Día: noviembre 19, 2008

Bolivia exporta su crisis, dice revista brasileña

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Veja informa que el ejército boliviano invade la frontera de Brasil buscando opositores al gobierno

En su número correspondiente al 16 de noviembre, Veja, la revista brasileña de mayor circulación, con cerca de un millón de ejemplares semanales, publicó un amplio informe sobre la situación de los refugiados bolivianos en ese país y la situación que vive Bolivia.

La nota, firmada por el periodista Otávio Cabral, y fechada en Cobija, dice que “el gimnasio de Brasileia (frente a Cobija), ciudad de 20.000 habitantes en el interior de Acre, se ha transformado en el escenario más visible de una crisis política y humanitaria que puede colocar en jaque las relaciones diplomáticas entre Brasil y Bolivia”.

Enseguida ofrece el siguiente reportaje (traducción del blog): “Acampados bajo toldos provisorios, allí están 120 de los más de 1.000 bolivianos que huyeron hacia Brasil tras agravarse la disputa entre los partidarios del Presidente Evo Morales y la oposición en el departamento de Pando, el más pobre de ese país. El 11 de septiembre, un enfrentamiento entre los dos grupos resultó en dieciocho muertos, setenta heridos y cincuenta desaparecidos, y dio inicio a un intenso flujo de fugas a través de la frontera. Brasil es el destino de centenares de refugiados de la guerrilla colombiana, entre ex integrantes de las FARC, ex milicianos y  trabajadores que escapan de la violencia. Esa inmigración clandestina no ha producido hasta ahora un problema político más grave entre Brasilia y los gobiernos vecinos. Pero en el caso de los bolivianos la llegada de los fugitivos ha provocado la emisión de alertas sucesivas por parte del Ejército, la Policía Federal y la Agencia Brasileña de Inteligencia sobre un probable incidente diplomático que puede estallar en cualquier momento. Cuando menos en dos ocasiones, agentes del gobierno del presidente Evo Morales invadieron territorio brasileño para intentar aprehender a opositores que cruzaron la frontera”.

Luego describe la siguiente cronología:

“El primer incidente ocurrió hace un mes, cuando agentes de la Policía Federal sorprendieron a cuatro bolivianos vestidos de paisanos circulando por las calles de Brasileia en una camioneta. Al ser abordados, se identificaron como miembros del ejército boliviano, pero dijeron que estaban de vacaciones en Brasil. Dos semanas después, otros dos militares fueron vistos rondando el gimnasio de la ciudad y fotografiando a algunos refugiados. Abordados por la policía, también se hicieron los desentendidos. Los servicios de inteligencia de La PF y del ejército, sin embargo, descubrieron que los seis militares estaban en misión oficial. Intentaban localizar en la ciudad a los dirigentes del movimiento de resistencia de la región de Pando, que, de acuerdo con las investigaciones, realmente cruzaron la frontera, pero están escondidos en regiones próximas. Para evitar un incidente mayor, el gobierno brasileño decidió devolver a los militares a Bolivia, advirtiendo que no iría a tolerar nuevas invasiones. “Brasil no va a admitir violaciones de su soberanía en sus fronteras”, afirma Luiz Paulo Barreto, Secretario Ejecutivo del Ministerio de Justicia y Presidente del Comité Nacional de Refugiados (Conare). “Recibimos y protegemos a los bolivianos, pero no vamos a importar la crisis del vecino”.

Después viene un anuncio:

“El Ministerio de Defensa estudia realizar maniobras militares en la región. El ejército ya envió 300 hombres y dos helicópteros a Epitaciolandia, ciudad próxima a Brasileia. Los dos municipios quedan a 100 metros de Cobija, la capital de Pando, y están separados del vecino país por dos puentes. La PF reforzó la frontera con diez miembros de  inteligencia. El puente entre Brasileia y Cobija fue cerrado a los vehículos de Brasil para aumentar el control sobre los bolivianos que ingresan al país. Para intentar serenar los ánimos, el Ministro de Defensa de Bolivia, Walker San Miguel, estuvo dos veces en Brasil y escuchó reclamaciones formales sobre la actuación de sus militares. La semana pasada, el asunto fue discutido en una audiencia entre Alfredo Rada, Ministro del Interior de Bolivia, y Tarso Genro, Ministro de Justicia de Brasil. Rada llevó consigo una serie de advertencias a Evo Morales. Aun cuando resulte simpático al gobierno Bolivia, Brasil advirtió que tendrá que tomar una actitud drástica si los militares vecinos continúan patrocinando acciones clandestinas en territorio brasileño.”

El reportaje continúa con la siguiente reseña:

La revolución bolivariana conducida por Evo Morales e inspirada en el presidente de Venezuela, Hugo Chávez, dividió al país entre “collas”, indígenas y mestizos que apoyan a Morales, y los “cambas”, blancos de oposición que luchan por la autonomía administrativa y presupuestaria de los departamentos equivalentes a los estados brasileños. En agosto, la división fue agravada por un referendo que decidió  mantener el mandato de Morales y de los gobernadores. Tanto el presidente como los opositores consiguieron retener el cargo. Los collas de Pando, sin embargo, no se conformaron con la victoria del rival Leopoldo Fernández. A comienzos de septiembre, tres columnas de campesinos, financiadas con dinero del estado, salieron del interior de Pando rumbo a Cobija para destituir a Fernández. El gobernador supo del plan y ordenó que funcionarios cambas utilizasen vehículos públicos para excavar trincharas e impedir el paso de los rivales. Los dos grupos se encontraron en una plaza en Porvenir. Un ingeniero de pando, Pedro Oshiro, murió  con un disparo en la cabeza cuando intentaba mediar. Los autonomistas de Fernández reaccionaron e iniciaron el tiroteo. Tras una hora de combate, dieciseis campesinos vinculados a Morales y dos autonomistas que apoyaban a Fernández estaban muertos.

La llegada de los bolivianos a Acre representa el mayor flujo de desplazados políticos de la historia de Brasil, según el Alto Comisionado de las Naciones Unidas para los Refugiados (Acnur). Sólo el día 15 de septiembre, cuando el ejército salió a las calles, 400 bolivianos atravesaron el puente Wilson Pinheiro, inaugurado por Lula en 2004, y llegaron a Brasleia, donde pasaron la noche a la intemperie en la plaza central de la ciudad. En los días siguientes, más de 600 bolivianos llegaron a Brasil, a través de los puentes y atravesando a nado  el rio Acre o caminando por la floresta. Hoy, el mayor número de refugiados se encuentra en el gimnasio deportivo. El resto está en hoteles, posadas, casas de amigos y sedes sindicales.”

El reportaje dice que los refugiados reciben alimentación y asistencia médica del gobierno del Acre y que están protegidos por el ejército vecino. Transcurren las jornadas pegados a sus radios y televisores en busca de noticias, especialmente las relacionadas con Leopoldo Fernández. Todos reciben alimento y asistencia médica del gobierno del Acre y están protegidos  por el ejército brasileño. Los cambas transcurren el día con sus radios y aparatos de TV sintonizados en busca de noticias, especialmente sobre la situación de Leopoldo Fernández, que continúa preso en La Paz, pese al habeas corpus dispuesto en su favor por la justicia.

El reportaje también informa que hay dos grupos opositores en Brasileia y Epitaciolandia.

Luego detalla: “En los hoteles, casas alquiladas y viviendas familiares están los profesionales directamente ligados a Fernández. Son del principal partido opositor a Morales. Cita el caso de Carlos Suárez, amigo de Fernández desde la infancia, quien cerró su oficina en Cobija y cruzó el puente. Se hospedó en el mejor hotel de la región. “Si yo cruzase ahora la frontera, en pleno estado de sitio, me apresan. Tenemos que esperar que el ejército se retire de las calles y que Leopoldo salga de la cárcel para reorganizar la oposición al dictador cocalero”, dice Suárez en la terraza del hotel, con diarios y revistas bolivianas sobre las piernas. Ese grupo, según informaciones de la policía federal, estaría utilizando haciendas en territorio brasileño para organizar la resistencia, lo que también es ilegal. Incluso, la policía investiga una tienda que estaría enviando armas bolivianas a Brasil. La información fue dada al ministro Rada para que Bolivia tome providencias.”

“La principal dirigente del grupo es Ana Melena de Suzuki, presidenta del Comité Cívico de Pando. Acusada formalmente por la policía boliviana como responsable de la masacre, ella también fugó a Brasileia. Aun en territorio brasileño, fue perseguida por agentes bolivianos y pidió auxilio de la PF, que la trasladó lejos de la frontera. Buena parte de los líderes autonomistas ha solicitado refugio político en Brasil. Temen ser perseguidos y presos por la masacre si volviesen a Bolivia. El periodista Jairo Vallejos, 24 años, por ejemplo, filmó un tiroteo entre autonomistas y militares en el aeropuerto de Cobija al día siguiente de la masacre. Perseguido, fugó a Brasil con su mujer embarazada de nueve meses, y tuvo a su primera hija en un hospital de Brasileia. Según Conare, 46 bolivianos habían pedido refugio la semana pasada. De acuerdo al representante de Acnur en Brasil, Javier López-Cifuentes, los refugiados son, en general, campesinos pobres, habitantes de la periferia urbana. “Aquí son personas de clase media, con un grado social mayor”, afirma Cifuentes.”

“Conare debe decidir sobre los pedidos de refugio cuando la situación en Bolivia se normalice. El gobierno brasileño considera que con el fin del estado de sitio, una buena parte de los bolivianos volverá a su país. En principio, el estado de sitio durará hasta el 12 de diciembre, pudiendo ser prorrogado por otros noventa días. Evo Morales, sin embargo, ha tenido declaraciones contradictorias. El lunes pasado, dijo que apoyaba la prórroga. Tres días después prometió levantar el estado de excepción.  Como se ve, es difícil prever lo que ocurrirá en Bolivia. Creyendo que la situación estaba más calmada, un grupo de asilados intentó regresar la semana pasada. Cinco de ellos fueron presos por el ejército y trasladados a La Paz. Con miedo, una nueva ola de bolivianos cruzó la frontera. Sólo la pasada semana, veinte se registraron en la Defensa Civil del Acre en busca de protección. La oposición fuga e intenta organizar la resistencia en Brasil. Los aliados de Evo se arman para sofocar a los opositores. La crisis no da señales de acabar. En las puertas de su negocio de bebidas y comidas importadas, en Cobija, huérfana de los turistas brasileños que se apartaron de la crisis boliviana, el comerciante Angel Mena se lamenta. “Los dos lados se excedieron. No hay inocentes en esta historia. Ahora nadie saber qué hacer para arreglar esta situación”. Mucho menos Evo Morales, el hombre que dividió a Bolivia y exportó su crisis.”