Día: octubre 30, 2008

Periodistas en el coliseo

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 La Plaza San Pedro de La Paz se ha convertido en un coliseo romano a donde los periodistas bolivianos van resignadamente a cubrir el asedio sobre el Penal del lugar de la misma manera en que los cristianos iban al coliseo de Roma a ser devorados por las fieras. Militantes de los grupos sociales que apoyan al gobierno hacen las veces de animales feroces que quieren a punta de palazos y golpes doblegar la estoica determinación de los periodistas de cumplir su misión informativa ante la sociedad. Esta semana la TV mostró nuevas golpizas recibidas por reporteros y camarógrafos en ese lugar, y organizaciones sindicales y empresariales de la prensa han vuelto a reclamar proteccion.

A los golpeadores cebados en lomo de periodistas no les falta “know-how”. La práctica continuada del oficio se ha traducido en una destreza que otras profesiones envidiarían. Nadie podrá negar que han demostrado habilidad suficiente para merecer un título académico. Incluso podrían ser los precursores de una nueva carrera con certificados en provisión nacional a ser elegantemente enmarcados y exhibidos en lugares privilegiados de sus vivendas. Imaginen el titulo: Doctor en golpizas a periodistas. Un buen camino en un mercado tan prometedor que, por su propia dinámica, brindaría nuevas oportunidades para quienes utilizan las horas libres en la flamante profesión de golpear periodistas. Sería un círculo virtuoso de perfeccionamiento constante. Falta saber cuán bien rentada es la carrera.

Perdón por el sarcasmo, pero es mi desahogo ante el circo intimidatorio en el que deben trabajar periodistas, fotógrafos y camarógrafos que cubren las incidencias de la prisión de Leopoldo Fernández.

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Contra toda esperanza

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El título viene del libro de poemas de Armando Valladares, uno de los  disidentes cubanos más notables,  que pagó con 22 años de reclusión su desencanto con el régimen comunista cubano.  Al llegar al aeropuerto internacional de Caracas a poco de haber sido liberado por el régimen de Fidel Castro parecía un fantasma enfundado en un traje unos seis números más grande que el que le correspondería.  Físicamente, parecía una piltrafa, aunque por dentro llevaba un espíritu de acero.

 Escogí este título porque lo formulé en una pregunta al Dr. Willman Durán, ex presidente del Tribunal Constitucional, quien acababa de dictar una conferencia sobre el proyecto de nueva constitución política ante un grupo de dirigentes.  En el centro de la argumentación de Durán estaba su empeño en encontrar en ese proyecto una luz de esperanza que permitiera vislumbrar una verdadera pacificación y construcción democrática de Bolivia. “Le puse todo el empeño imaginable. Leí, releí, busqué interpretaciones despojado de cualquier prejuicio. Debía ese empeño a la sociedad boliviana, a mi propio entorno familiar que quiere, como yo, participar de un proyecto armonioso que supere injusticias y promueva justicia. Pero fue inútil. El proyecto por el que los bolivianos votaremos el 25 de enero tiene fallas sísmicas que hunden a la democracia. No da lugar a esperanzas”.

¿Cuál es la principal falla?, pregunté.

“El tema de la justicia”, respondió.

En su condición de ex presidente del Tribunal Constitucional, institución inhabilitada por el gobierno actual, y catedrático con vasta experiencia reconocida dentro y fuera de Bolivia, Durán reúne condiciones de credibilidad como pocos jurisconsultos. “Vía manipulaciones en el sistema electoral, tiene asegurado un 20% de votos en cualquier elección. Se le agrega un 40%-45% que puede obtener, en gran parte por el control casi policial sobre el voto campesino, y se llega a los dos tercios.  Este gobierno, entonces, tiene el poder, a través de sus organizaciones sociales y del padrón electoral,  de modificar cuantas veces quiera  la constitución que quiere que aprobemos.  El  artículo 182 proclama que los magistrados serán electos mediante sufragio universal, algo no solamente extraño en sociedades democráticas sino extremadamente peligroso para la administración de la justicia”.

En los albores de la democracia, poco después de la revolución francesa, se intentó que los jueces fuesen elegidos por votación ciudadana directa. “Al poco tiempo tuvieron que dar marcha atrás, pues esa manera de designar jueces era un tiro por la culata. ¿Quién garantizaba la idoneidad de los electos? Nadie. Vieron que entraban en un terreno minado y borraron con el codo lo que escribieron con la mano.”

Los soviéticos  pusieron en práctica esa fórmula nefasta y exhibieron brutalmente lo que puede ser una “justicia” controlada por el estado o por organismos para estatales, me dijo. Recordé entonces un pasaje sarcástico de “Oscuridad al Mediodía”, del magistral Arthur Koestler, uno de los testimonios literarios más terribles de las brutalidades del “socialismo real” del Siglo XX en la desaparecida Unión Soviética bajo Stalin (y antes y después) y con gran participación de mujiks, el campesinado ruso.

En ese pasaje, el ex comisario Rubashov está deponiendo ante quien ahora ocupa su cargo. El nuevo comisario le dice que la revolución está cambiando la piel de la sociedad. Rubashov le contesta: “Veo el cuerpo despellejado de esta generación. Pero no veo trazas de la nueva piel…”

Esta disquisición lleva a ver lo que ocurre en Pando y a preguntarse: ¿qué garantías hay de que el gobierno cumplirá la CPE si ahora mismo incumple la ley?  En lugar de cumplir la orden del tribunal superior de justicia el presidente Evo Morales dijo que “se sospecha” que recibieron dinero los tribunos que decretaron que el mandatario pandino debe ir a Sucre para allí ser juzgado. Esa manera de mancillar la honra del prójimo sin presentar pruebas se ha vuelto habitual en el hablar del mandatario nacional.

La negativa del gobierno a cumplir la resolución de la corte suprema  para trasladar a Leopoldo Fernández  e ignorar al máximo tribunal de justicia es una evidencia tenebrosa de la ruta que el proyecto de CPE espera consolidar.

Demolición incalificable

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La demolición de 120 viviendas ordenada por la Alcaldía de Santa Cruz es un acto de incalificable primitivismo. Si algo debe preocupar a las autoridades edilicias cruceñas es mostrar superioridad no sólo administrativa sino también inteligencia en la aplicación de normas. Pues eso le brinda a la región estatura moral para afirmar su condición dirigente del país.

Ha sido un acto demencial cualquiera que hubiesen sido las razones. Lo hecho esta semana ha sido peor que degollar perros en Achacachi. Pues los tractores municipales degollaron las esperanzas de cientos de personas de contar con techo propio, un derecho de las personas y uno de los instintos más primordiales de la especie humana.

Tiene razón la delegada presidencial al designar como “salvajada” el episodio de este martes que ha consternado a gran parte de los cruceños y warneños. Los dos municipios tienen una disputa de jurisdicción sobre el área de construcción, pero las diferencias no se resuelven de esa manera.