Contra toda esperanza

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El título viene del libro de poemas de Armando Valladares, uno de los  disidentes cubanos más notables,  que pagó con 22 años de reclusión su desencanto con el régimen comunista cubano.  Al llegar al aeropuerto internacional de Caracas a poco de haber sido liberado por el régimen de Fidel Castro parecía un fantasma enfundado en un traje unos seis números más grande que el que le correspondería.  Físicamente, parecía una piltrafa, aunque por dentro llevaba un espíritu de acero.

 Escogí este título porque lo formulé en una pregunta al Dr. Willman Durán, ex presidente del Tribunal Constitucional, quien acababa de dictar una conferencia sobre el proyecto de nueva constitución política ante un grupo de dirigentes.  En el centro de la argumentación de Durán estaba su empeño en encontrar en ese proyecto una luz de esperanza que permitiera vislumbrar una verdadera pacificación y construcción democrática de Bolivia. “Le puse todo el empeño imaginable. Leí, releí, busqué interpretaciones despojado de cualquier prejuicio. Debía ese empeño a la sociedad boliviana, a mi propio entorno familiar que quiere, como yo, participar de un proyecto armonioso que supere injusticias y promueva justicia. Pero fue inútil. El proyecto por el que los bolivianos votaremos el 25 de enero tiene fallas sísmicas que hunden a la democracia. No da lugar a esperanzas”.

¿Cuál es la principal falla?, pregunté.

“El tema de la justicia”, respondió.

En su condición de ex presidente del Tribunal Constitucional, institución inhabilitada por el gobierno actual, y catedrático con vasta experiencia reconocida dentro y fuera de Bolivia, Durán reúne condiciones de credibilidad como pocos jurisconsultos. “Vía manipulaciones en el sistema electoral, tiene asegurado un 20% de votos en cualquier elección. Se le agrega un 40%-45% que puede obtener, en gran parte por el control casi policial sobre el voto campesino, y se llega a los dos tercios.  Este gobierno, entonces, tiene el poder, a través de sus organizaciones sociales y del padrón electoral,  de modificar cuantas veces quiera  la constitución que quiere que aprobemos.  El  artículo 182 proclama que los magistrados serán electos mediante sufragio universal, algo no solamente extraño en sociedades democráticas sino extremadamente peligroso para la administración de la justicia”.

En los albores de la democracia, poco después de la revolución francesa, se intentó que los jueces fuesen elegidos por votación ciudadana directa. “Al poco tiempo tuvieron que dar marcha atrás, pues esa manera de designar jueces era un tiro por la culata. ¿Quién garantizaba la idoneidad de los electos? Nadie. Vieron que entraban en un terreno minado y borraron con el codo lo que escribieron con la mano.”

Los soviéticos  pusieron en práctica esa fórmula nefasta y exhibieron brutalmente lo que puede ser una “justicia” controlada por el estado o por organismos para estatales, me dijo. Recordé entonces un pasaje sarcástico de “Oscuridad al Mediodía”, del magistral Arthur Koestler, uno de los testimonios literarios más terribles de las brutalidades del “socialismo real” del Siglo XX en la desaparecida Unión Soviética bajo Stalin (y antes y después) y con gran participación de mujiks, el campesinado ruso.

En ese pasaje, el ex comisario Rubashov está deponiendo ante quien ahora ocupa su cargo. El nuevo comisario le dice que la revolución está cambiando la piel de la sociedad. Rubashov le contesta: “Veo el cuerpo despellejado de esta generación. Pero no veo trazas de la nueva piel…”

Esta disquisición lleva a ver lo que ocurre en Pando y a preguntarse: ¿qué garantías hay de que el gobierno cumplirá la CPE si ahora mismo incumple la ley?  En lugar de cumplir la orden del tribunal superior de justicia el presidente Evo Morales dijo que “se sospecha” que recibieron dinero los tribunos que decretaron que el mandatario pandino debe ir a Sucre para allí ser juzgado. Esa manera de mancillar la honra del prójimo sin presentar pruebas se ha vuelto habitual en el hablar del mandatario nacional.

La negativa del gobierno a cumplir la resolución de la corte suprema  para trasladar a Leopoldo Fernández  e ignorar al máximo tribunal de justicia es una evidencia tenebrosa de la ruta que el proyecto de CPE espera consolidar.

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