Día: noviembre 4, 2008

Con las barbas en remojo

Posted on Actualizado enn

 

Pocos días antes de las elecciones presidenciales del martes, algunas autoridades del gobierno decían, de una manera velada o abierta, que las relaciones de Bolivia con los Estados Unidos mejorarían con  un gobierno presidido por Barack Obama.  Obviamente, la posibilidad de un gobierno del candidato republicano John McCain les causaba escalofríos.

No leí ni escuché ningún comentario oficial norteamericano que avalase la idea de que el vencedor Obama adoptaría una actitud diferente respecto a Bolivia o Venezuela. La idea era, más bien,  un “wishful thinking”, un buen deseo desprovisto de evidencias.  Similar al que tenían el general Luis García Meza y su lugarteniente Luis Arce Gómez, cuando creían que el triunfo de Ronald Reagan sobre Jimmy Carter les favorecería. Pensaban, por ignorancia e ingenuidad, que ese “wishful thinking” sería válido porque el primero era un ferviente anticomunista y pasaría por alto los actos delictivos, especialmente  los relacionados con el narcotráfico, convertidos en rutina bajo el gobierno que asumió del mando de Bolivia con el cuartelazo del 17 de julio de 1980.

La realidad les mostró cuán equivocados habían estado.

Hace algunos días escuché en la TV de los Estados Unidos a un portavoz del Sr. Obama diciendo que un mejoramiento de las relaciones con Bolivia y Venezuela dependería de los actos de los dos gobiernos sudamericanos que más antagonizan con el gobierno saliente del presidente George W. Bush. Si los funcionarios del entorno inmediato del presidente Evo Morales estuviesen atentos a lo que dicen los medios influyentes de Estados Unidos, habrían mantenido la boca cerrada. Y habrían aconsejado al mandatario nacional a hacer lo propio.  

Dias antes, Hugo Chávez, de Venezuela, había ido más lejos. No sólo había afirmado prematuramente que Obama sería el próximo presidente. Llegó a decir que le gustaría conversar  con “el negro”. Quizá se dio cuenta de que sonaba despectivo y aclaró que negros e indoamericanos son la mayoría en el continente sudamericano.

Una nota de la Associated Press reproducida por Los Tiempos citaba el pasado fin de semana  el comentario a esa declaración expresado por un portavoz del equipo de campaña de Obama, Alejandro Miyar: “Hugo Chávez no gobierna democráticamente y las relaciones entre los dos países no mejorarán a menos que Venezuela respete la democracia y el imperio de la ley”.

Un consejo obvio a quienes corresponda:  Hay que aumentar el agua de las barbas en remojo. En el caso de Venezuela existe un matrimonio de conveniencia arropado en petróleo (temporalmente, porque Estados Unidos está en campaña para disminuir drásticamente sus compras de crudo importado) y en el de Bolivia está en curso un divorcio inconveniente (para una de las partes, Bolivia, que ni siquiera podrá exigir pensiones).

De Bolivia y Venezuela han sido expulsados los embajadores estadounidenses como en una competencia entre quién actúa de manera más espectacular. Bolivia envió de vuelta al embajador Philip Goldberg. En una rara solidaridad en los anales de la diplomacia, Venezuela no se quedó atrás y ordenó la salida del representante de Washington en Caracas, Patrick Duddy.

Hace unos días Bolivia tomó la delantera otra vez al suspender las operaciones de la DEA (Drug Enforcement Agency), la oficina anti-narcotráfico de los Estados Unidos. Sospecho que esta decisión, que el presidente Morales dijo que era enteramente suya, es un disparo en la propia pierna. A esa decisión se agrega la de una confiscación de los equipos con los que esa entidad trabajaba en Bolivia. Si hay alguien que todavia crea que eso ayudará a reencaminar las relaciones con Estados Unidos, que hunda sus barbas al remojo colectivo. 

El gobierno está, ahora más que nunca, obligado a actuar como la mujer de César. No sólo ser honesta sino parecerlo. Traducción: Hay que redoblar rápidamente los esfuerzos para combatir el narcotráfico y reducir los cocales mucho más allá de lo comprometido. Y en ese empeño es posible que socave gravemente el respaldo militante de algunas de sus columnas básicas de apoyo.