Día: agosto 3, 2008

Pecar por la paga o pagar por pecar

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¿Qué ocurrió aquella noche de mayo en la que el Senado aprobó el referéndum revocatorio, una figura que NO existe en la Constitución vigente? Hay versiones que circulan en Santa Cruz que creen ser la respuesta clarificadora que el país espera y que serían hechas públicas esta semana. Documentadamente. Me anoto entre los que aguardan ese informe.

El descenso

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La revista Pulso trajo hace algunas semanas un encarte ilustrativo de la realidad de La Paz.  El trabajo resulta de un Foro por La Paz promovido por Nuevo Norte, entidad de profesionales paceños que busca nuevos rumbos para su departamento (www.foroporlapaz.com).

El trabajo refleja un fenómeno boliviano de los últimos años. La economía nacional, que hace sólo tres décadas tenía como motor a los ingresos que generaba la exportación de  minerales y La Paz era su epicentro, se ha desplazado hacia la agroindustria. Es decir, hacia Santa Cruz. Y con el resurgimiento del gas natural, gracias a las inversiones extranjeras de la década pasada, hacia Tarija y Chuquisaca.

Un cuadro presentado en el trabajo de Luis Carlos Jemio coloca a Santa Cruz con el mayor Producto Interno Bruto (PIB, o la totalidad de bienes y servicios producidos por una región en un año). Le asigna a Santa Cruz el 28,9%. En segundo lugar aparece La Paz con el 24%.  Le siguen Cochabamba, con el 16,1%, y Tarija, con el 12,9%. Luego vienen: Potosí (5%), Oruro (4,8%), Chuquisaca (4,5%), Beni (3%) y Pando (0,9%). Es interesante notar que Santa Cruz aparece con el menor índice de pobreza (38%), seguida de Tarija (50,8%) y Cochabamba (55%). Todos los demás tienen entre el 60% y 70% de incidencia de la pobreza en sus poblaciones, incluso La Paz (66,2%).  Pero no nos engañemos. Aquí no hay consuelo alguno. Los porcentajes que retratan nuestras debilidades son enormes bajo cualquier óptica. Estamos entre los más pobres del mundo. Nunca fue tan patente la frase de D’Orbigny: Mendigos sentados en un sillón de oro. O de gas –para el cual Bolivia es incapaz de invertir en la escala necesaria-, o la agroindustria, o los minerales. (Y una enorme legión de emigrantes cuyas remesas este año se aproximarían a los 1.000 millones de dólares, quizá por última vez ante la arremetida europea contra los inmigrantes.)

En el cuadro salta a la vista un elemento político importante. Los cinco departamentos que conforman la “Media Luna” ampliada (Santa Cruz, Tarija, Beni, Pando y Chuquisaca), suman el 50,2% del PIB. Y si se le suma Cochabamba, llegan a 66,3%. Es decir, dos tercios de toda la economía boliviana.

Estos números explican el ímpetu autonomista que recorre el país y la imposibilidad del gobierno del presidente Morales de doblegarlo, con o sin referéndum revocatorio.  Y la imposibilidad de La Paz de revertirlo. Ha sido un  proceso que se dio a lo largo de décadas que La Paz no puede ignorar diciendo que “la sede no se mueve” al replicar a la incómoda demanda chuquisaqueña de recuperación de todos los poderes del Estado para Sucre. Ni Roma ni Brasilia son las principales economías en sus países pero nadie disputa su condición de capital.

La exasperación con la insaciable rapacidad de los políticos tradicionales y la ilusión de que con Morales las cosas cambiarían llevaron a que un grueso segmento de paceños y de otras ciudades a votar por él en 2005. Sólo para después comprobar la validez del refrán “genio y figura…” Ni acabaron  los bloqueos ni la corrupción parece haber cedido como se esperaba.

Sin embargo, La Paz es única en cuanto vive bajo la mirada vigilante de El Alto. Es terriblemente vulnerable como urbe, pues bastan unas rocas para bloquear sus arterias e infartarla. Y de paso bloquear al propio gobierno y a gran parte del país.  Fue la política que patentó al presidente Morales.

Otros estudios han proyectado retratos similares del desplazamiento de los ejes económicos de Bolivia. Creo que el mérito del foro es retratar el descenso de La Paz desde dentro y sin complejos.