Día: agosto 10, 2008

El discurso

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La palabra-propuesta esperada de esta noche, tras la realización del referendo, fue la del presidente Morales. ¿Qué dijo?

Declaró que la jornada constituía «un día histórico» que le permitirá «consolidar el proceso de cambio». Y lamentó que el día tuviese apenas 24 horas y no más para poder trabajar más por la patria y el pueblo boliviano en su conjunto, en una lucha persistente por la unidad y la dignidad.

Y ¿en qué consiste ese proceso que se viene? Lo dijo muy claro: La «recuperación de los recursos naturales». El concepto lo subrayó enseguida: «Este mandato del pueblo boliviano será respetado…será aplicado». (Hay que revisar la lista de empresas y ver qué queda por nacionalizar.)

Luego vino la segunda parte: «Es importante unir a los bolivianos. Y el voto boliviano es para unir, al oriente y al occidente, y esa unión se hará juntando la Constitución Política del Estado (es decir, el proyecto aprobado por el MAS) con los estatutos autonómicos». ¿Cómo? Lo dijo muy claro: «respetando las leyes vigentes». (Hace sólo unos días decía que sus asesores estaban para convertir en legal cualquier medida ilegal que pudiese lanzar. Pero se trata del presidente y hay que darle el beneficio de la duda).

El tercer elemento de su discurso es conciliador y expresa respeto por los prefectos ratificados. «Respetaremos su legitimidad», dice, y convoca «a todos los prefectos de Bolivia a trabajar primero por el bien de todos los bolivianos y a trabajar respetando las normas bolivianas». Y luego dice: «Quiero convocar a todos los prefectos y todos los alcaldes a sumarse a este proceso (Uno se pregunta: ¿Cuál? ¿El de las nuevas nacionalizaciones?). Eso ha pedido el pueblo boliviano con su voto.»

De inmediato expone un concepto irrebatible que, si es llevado a cabo desinteresada e inteligentemente, puede ser un factor movilizador de los bolivianos: «Hay que empezar a terminar la extrema pobreza…» Y convoca a «la gente solidaria», personas y empresas, especialmente de las áreas urbanas, para ejecutar una «revolución democrático-cultural». En gesto de conciliación nombra uno por uno a todos los departamentos. Y exclama: «Que viva Bolivia unida!»

Viene, al final, el cuarto elemento, definitorio de su gobierno: «Patria o muerte!», gritado con reprise. Al mejor estilo cubano. La multitud lo aplaude y lo viva ensordecedoramente.

Es posible que me equivoque, pero no me pareció escuchar denuestos contra «el imperio».

Espero que el discurso sea analizado y desmenuzado en los próximos días. En él hay elementos que chocan unos con otros.

Una victoria pírrica

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Una encuesta en boca de urna pegó como fuego en toda Bolivia y ha sido dada como definitiva por la televisión: 60% de los votos para el presidente Evo Morales y 40% para quienes se oponen a su gobierno. En el otro lado de la medalla, la Media Luna (Santa Cruz, Tarija, Beni y Pando) no parece haber perdido un voto. Como bloque, perdió a Cochabamba, pero se le sumó formalmente Chuquisaca, con un 60% de chuquisaqueños que le negaron respaldo al gobierno.

En suma, cinco departamentos están incluidos en ese 60% asignado nacionalmente al presidente: La Paz, Potosí, Cochabamba, Oruro y Pando. Pero en los últimos dos hay que destacar que mientras el prefecto orureño pierde, el de Pando gana la aprobación de su electorado. Es decir, el presidente tendría que lidiar ahora con cinco prefectos opositores y convocar a elecciones para ver si consigue, en 90 días, que sus eventuales candidatos ganen en La Paz, Cochabamba y Oruro. Y aun en el supuesto de ganar las elecciones en esos tres departamentos, estaría en minoría departamental. A su lado estarían solamente cuatro departamentos, incluido Potosí.

En verdad, este plebiscito nos hace ver que la gobernabilidad boliviana sigue en cuestión. Y algo importante: la suerte política del presidente está pegada a La Paz y El Alto. En la fuerza poblacional de esas dos urbes reside la suerte de La Paz para enfrentar la oleada lanzada desde Chuquisaca para que Sucre retome su condición de capital plena del país.(Habrá que ver cuántos votos le dio la hoyada paceña y cuántos le dio El Alto, pero los resultados sumados de ambas son extraordinariamente parecidos a los que le asignaba, hace un par de semanas, una encuesta de Gallup Internacional).

Es cierto que en democracia, para las decisiones nacionales cuentan los votos individuales y no las regiones. Pero en una sociedad tan polarizada como la boliviana de estos tiempos, las regiones cuentan mucho. Y el presidente se empeñó en este plebiscito para restarle fuerza a la Media Luna. No lo ha conseguido. Hizo una campaña publicitaria millonaria y los resultados son discutibles. Al parecer pretendía que el plebiscito fuese un trampolín para aprobar el controvertido proyecto de Constitución Política de su partido. El prefecto de Santa Cruz, blindado con casi el 80% de votos de su departamento, le advirtió: «No se atreva…»

Queda aún en tela de juicio la cuestión de la legalidad o ilegalidad de la convocatoria a plebiscito. Quizá no se resuelva nunca. Pero el haber convocado a la ciudadanía contra viento y marea quizá tenga un costo para la legalidad cuya magnitud aún es temprano calcular.

Una reflexión adicional: la TV se precipitó en informar sobre encuestas en boca de urna. Los resultados finales pueden traer variaciones importantes sobre los resultados iniciales, todos (lamentablemente) de boca de urna. No escuché ninguna observación de los numerosos comentaristas en la TV mencionar este punto.

PS. En vista del aluvión informativo basado en resultados en boca de urna, registraré resultados definitivos cuando estén disponibles.

Referéndum

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La participación ciudadana fue alta, pero los primeros resultados indicaban una abstención del 15% al 20%. Esos resultados también confirmaban algunas tendencias obvias antes del referéndum: un apoyo masivo para el prefecto de Santa Cruz, Rubén Costas, el rechazo al presidente Morales. En la ciudad de Sucre ese rechazo parecía multiplicado y los primeros resultados mostraban un rechazo monumental de 4 a 1 contra el mandatario. En Tarija el panorama para el presidente era igualmente negro. En Beni, el prefecto Ernesto Suárez aparecía también con ventajas relativamente holgadas. El presidente devolvía el rechazo con victorias abrumadoras en la ciudad de El Alto y la región cocalera de El Chapare, las únicas zonas a las que pudo llegar con relativa tranquilidad en los últimos días. En Beni, Pando, Santa Cruz y Tarija el avión presidencial no consiguió aterrizar, o las terminales aeroportuarias fueron tomadas por grupos contrarios al mandatario.

La jornada pareció tranquila en casi todo el país. Hubo algunas denuncias de falsificación de documentos, pero de inmediato no había indicaciones de que las anomalías fuesen masivas. Un matrimonio en El alto, de La Paz, fue a votar poco antes del mediodía y se encontró con que otras personas lo habían hecho por ellos. ¨Me preocupa en extremo esta situación pues me coloca en una posición de inseguridad. ¿Qué hacer con mi identidad ante los bancos, ante entidades financieras?¨, se le escuchó decir a uno de ellos por Radio Fides. Los casos fueron múltiples, de ciudadanos con el número de carnet y nombres repetidos.

En Santa Cruz, los centros de votación comenzaron a cerrar a partir de las 16:00 (20:00 GMT), pero las calles y avenidas centrales, casi desprovistas de vehículos motorizados, circulaban cientos de jóvenes en bicicleta, el medio más popular de transporte y movilización durante la jornada.

El Señor de Eldorado

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De Alcides Parejas Moreno. Grupo editorial la hoguera, 159 páginas, marzo de 2008.

Esta obra, con la que el historiador Alcides Parejas Moreno ingresa a pasos grandes en el mundo de la novela, deja una sensación plácida que acompaña al lector por largo rato. Al acabar sus 159 páginas uno siente la satisfacción de haber atravesado siglos de la mano del antepasado del autor. Lo notable y agradable en esta novela es su discurrir tranquilo y sereno. De lectura fácil, en ella el lector no encuentra violencia ni ajos ni cebollas, tan comunes en autores que creen que incluir expresiones vulgares o escenas escabrosas de sexo confiere más realismo a las tramas que desarrollan. La de Parejas Moreno es el tipo de narración que llega al lector con fluidez y sin sobresaltos. Creo que el tono de la obra y su discurrir tranquilo descubren mucho de la personalidad del autor.

La novela comienza en el nacimiento en el Siglo XVI del primogénito campesino Juan de la Riva y Cuevas, a quien, años más tarde, su empeño por encontrar el legendario El Dorado lo trae el Nuevo Mundo, conoce a la muchacha que sería su esposa y acaba participando en la fundación de Santa Cruz de la Sierra al lado de ñuflo de Chaves. La epopeya personal del joven, al lado de los expedicionarios de la época, dice mucho de las grandes esperanzas con que emergieron estas tierras, luego convertidas en una Nación que, curiosamente, siglos más tarde, aún pugna por consolidarse.

Parejas Moreno interpreta en medida no escasa el sentimiento de los bolivianos cuando confiesa en uno de los párrafos finales de la obra:

«Juan de la Riva y Cuevas, Señor de Eldorado, me enseñó a mirarme en el espejo y me gustó lo que allí ví. Juan de la Riva y Cuevas, mi antepasado, me enseñó que Eldorado somos todos».