Día: junio 8, 2008

Piel de Zapa

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Tras los referendos de Beni y Pando, y antes el de Santa Cruz, se ha reducido drásticamente el espacio político del gobierno que hace poco más de dos años parecía representar las mejores esperanzas bolivianas. Como en la novela del clásico francés Honorato de Balzac, su margen de maniobra se va achicando. Pese a que el país razonablemente quisiera evitarle un descarrilamiento completo,  el gobierno parece hacer todo lo posible para que eso ocurra. No se entiende de otra manera su afán en descalificar las votaciones vencedoras de Beni y Pando y enajenarse más aún la voluntad de esos departamentos. La acusación de separatismo ya no resiste lógica alguna y tras esos referendos ha quedado invalidada.  Nada indica que el  gobierno  seguirá un camino diferente con la votación de Tarija de aquí a dos semanas. Curiosamente,  el día de ese  referendo cumple la mitad de su mandato y el sol empieza a darle la espalda.

Me dicen que en Trinidad la propaganda anti-voto estuvo cerca del paroxismo, con  panfletos intimidatorios que,  por ejemplo, aseguraban que el  referendo había sido cancelado así como amenazas sobre los empleados públicos de perder el empleo si concurrían a votar. En lugares donde el estado es  el principal empleador, imaginen el peso de la amenaza para un padre de familia o para una maestra de escuela. No es aventurado suponer que el procedimiento debe haberse multiplicado con Pando, el benjamín de los departamentos bolivianos en edad, población y recursos. Con todo esto, sorprende que los dos departamentos hubiesen sobrepasado el 50% más uno requerido para que el plebiscito fuese válido y que el Sí hubiese vencido arrolladoramente (entre el 81% y 82%) al No. No es que los estatutos autonómicos sean la suma cum lauda de los derechos y deberes ciudadanos en un departamento.  Lo que es inquietante es la actitud de las autoridades del gobierno de oponerse a que la ciudadanía manifieste su voluntad. Es decir, que se opusiese a la manifestación de la voluntad ciudadana así esa voluntad hubiese sido contra los estatutos.

Y agregando injuria a la ofensa, el gobierno proclama que los que no votaron estuvieron contra los estatutos. Ignoro si en Bolivia existe un principio que se sintetiza en “la verdad en la publicidad” (the truth in advertising). Es decir que quienes publicitan algo, tienen que demostrar que dicen la verdad. Por eso me sorprendió ver este miércoles un aviso del Ministerio de la Presidencia: “6 de cada 10 pandinos hemos rechazado la ilegalidad” (los estatutos). Y el aviso suma una abstención del 47% al 10% del No.

Esa es una construcción propagandística falsa, que en otras latitudes es castigada. Con la forma de calcular a su favor el ausentismo,  ni el presidente Morales habría alcanzado la primera magistratura y Hugo Chávez habría perdido la elección que lo consagró el año 2000. Los ejemplos pueden multiplicarse. Qué hará el gobierno si  el ausentismo al referendo revocatorio el 10 de agosto es masivo? Deberá  aplicar su propia lógica y  convertir las inasistencias en No a la permanencia del presidente.  

Lo que me parece más intranquilizador, es que el gobierno –especialmente los personajes que rodean al presidente- no perciba la magnitud del avispero en que está envuelto. Ni se de cuenta que el país (y ahora también algunos vecinos) parece escuchar una sinfonía hermosa cuando ellos están callados.