Día: septiembre 20, 2008

El tercer dia

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La jornada amaneció tranquila, nublada y fria, con muchos rostros risueños en Santa Cruz tras la inauguración de su feria Exposición, la más importante de Bolivia, a pesar de las amenazas de marchar sobre la ciudad por parte de los campesinos que aún bloquean la urbe. En Cochabamba, al centro del pais, habia  miles –calculan los diarios- que rodeaban la zona donde se reúnen prefectos y delegados del gobierno, ante observadores internacionales, para ver si consiguen aproximar puntos de vista y pacificar el país. Hasta ahora no se nota ningún avance substancial, a pesar del empeño del presidente Evo Morales, quien aspira viajar a Nueva York esta semana entrante y participar de la Asamblea general de las Naciones Unidas con un ramo de olivo como señal de una pacificación aún distante de Bolivia.

Una de las nubes que cubren el cielo del presidente es la decisión de la Corte Suprema de Justicia de ordenar a un fiscal que se inhiba en el proceso contra el prefecto de Pando, Leopoldo Fernández, y el silencio del máximo tribunal a las presiones del Poder Ejecutivo para que desista de su orden. El juez William Dávila decidió apartarse del proceso y esquivar así la orden de enviar a Sucre, la capital legal boliviana, de todos los obrados de la acusación contra el prefecto. Fernández es acusado de genocidio por la matanza de un número de campesinos que varía entre 10 y 14 el 11 de septiembre.

El episodio, sin embargo, está todavía rodeado de muchas interrogantes que sólo una investigación independiente permitirá responder. La Corte Suprema juzgó que la detención del prefecto fue irregular y que debe ser juzgado por ese alto tribunal, debido a su condición de mandatario departamental, electo democráticamente. Pero voceros del gobierno dijeron que no permitirían cumplimiento de la orden.

El prefecto fue detenido en el fragor de un estado de sitio impuesto por el gobierno del presidente Morales, el primero en sus 32 meses de gobierno, que tiene a la pequeña ciudad de Cobija bajo ocupación militar. Cientos de “cobijeños” que se han refugiado en la vecina ciudad de Brasilea, en Brasil, temerosos de los rigores de la ocupación, dieron ayer un respiro de alivio cuando las autoridades vecinas dijeron No a un pedido de los militares bolivianos para que los refugiados fuesen expulsados de vuelta a Bolivia (El Deber y El Nuevo Día, sábado 20 de septiembre).

Se esperaba que hoy empezasen las investigaciones de dos misiones –una del Senado y otra de la Cámara de Diputados- que debían llegara Cobija durante la jornada.

De forma paralela corría (o no corría) el diálogo prefectos-gobierno en Cochabamba, bajo la mirada de observadores de las Naciones Unidas, la Unión Europea, las iglesias católica y protestante, y la OEA. La ciudad fue el viernes centro de una marcha bulliciosa de cooperativistas mineros. La marcha fue salpicada por algunos estallidos de dinamita, una originalidad que probablemente no era muy conocida por algunos de los delegados internacionales.

Por qué 2/3 no se imponen sobre 1/3

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Nota: Ciertos lectores encontraron que algunos elementos del articulo no estaban suficientemente comprensibles. Por eso he agregado, en letras cursivas, algunos remaches. 

Muchos se jalan los cabellos para responder por qué los dos tercios de votación del 10 de agosto, de los que se ufana el presidente Evo Morales, no consiguen imponerse. Al contrario, generan tal resistencia que los cadáveres resultantes de esos 2/3 se amontonan por docenas. Es un derramamiento de sangre insospechado cuando recibió el 53,7% con que ganó en 2005.

Con Pitágoras es simple. Su teorema es fácilmente verificable. No ocurre así con la formulación de por qué dos tercios no pueden superar a un tercio, pero las bases del planteamiento son fascinantes. En el semanario Pulso (17-23 de agosto), el analista Diego Ayo, ofrece la novedosa explicación del porqué el gobierno está en la defensiva pese a esa mayoría.

El analista subraya que Víctor Paz Estenssoro, con el 26% de votos (la mitad de Morales 20 años después), tuvo más poder y más capacidad para realizar verdaderos cambios estructurales.

Ayo reconoce que la victoria del 10/08 confirió al presidente Morales la iniciativa para establecer “una agenda pública nacional”, pero recalca que eso no le da derecho a una hegemonía, menos aún con los resultados también altos de los dirigentes de la Media Luna. Y en un interesante desafío sugiere que “la tesis el empate histórico (algunos lo llamarían catastrófico) exhibe una simetría de fuerzas que no condice con la realidad”. (Es decir 67% vs. 33% ofrecen a primera vista una diferencia substancial. Pero tal diferencia cae drasticamente cuando se examinan los argumentos del autor, que explica las debilidades de tal 67%).

Hay un vencedor incuestionable”, dice. “Empero, debe jugar con ciertas reglas”.

Ayo señala que todo gobernante debe tener en cuenta tres condiciones para determinar si puede realizar cambios estructurales: a) El número de actores involucrados, b) Diferencia y similitud entre los actores, y c) Grado de cohesión de esos actores. Luego señala las premisas de cada condición. Para a): Más involucrados los actores, más difícil alcanzar acuerdos. Ejemplo: Una promoción quiere ir a cenar. Al consultar dónde, habrá tantas propuestas como el número de participantes. Si los comensales son dos o tres –y mejor si se conocen- el acuerdo es inmediato. Para b): Mayor la distancia ideológica o programática entre los actores, menor la posibilidad de emprender reformas y, por tanto, menor la posibilidad de alterar el status quo. (Este era el caso entre Banzer, el MIR y Paz Estenssoro: no tenian mayores diferencias y podian coexistir felices y contentos). Para c): Mayor cohesión interna de los actores, mayor la posibilidad de vetar cualquier reforma. Y por tanto menor la posibilidad de cambios. Es decir, si el actor está organizado permanentemente, es más difícil conciliar con él. Ejemplo: Una marcha gay en San Francisco reunió más de un millón de personas, que al día siguiente se dispersó y sus demandas quedaron en el papel, lo que permitió al gobierno reformar sin consultar. “Diferente es –dice Ayo- cruzarse con “sociedades” bien organizadas como el movimiento cocalero o el Comité pro Santa Cruz. Tienen una organización sólida y duradera. Ninguna reforma puede emprenderse sin su consentimiento”.

Ayo coloca una calificación de 1 (excelente) a 3 (pésimo) en las condiciones. Paz Estenssoro no tuvo problemas en aliarse con Bánzer y formar una sólida mayoría. Sus bases no los cuestionaron. No ocurre lo mismo con las del MAS, más dispuestas a jugarse por una supuesta pulcritud partidaria. En la primera condición Paz tenía un punto (excelente) y Evo Morales tres. En la segunda condición (calidad de los actores), entre VPE y Banzer y sus respectivas bases las diferencias eran más personales que ideológicas. Con el MAS y Evo Morales las diferencias son ideológicas y programáticas: economía de mercado vs. estado centralista. Aquí también VPE tiene 1 y Morales 3, pues a VPE le era más fácil trabajar con sus bases y pactar con sus adversarios. Y en la tercera condición (cohesión de los actores), las izquierdas aún están fraccionadas, mientras la oposición es atraída centrípetamente por las prefecturas y comités cívicos opositores. El autor recuerda que VPE llegó a contar con 26 de 27 senadores. Evo Morales no no controla el senado, y a eso se agregan cinco departamentos con prefectos opositores.

Como las condiciones de partida de Morales están lejos de las de VPE, se impone una realidad: concertar para poder implementar.

Conclusiones: Morales con el 67% no es igual a VPE con el 26%. Y desde el 10/08 no hay un empate técnico. Hay un vencedor. “Pero es un vencedor que debe atenerse a determinadas reglas”, concluye. “Las reglas del compromiso político”.