Día: julio 22, 2008

Un grito de socorro

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La  unica magistrada sobreviviente del Tribunal Constitucional, Silvia Salame Farjat, ha lanzado un grito de socorro para salvar a esa institución, pilar de la legalidad de Bolivia.  “Yo sola no puedo continuar quedándome indefinidamente y tampoco vamos a salvar la situación de los ciudadanos que tienen más de 2.000 causas paralizadas. La justicia constitucional que no es pronta, no es justicia,” dijo la magistrada en una entrevista que hace pocos días publicó El Deber.

Eran cinco miembros. Los otros cuatro renunciaron paulatinamente. Ni el gobierno ni la oposición parecen interesados en llenar las vacantes. Resultado: no hay quién juzgue la constitucionalidad de actos departamentales, prefecturales o gubernamentales. Gracias a ello, hubo este año cuatro referéndums autonómicos y ahora se viene el revocatorio, que no figura en la actual constitución para nada. El gobierno dice “es ley” del Congreso.  Pero esa “ley” es dispar. Establece  condiciones que favorecen al gobierno, desde los porcentajes para ser revocado o no revocado hasta las preguntas mismas.  Santo Tomas de Aquino prescribe que la ley injusta no obliga. Y esta es una ley diseñada para ayudar al gobierno en desmedro de la opción contraria. Que lo diga Jose Luis Paredes, quien para continuar al mando del departamento de La Paz está obligado a duplicar la votación con la que fue electo.

¿Por qué los senadores de oposición extrajeron del baúl el proyecto de ley revocatoria presentado en diciembre por el gobierno, sin modificar ni una coma? No quiero especular, pero ellos deben responder convincentemente.

La magistrada denunció “la falta de interés de la propia oposición para hacer la designación, el hecho de que se haya subalternizado a intereses regionales, personales, políticos y partidarios la designación del TC”. “(Todo eso) para mí ha sido como una puñalada en el corazón”, dijo.

La angustia de la magistrada es la angustia de gran parte de la ciudadanía.