Día: noviembre 16, 2008

De Condoleezza Rice

Posted on Actualizado enn

“La innovación en América Latina que yo creo que ha pasado inadvertida fue (ocurrió) cuando el presidente (George W. Bush) fue a Brasil y dijo: “No necesitamos de ninguna sofisticación para probar nuestra amistad. La única pregunta es: ¿Gobiernas democráticamente, inviertes en la gente, combates la corrupción? Y así, entre nuestros mejores amigos en Latinoamérica están Colombia, en la derecha, y Brasil en la izquierda, Chile en la izquierda, Uruguay en la izquierda”.

(Tomado de la revista dominical de The New York Times, cuyo tema de portada esta semana es una amplia entrevista a la Secretaria de Estado saliente. Me pareció importante reproducir este concepto para quienes quieran  especular sobre cómo serán las relaciones entre el gobierno indigenista boliviano y la nueva administración en los Estados Unidos.)

Es la economía, y más que eso

Posted on Actualizado enn

El aislamiento de Bolivia de la Comunidad Andina, sumado a la ruptura con Estados Unidos, las dificultades para cumplir los compromisos de venta de gas a Brasil y la relación cada vez más débil con la Unión Europea, sede de las ONGs con activa actuación Bolivia, refuerzan la impresión de que el verdadero desafío del gobierno indigenista boliviano son las relaciones exteriores y la gestión de la economía. En estos dos campos está la raíz de sus fracasos y, quizá, del cansancio que se le advierte. ¿Por qué fracasos? Porque ¿acaso no lo es la escasez de gasolina, de diesel y de gas para uso doméstico y vehicular?, ¿o la producción de gas estancada hace dos años en 41 millones de metros cúbicos que, aún raspando la olla, no dan para cumplir todas las obligaciones internacionales? Los hidrocarburos en manos del estado eran, supuestamente, la joya de la corona del gobierno de Evo Morales. Y lo que se ve es una conducción bisoña de la industria que debía apuntalar el crecimiento económico de Bolivia.

Tras la decisión de Ecuador de negociar unilateralmente con la UE, seguida de la de Perú y Colombia que habían optado por hacer lo mismo, el gobierno ha entrado a un ostracismo internacional. Las tensiones con Estados Unidos –también unilaterales, porque este es un tango que el gobierno baila solo- se han acentuado y ahora se propone expulsar a la CIA. O sea, hay que empezar a mirar debajo de los colchones y de las mesas, pues el verdadero espionaje es, por definición, clandestino. No creo que la paranoia con Estados Unidos contribuya a una relación normal con el Sr. Obama. Parece más una manera de ocultar los peligros que asoman en el horizonte.

El barco de la economía hace aguas por casi todos lados, pero muchos en el barco creen que es porque los pasajeros están festejando. La inflación anual está instalada en dos dígitos (más de 12%). Incluso las reservas monetarias, que el gobierno consideraba como una coraza protectora, empiezan a disminuir.

Durante los últimos dos años, en Potosí se vivió la ilusión de un retorno a los tiempos gloriosos de la minería que creaba fortunas. Ese sueño cayó a la lona en el segundo trimestre del año, cuando la burbuja exportadora reventó con la crisis económica mundial. Las cooperativas mineras han visto caer su producción de zinc y plata en un 60 por ciento entre enero y septiembre. Y en noviembre la caída podría sobrepasar el 75%, en un proceso que parece no tener piso. La revista bimensual “Nueva Crónica” que se publica en La Paz dice que en el 2006 trabajaban unas 15.000 personas en el cerro de Potosí. Hoy, sube al cerro rico menos de un tercio de ese total: sólo 4.400 personas. ¿Qué hace el resto? Buena pregunta para sociólogos y economistas. Otro dato de la revista: hasta hace poco había en la zona minera 43 plantas concentradoras que elevan la ley del mineral. Hasta fin de año podrían cerrarse 31. Todo esto en un país donde dos tercios de la población es pobre, y la mitad no consigue llevar a la boca una comida decente al día.

El crujir de la industria minera ha sido sofocado por la debacle de la hidrocarburífera: escasez generalizada de gas licuado, diesel, gasolina (que tendrá que ser importada de Chile, al que Carlos Mesa decía que no le vendería “ni una molécula de gas” y que ahora tiene en el gobierno del presidente Morales al vecino boliviano soñado desde la guerra del Pacífico).

En Bolivia, un conflicto acalla a otro. El escándalo del derrumbe de casas en Santa Cruz ha sido eclipsado por la magnitud de los negociados de tierras que venidos a la luz en medio de las ilusiones destruidas de cientos de personas humildes que soñaban con una vivienda propia. El país aguarda impaciente un esclarecimiento de los dos escándalos y castigos ejemplares para los responsables. De arriba para abajo.

Uno se esfuerza por ver la situación boliviana color rosa, pero los resultados no entusiasman. Este debía ser el gobierno soñado: buen administrador, honesto más allá de toda duda, incluyente, respetuoso de la ley y de la independencia de poderes, paradigma de respeto a los derechos humanos, sin represión ni violencia ni estado de sitio. En fin, muy diferente de los filibusteros que lo precedieron. Pero los sueños, sueños son.