Brasil-Ecuador: Temperatura en alza

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La temperatura de las relaciones entre Brasil y Ecuador subió este viernes al rojo. El termómetro marcó más de 40 grados centígrados de fiebre, cuando la cancillería brasileña anunció que había decidido llamar de vuelta para consultas a su embajador en Quito. El generalmente calmado pero astuto canciller Celso Amorím dijo que Brasil está decidido a reconsiderar las relaciones entre los dos países como secuela del anuncio del presidente ecuatoriano Rafael Correa de no estar dispuesto a pagar un crédito de 320 millones de dólares facilitado por el Banco Nacional de Desarrollo Económico y Social (BNDES) para la construcción de una presa hidroeléctrica en Ecuador.

La poderosa empresa constructora brasileña firma Odebrecht fue expulsada de ese país hace algunas semanas debido a problemas en la estructura de la obra. A la expulsión se sumó otra decisión ecuatoriana: llevar el asunto a la corte Internacional de Arbitraje del Comercio Internacional para defender su posición de no pagar el préstamo.

El apagafuegos en las relaciones internacionales de Brasil, Marco Aurelio García, asesor del presidente Lula, dijo que la decisión ecuatoriana de recurrir a ese tribunal constituía “un error”. Tradicionalmente, Brasil es reacio a multilateralizar los problemas bilaterales. Considera que al recurrir a arbitrajes, quedan secuelas en la parte que pueda sentirse perdedora de un pleito y prefiere buscar soluciones bilaterales directas en que las dos partes se pongan de acuerdo.

La cancillería brasileña declaró escuetamente que veía “con grave preocupación” la decisión ecuatoriana de acudir a ese tribunal. La molestia brasileña se agravó por el anuncio público que hizo el gobierno ecuatoriano de la decisión de suspender los pagos de la deuda antes de haber entrado en conversaciones con Brasil. Es decir, Brasil se enteró por la prensa.

La disputa entre los dos países subraya las dificultades que empiezan a surgir entre países que se creía vinculados por algunas semejanzas ideológicas entre sus gobiernos. La realidad muestra que esas “vinculaciones” basadas en similitudes políticas se evaporan rápidamente. Como se atribuye al Primer Ministro inglés Benjamín Disraeli hace más de siglo y medio, “Inglaterra no tiene amigos. Tiene intereses”.

Brasil empieza a perder la paciencia con los vecinos inquietos. Otro motivo para poner las barbas en remojo.

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