Día: octubre 2, 2008

Rumbo a fojas cero

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 La posibilidad de encontrar un camino que lleve a una reconciliación entre los bolivianos languidece peligrosamente, desde que a comienzos de semana el gobierno optó por ignorar -sostiene la oposición- uno de los términos del pre-acuerdo alcanzado con los prefectos y ordenó la detención de dirigentes cívicos de Tarija, con la probable intención de hacer lo mismo con los de otras regiones.

El gobierno asegura que sus medidas sólo cumplen mandatos de la justicia. Pero esa actitud ha sido mayoritariamente condenada por los analistas, que la han considerado torpe e inoportuna. “Es una gran torpeza”, dijo a El Deber el general de policia, retirado, Freddy Soruco. Los prefectos dijeron que querían que el propio presidente Evo Morales ordenase la marcha atrás en las detenciones (bochornosas, en el caso de dirigente villamontino José Vaca, preso por encapuchados en pleno centro de Villamontes) y reafirmase que todos los puntos del pre-acuerdo serían respetados.

El presidente dijo apenas que el diálogo no se había roto y que continuaba. Pero esta tarde fue el turno de otro dirigente cívico, Jimmy Esteban Benítez, informó la red televisiva PAT. Y se hablaba de un tercero, identificado como Carlos Rodas, de Yacuiba, según PAT, quien también estaba siendo llevado a La Paz.

Es importante recordar que el documento aprobado el 16 de septiembre como pre-acuerdo para la negociación ahora agonizante comprometía:

“No impulsar acciones judiciales que tengan connotación politica contra dirigentes cívicos, sociales y autoridades departamentales movilizados que hayan actuado por las reivindicaciones departamentales y sociales que precedieron a este Acuerdo; como tambien paralizar toda campana mediatica de desprestigio en contra de autoridades y actores cívicos y sociales”.

 Con la serie de detenciones en curso e informes sobre otros dirigentes que también correrían igual suerte, ya parecía apropiado hablar de una cacería.

Sin pretender justificar tropelías, habría que preguntarse qué habría ocurrido si la misma vara de justicia hubiese sido aplicada a quienes, como el presidente Morales, acudían a los bloqueos de calles, caminos y carreteras. ¿Cuánto daño eso causaron a transportistas, a los pocos exportadores y al público en general? Ni si se aplicará similar sanción a quienes destruyeron la vicepresidencia hace pocos años, o a los hace unos meses atacaron edificios públicos en Potosí. Como dicen los venezolanos, lo que es igual no es trampa. O, más antiguamente, ¿quién lanza la primera piedra?

El mandatario respondió al reclamo de los prefectos casi espartanamente. Apenas dijo que “el diálogo continúa” y que son “sólo dos prefectos”. Tendría que haber agregado que Beni y Santa Cruz, territorialmente representan el 60% del territorio boliviano y el 30% del PIB.

En Santa Cruz, una multitud de mujeres con traje blanco colmó calles céntricas de la ciudad reclamando paz, apoyando al prefecto Leopoldo Fernandez y protestando contra el presidente Morales.

Los prefectos Cossio, de Tarija, y Costas, de Santa Cruz, se replegaron de Cochabamba y retornaron a sus ciudades base. En la noche el de Beni, Ernesto Suárez, seguía el mismo recorrido que antes protagonizaron sus colegas: hablar cara a cara con el presidente.

El gobierno –y los prefectos- deben haber calculado sus pasos. Una cancelación del diálogo ya no es más un rodada de póker. Es la vuelta final.

No creo que los observadores de UNASUR vayan a dejar mal parada a la naciente organización, que también juega su prestigio en esta gestión, especialmente los presidentes de Brasil y Chile. Un amigo con amplia experiencia política y legal me dice que no alcanza a comprender por qué los prefectos, sorpresivamente, aceptaron participar en el referéndum del 10 de agosto cuando el todavía prefecto cochabambino les advertía que habría fraude masivo. Otro lector me dice que aun descontado el “factor fraude” el oficialismo ganaría a causa del voto condicionado por motivos de raza. El primero pregunta también por qué dejaron pasar la prisión de su colega Leopoldo Fernández sin oponer una resistencia similar a la que ahora oponen a la detención del dirigente José Vaca y sus compañeros tarijeños. Creo que hay muchas más preguntas que respuestas en gran parte de lo que acontece en Bolivia.

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