y la relación cada vez más débil con la Unión Europea, sede de las ONGs con activa actuación Bolivia, refuerzan la impresión de que el verdadero desafío del gobierno indigenista boliviano son las relaciones exteriores y la gestión de la economía. En estos dos campos está la raíz de sus fracasos y, quizá, del cansancio que se le advierte. ¿Por qué fracasos? Porque ¿acaso no lo es la escasez de gasolina, de diesel y de gas para uso doméstico y vehicular?, ¿o la producción de gas estancada hace dos años en 41 millones de metros cúbicos que, aún raspando la olla, no dan para cumplir todas las obligaciones internacionales? Los hidrocarburos en manos del estado eran, supuestamente, la joya de la corona del gobierno de Evo Morales. Y lo que se ve es una conducción bisoña de la industria que debía apuntalar el crecimiento económico de Bolivia.

Tras la decisión de Ecuador de negociar unilateralmente con la UE, seguida de la de Perú y Colombia que habían optado por hacer lo mismo, el gobierno ha entrado a un ostracismo internacional. Las tensiones con Estados Unidos –también unilaterales, porque este es un tango que el gobierno baila solo- se han acentuado y ahora se propone expulsar a la CIA. O sea, hay que empezar a mirar debajo de los colchones y de las mesas, pues el verdadero espionaje es, por definición, clandestino. No creo que la paranoia con Estados Unidos contribuya a una relación normal con el Sr. Obama. Parece más una manera de ocultar los peligros que asoman en el horizonte.

El barco de la economía hace aguas por casi todos lados, pero muchos en el barco creen que es porque los pasajeros están festejando. La inflación anual está instalada en dos dígitos (más de 12%). Incluso las reservas monetarias, que el gobierno consideraba como una coraza protectora, empiezan a disminuir.

Durante los últimos dos años, en Potosí se vivió la ilusión de un retorno a los tiempos gloriosos de la minería que creaba fortunas. Ese sueño cayó a la lona en el segundo trimestre del año, cuando la burbuja exportadora reventó con la crisis económica mundial. Las cooperativas mineras han visto caer su producción de zinc y plata en un 60 por ciento entre enero y septiembre. Y en noviembre la caída podría sobrepasar el 75%, en un proceso que parece no tener piso. La revista bimensual “Nueva Crónica” que se publica en La Paz dice que en el 2006 trabajaban unas 15.000 personas en el cerro de Potosí. Hoy, sube al cerro rico menos de un tercio de ese total: sólo 4.400 personas. ¿Qué hace el resto? Buena pregunta para sociólogos y economistas. Otro dato de la revista: hasta hace poco había en la zona minera 43 plantas concentradoras que elevan la ley del mineral. Hasta fin de año podrían cerrarse 31. Todo esto en un país donde dos tercios de la población es pobre, y la mitad no consigue llevar a la boca una comida decente al día.

El crujir de la industria minera ha sido sofocado por la debacle de la hidrocarburífera: escasez generalizada de gas licuado, diesel, gasolina (que tendrá que ser importada de Chile, al que Carlos Mesa decía que no le vendería “ni una molécula de gas” y que ahora tiene en el gobierno del presidente Morales al vecino boliviano soñado desde la guerra del Pacífico).

En Bolivia, un conflicto acalla a otro. El escándalo del derrumbe de casas en Santa Cruz ha sido eclipsado por la magnitud de los negociados de tierras que venidos a la luz en medio de las ilusiones destruidas de cientos de personas humildes que soñaban con una vivienda propia. El país aguarda impaciente un esclarecimiento de los dos escándalos y castigos ejemplares para los responsables. De arriba para abajo.

Uno se esfuerza por ver la situación boliviana color rosa, pero los resultados no entusiasman. Este debía ser el gobierno soñado: buen administrador, honesto más allá de toda duda, incluyente, respetuoso de la ley y de la independencia de poderes, paradigma de respeto a los derechos humanos, sin represión ni violencia ni estado de sitio. En fin, muy diferente de los filibusteros que lo precedieron. Pero los sueños, sueños son.

 

Con las barbas en remojo

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Pocos días antes de las elecciones presidenciales del martes, algunas autoridades del gobierno decían, de una manera velada o abierta, que las relaciones de Bolivia con los Estados Unidos mejorarían con  un gobierno presidido por Barack Obama.  Obviamente, la posibilidad de un gobierno del candidato republicano John McCain les causaba escalofríos.

No leí ni escuché ningún comentario oficial norteamericano que avalase la idea de que el vencedor Obama adoptaría una actitud diferente respecto a Bolivia o Venezuela. La idea era, más bien,  un “wishful thinking”, un buen deseo desprovisto de evidencias.  Similar al que tenían el general Luis García Meza y su lugarteniente Luis Arce Gómez, cuando creían que el triunfo de Ronald Reagan sobre Jimmy Carter les favorecería. Pensaban, por ignorancia e ingenuidad, que ese “wishful thinking” sería válido porque el primero era un ferviente anticomunista y pasaría por alto los actos delictivos, especialmente  los relacionados con el narcotráfico, convertidos en rutina bajo el gobierno que asumió del mando de Bolivia con el cuartelazo del 17 de julio de 1980.

La realidad les mostró cuán equivocados habían estado.

Hace algunos días escuché en la TV de los Estados Unidos a un portavoz del Sr. Obama diciendo que un mejoramiento de las relaciones con Bolivia y Venezuela dependería de los actos de los dos gobiernos sudamericanos que más antagonizan con el gobierno saliente del presidente George W. Bush. Si los funcionarios del entorno inmediato del presidente Evo Morales estuviesen atentos a lo que dicen los medios influyentes de Estados Unidos, habrían mantenido la boca cerrada. Y habrían aconsejado al mandatario nacional a hacer lo propio.  

Dias antes, Hugo Chávez, de Venezuela, había ido más lejos. No sólo había afirmado prematuramente que Obama sería el próximo presidente. Llegó a decir que le gustaría conversar  con “el negro”. Quizá se dio cuenta de que sonaba despectivo y aclaró que negros e indoamericanos son la mayoría en el continente sudamericano.

Una nota de la Associated Press reproducida por Los Tiempos citaba el pasado fin de semana  el comentario a esa declaración expresado por un portavoz del equipo de campaña de Obama, Alejandro Miyar: “Hugo Chávez no gobierna democráticamente y las relaciones entre los dos países no mejorarán a menos que Venezuela respete la democracia y el imperio de la ley”.

Un consejo obvio a quienes corresponda:  Hay que aumentar el agua de las barbas en remojo. En el caso de Venezuela existe un matrimonio de conveniencia arropado en petróleo (temporalmente, porque Estados Unidos está en campaña para disminuir drásticamente sus compras de crudo importado) y en el de Bolivia está en curso un divorcio inconveniente (para una de las partes, Bolivia, que ni siquiera podrá exigir pensiones).

De Bolivia y Venezuela han sido expulsados los embajadores estadounidenses como en una competencia entre quién actúa de manera más espectacular. Bolivia envió de vuelta al embajador Philip Goldberg. En una rara solidaridad en los anales de la diplomacia, Venezuela no se quedó atrás y ordenó la salida del representante de Washington en Caracas, Patrick Duddy.

Hace unos días Bolivia tomó la delantera otra vez al suspender las operaciones de la DEA (Drug Enforcement Agency), la oficina anti-narcotráfico de los Estados Unidos. Sospecho que esta decisión, que el presidente Morales dijo que era enteramente suya, es un disparo en la propia pierna. A esa decisión se agrega la de una confiscación de los equipos con los que esa entidad trabajaba en Bolivia. Si hay alguien que todavia crea que eso ayudará a reencaminar las relaciones con Estados Unidos, que hunda sus barbas al remojo colectivo. 

El gobierno está, ahora más que nunca, obligado a actuar como la mujer de César. No sólo ser honesta sino parecerlo. Traducción: Hay que redoblar rápidamente los esfuerzos para combatir el narcotráfico y reducir los cocales mucho más allá de lo comprometido. Y en ese empeño es posible que socave gravemente el respaldo militante de algunas de sus columnas básicas de apoyo.

  

Mirar al lado

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Circula en la red, en lengua portuguesa, el eco de una polémica instalada en Brasil a raíz de los reclamos de Paraguay para mejorar los precios de la energía que vende a su vecino. El tema es vidrioso en Brasil, como se puede ver en la carta que un ciudadano llamado Otacilio M. Guimaraes, ha escrito a un senador defensor de nuevas políticas hacia Paraguay.

El senador es Cristovao Buarque, educador de avanzada que fue gobernador de Brasilia y ministro de Educación en el primer gobierno de Lula por un período muy corto. La carta es un compendio de la forma en  que un segmento numeroso de la sociedad brasileña ve la historia de su país respecto a Paraguay. Y de paso toca a Bolivia, en forma directa o por extrapolación.

Leamos la misiva (la traducción es del blog):

Carta de un ciudadano al senador Cristovao Buarque sobre las exigencias del presidente Lugo, de Paraguay. Señor senador: Usted afirmó en la tribuna del Senado Federal lo siguiente: “No podemos simplemente negar a Paraguay el derecho de pedir un reajuste. No podemos desdeñar a Paraguay. Incluso porque tenemos una deuda con este país vecino, ya que hace 138 años matamos 300.000 de sus ciudadanos (en la guerra del Paraguay). En proporción, sería como si matasen a nueve millones de brasileños, estimó Buarque. “Es muy extraño, senador, y causa preocupación escuchar tal afirmación en un senador de la república. Sorprende por dos motivos: a) Ud. no conoce la historia y está equivocado al afirmar que Brasil mató a 300.000 paraguayos; b) Ud. no conoce la historia y por consiguiente está mintiendo. Las dos hipótesis lo descalifican para ejercitar el alto cargo de senador. Cuando un senador se dirige a la nación desde la tribuna del Senado federal para afirmar una burrera de esa magnitud, francamente no tiene condiciones de estar donde está. Está trabajando contra el país, contra su pueblo, cuando su deber sagrado debería ser lo contrario. La guerra del Paraguay, de la cual Ud. Culpa a Brasil, incluso imputándole 300.000 muertes, fue provocada por el dictador Solano López, cuyas ambiciones expansionistas lo llevaron a invadir Argentina, que le había negado el uso de su territorio para llegar hasta Uruguaiana. Argentina entonces declaró guerra al Paraguay, dando lugar a un conflicto al que se unirían Brasil y Uruguay y que quedó conocido como la guerra de la Triple Alianza.

Paraguay contaba, en aquel momento, con un ejército de 77.000 hombres, mientras los efectivos brasileños no pasaban de 18.000, lo que obligó a Don Pedro II a organizar apresuradamente a las fuerzas brasileñas para enfrentar la agresión.

Sin entrar en detalles para no extenderme, quiero informarle que de los 300.000 muertos paraguayos que Ud. Imputa a Brasil, el hambre, el cólera y la malaria fueron responsables de un70%. En combates, Paraguay perdió la mitad de su ejército, en tanto que Brasil perdió 30.000. Y las bajas paraguayas ocurrieron por culpa de la estupidez del dictador Solano López, quien, instado a rendirse pues ya estaba derrotado, con Asunción invadida por las tropas brasileñas, llevó la guerra hasta las últimas consecuencias, conduciendo a lo que restaba de sus tropas, entonces ya compuestas de adolescentes y niños, a Cerro Corá, donde se dio la batalla final.

Solano López nunca aceptó negociar la paz y la guerra sólo acabó con su muerte. Brasil no conquistó territorios de Paraguay. Sólo reivindicó sus anteriores fronteras. El tratado de paz firmado el 9 de enero de 1872, estableció, entre otras cosas como la navegación libre por el rio Paraguay, una indemnización a a Brasil, perdonada en 1943 por el gobierno brasileño.

Se ve, por tanto, que el gran responsable por la masacre de su pueblo fue el propio dictador Solano López. Brasil solamente respondió a la altura de su responsabilidad a una agresión sin sentido. Siguiendo la lógica de su razonamiento, los aliados de la segunda guerra mundial deberían pagar una indemnización a Alemania por el hecho de que Hitler perdiera la guerra. Más aún, siguiendo la lógica de su razonamiento, las generaciones actuales deben pagar por los errores que tal vez cometieron sus gobernantes en las pasadas generaciones. Así, no me sorprendería si Ud. defendiera que las presentes y futuras generaciones de italianos continuasen pagando a los países conquistados por el imperio romano por la avidez de sus emperadores.

Pero como el propio presidente Lula ya declaró algunas veces que Brasil tiene una deuda con África en razón de la esclavitud, nada me sorprende. Sólo quiero declarar preventivamente que yo jamás tuve esclavo alguno, al igual que todo brasileño ahora viviente.

Despierte, senador! El pueblo brasileño actual, del pasado y del futuro, pagaron, están pagando y pagarán la enorme e incalculable cuenta que les fue colocada sobre los hombros por una pléyade de gobernantes irresponsables, corruptos, sin visión de futuro, incluso el actual. Y Ud. quiere aumentar aún más esa cuenta.

En cuanto a Itaipú, senador, fue el peor negocio del régimen militar. Es fácil de explicar.

El complejo de Itaipú fue costeado totalmente por Brasil. Paraguay no desembolsó un centavo. El acuerdo firmado dio a Paraguay el derecho a 50% de toda la energía generada por la presa. Como Paraguay no tiene capacidad para utilizar toda esa energía, el acuerdo establece que el resto será vendido a Brasil a precio de mercado, y no a precio de costo como dicen algunos izquierdópatas. Brasil cumplió rigurosamente su parte, pagando a Paraguay el excedente de esos 50% sin siquiera descontar los gastos de mantenimiento de la presa.

Le pregunto al senador: ¿quién hizo mejor negocio? ¿Y quién está todavía usufructuando de ese negocio chino? Ciertamente no nosotros.

Quizá Ud. encuentre más justo que Brasil entregue la presa a Paraguay con un besamanos y pase a comprarle la energía que necesita, a ejemplo de lo que Petrobras hizo con las dos refinerías de petróleo que ella instaló en Bolivia, todo en nombre de una ideología que une al actual gobierno brasileño a los hermanos andinos.

Conviene recordar, senador, que Itaipú costó 6.000 millones de dólares en la época de su construcción. Ese dinero fue tomado prestado en el exterior por Brasil, por el cual pagamos todavía hoy, pues compromisos como ese, sumados a los de la construcción de Brasilia, y otros que resultaron de la megalomanía de gobiernos pasados, dieron origen al endeudamiento monstruoso que hoy impide el desarrollo del país.

Conviene recordar también que, en caso que el gobierno resuelva atender la reivindicación del hermano, el precio de la energía, que en Brasil es más caro que el de la energía producida por plantas nucleares en todo el mundo, tendrá que ser reajustado y quien pagará la cuenta será el pueblo brasileño. A menos que Ud. y sus pares de izquierda resuelvan cubrir la cuenta, lo que estoy seguro que no le pasa por la cabeza.

Es fácil, senador, hacer proselitismo político demagógico con la billetera de los otros.

Conviene también recordar que el contribuyente brasileño, ya escaldado por la rapacidad fiscal, le paga a Ud. su salario y todos los beneficios para que defienda a Brasil, y no a estados extraños.

Dicho esto, quiero darle una sugerencia: Si Ud. quiere sinceramente hacerle un bien a Brasil y a su pueblo, renuncie a su mandato y retorne a su cátedra universitaria. Lamentándolo por sus alumnos.

Indignadamente, etc.