Día: agosto 23, 2008

La omnipotente justicia comunitaria

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La llamada «justicia comunitaria» tuvo esta semana una nueva manifestación macabra: Daniel Moisés Quispe (25), Jorge Flores Velarde (22) y David Alanes Franciscano (16) fueron linchados el martes tras ser sorprendidos por vecinos de Sacabamba mientras robaban recipientes de bronce de la casa de un corregidor. Fueron llevados afuera de la vivienda, apedreados y golpeados con picotas hasta morir. O casi, pues los relatos que leo dicen que cuando parecían muertos, los propios asesinos excavaron una fosa y los enterraron. Uno de ellos aún respiraba, dice el cronista de Los Tiempos, de Cochabamba. Los padres han intentado reclamar los restos de sus hijos: sin ningún resultado. Los campesinos ajusticiadores les han cerrado el paso. Los policías tampoco han logrado ingresar al lugar. Los campesinos no los han dejado al grito de «no confiamos en la justicia que libera a ladrones».

La fiscal Nery Maldonado, de la fuerza Especial de lucha contra el Crimen, intentó ingresar a Sacabamba la cabeza de 25 efectivos de la policía. No logró llegar al lugar. Más bien, fue corrida del lugar, al igual que los policías y periodistas que la acompañaban.

Esta es la «justicia comunitaria» en plena acción, puesta en el altar del proyecto constitucional del MAS. Será interesante saber qué dicen los propiciadores de ese proyecto, firmemente rechazado por una gran porción de ciudadanos. Sobre todo, qué dicen las Organizaciones no Gubernamentales Europeas y Norteamericanas que lo apoyan.

Los padres de Flores Velarde se libraron de correr el destino de su hijo, pues consiguieron escapar del lugar, no sin antes ser salvajemente golpeados.  El padre Modesto flores Flores (60), y la madre  Severina Velarde (56), no podrán, sin embargo, retornar a la comunidad en la que estuvieron toda la vida y donde tienen su vivenda y algunos animales, además de su área de producción agricola.