Día: octubre 12, 2008

Un blindaje de $US 7.780 millones

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El gobierno se jacta del volumen de las reservas monetarias bolivianas y dice que eso le confiere blindaje para capear las tempestades que se ciernen sobre la economía mundial. Eso mismo decía en 1983 el presidente venezolano Luis Herrera Campins, cuando la tormenta ya había caído sobre México y un huracán amenazaba a toda América Latina.

Los venezolanos tenían reservas de más de 20.000 millones de dólares, entonces entre las más voluminosas del mundo. Semana a semana el Banco Central de Venezuela informaba sobre la situación de las divisas del país. Y cada semana se iban unos $US 500 millones más de los que ingresaban por sus exportaciones de petroleo. Para tranquilizar a sus compatriotas, Herrera Campins decía: Venezuela no es México.

Estaba equivocado. Era peor. Un “viernes negro” no tuvo más que devaluar el hasta entonces todopoderoso bolívar, una de las pocas monedas que gozaba de libre convertibilidad. Por lo menos, los mexicanos sabían cuánto debían (más de 60.000 millones de dólares). Los venezolanos lo ignoraban. Vinieron auditores externos para determinar a cuánto alcanzaba la deuda pública: 27.500 millones de dólares.

Desde entonces, Venezuela vivió una etapa de inestabilidad y descontento que desembocó en saqueos la que, a su vez, desembocó en dos tentativas de golpe del Tte. Cnl. Hugo Chávez y, por último, en su llegada a la presidencia con la promesa de “acabar con eso que está ahí”, la corrupción e incompetencia. Dejo a los propios venezolanos juzgar si cumplió, pero la verdad es que Venezuela nunca estuvo tan dividida como en estos últimos años. Y hoy debe casi lo mismo que en 1983.

En Bolivia, el Banco Central nos comunica (2 de octubre) que “frente a la crisis en los mercados financieros internacionales, particularmente en Estados Unidos” la economía nacional “se encuentra en una posición sólida para enfrentar este fenómeno”. Eso mismo decía el Banco Central de Brasil cuando comenzó la crisis asiática hace 11 años. Ni nuestro gigante vecino la pudo soportar. Al poco tiempo estaba devaluando su hasta entonces nuevo pero todopoderoso real (un dólar compraba 90 centavos de real).

Las perspectivas no son halagüeñas para una economía pequeña como la nuestra. Una protección más efectiva que cualquier otra sería la autosuficiencia alimenticia, reiteradamente anunciada como meta pero nunca realmente buscada, menos alcanzada. Estamos, al contrario, en dirección opuesta. La producción agrícola tiene dificultades, las exportaciones son limitadas por decisiones políticas, y hasta falta diesel para poder moverla. Las inversiones mineras para aumentar la producción y compensar una caída de precios han sido mínimas. Pregúntenles a los productores de zinc, plata, estaño si han invertido como creen que debían. La respuesta es negativa y viene asociada a dos palabras: inseguridad jurídica.

Con un cuadro económicamente difícil, las inversiones desesperadamente necesarias para aumentar la producción de gas no aparecen, sean de Irán (prometió mas de mil millones de dólares, ¿recuerdan?), Rusia (4.000 millones de dólares en la caja de promesas) y Venezuela 1.200 millones de dólares que tampoco se ven). Esos países también sentirán (o quizá ya sienten) los embates de esta crisis. Las perspectivas no son halagadoras. Las remesas de nuestros emigrantes, los capitales extranjeros de Bolivia, mermarán. Y, con la caída de los precios del petróleo, no pasarán muchas semanas antes que Petrobras y Argentina nos digan: Vamos a discutir precios. Para abajo.

Hubo un momento de gloria que raramente se presenta en la economía mundial. No lo hemos aprovechado. En cambio, puede decirse que 2008 ha sido hasta ahora el año más rico en confrontaciones.

 

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