Día: agosto 15, 2008

El turno de los discapacitados

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Las imágenes que exhibió la TV y las descripciones dadas por la radio fueron una nueva demostración del grado de violencia que se vive en Bolivia. A juzgar por lo que acontece en los últimos meses, Bolivia vive bajo un estado de guerra interna de baja intensidad.

Decenas de discapacitados y sus parientes fueron desalojados a punta de gas lacrimógeno y bastonazos de las instalaciones públicas que han estado ocupando y desocupando en las últimas dos semanas en reclamo de un bono de 3.000 bolivianos que, dicen sus dirigentes, el gobierno del presidente Morales les prometió pero que se niega a otorgarlo. El desalojo derivó en batalla campal de gases lacrimógenos, piedras y palos que se prolongó durante toda la mañana y pasado el mediodía en la zona del 2º anillo de Santa Cruz. Hubo cuando menos dos heridos entre los discapacitados y un policía. Se desconocía la gravedad de las lastimaduras.

Pero era conmovedor escuchar a personas en sillas de ruedas, otras con muletas y algunas hasta en camillas, gritando –algunas con dificultades de articular palabras- por ayuda de la población para frenar a la policía que, ellos, con sus limitaciones y apoyados por algunos parientes, habían conseguido que se replegase momentáneamente.

¿Debe el estado pagar un bono a favor de quienes, por alguna razón, quedaron incapacitados físicamente? La verdad que sí, si tuviésemos un sistema de seguridad social relativamente moderno y si contáramos con una gran masa de aportantes. No lo tenemos, pero el estado que fue tan rápido en recortar los recursos del IDH para las prefecturas, podría promover una solución. Este es un tema que toca la sensibilidad boliviana para lidiar con sus propios problemas y mide su grado de solidaridad como sociedad.

En las protestas contra el gobierno, por la aprobación de una nueva ley de seguridad social –altamente insostenible- murieron dos trabajadores mineros. Pero el gobierno no mostró ninguna solidaridad con esos muertos. El día del entierro, mientras las viudas lloraban en Huanuni, líderes del gobierno bailaban en el cierre de una de las campañas previas al día del plebiscito del 10 de agosto.

Eso dice mucho del grado de respeto por los derechos humanos en Bolivia y cómo prima primero la pregunta: ¿De qué lado estaban los que murieron, los heridos? Dependiendo la respuesta, vendrá la acción.