Día: enero 13, 2008

A la espera de una crónica y de una transcripción

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Los lectores bolivianos aguardaron inútilmente, hasta hoy domingo, 13 de enero, una crónica detallada de lo que ocurrió, y por qué ocurrió, la noche del 7 de enero en el Palacio de Gobierno. Hablo de la P2 (Prefectos-Presidente). Era la reunión política más importante del país en cuando menos un año. Merecía un tratamiento excepcional. Por ejemplo, en algún momento de la reunión escuché, a través de la televisión, a un prefecto que le decía al Vicepresidente que no hiciera muecas. Qué detalle interesante habría sido para, dentro de una crónica general, narrar ese momento: ante qué frases el Vice hacía muecas, y si continuó haciéndolas tras la sorna del prefecto que lo increpó.

Pudo haber decenas de detalles que el público habría leído con avidez. El inicio titubeante de los prefectos, la sobriedad del de Cochabamba. La fortaleza lógica del tarijeño Cossio. Describir las reacciones faciales, probablemente casi imperceptibles, del Presidente Evo Morales ante el alud descargado por el Prefecto Paredes o la filípica de Leopoldo Fernández. Los que estaban allí dentro eran testigos de primera línea. Nosotros, los que mirábamos la reunión por televisión, estábamos a merced de las imágenes que nos mostraban. Y esperábamos que aquellos testigos nos contasen una historia mucho mejor que nos ayudase a entender lo que pasó.

Pido anticipadamente excusas si hubo algún medio que cumplió con esta función. Francamente, yo no leí ese tipo de crónica.

Otra falla de nuestros medios: Tampoco vi que alguno hubiese transcrito textualmente lo que se dijo en esa reunión. Era la oportunidad de lanzar una separata si no se podía insertar todo en el cuerpo principal. Todo lector cuidadoso habría tomado ese texto y lo habría devorado. Tener el registro completo de las intervenciones era de importancia capital porque era la primera vez que los dos supuestos bandos se reunían y el presidente, el vice y sus ministros escuchaban –y, a su vez, algunos prefectos- lo que muchas veces sólo se les dijo indirectamente. Lo dicho en esa reunión debería estar en las bibliotecas, en los centros de documentación, en los sindicatos, en las organizaciones de toda la sociedad civil. Pero no he sabido de ningún medio escrito que hubiese hecho esa transcripción. Incluso para la reunión anunciada para mañana, lunes, sería importante que el gobierno y los prefectos tengan a la mano ese documento para poder reclamar consecuencia, si fuera necesario.

¿A qué documentación recurrirán los historiadores cuando tengan que referirse a ese encuentro? ¿En base a qué escribirán las citas?

La transcripción completa era una tarea de oficio. La televisión o la radio no podrían haberlo hecho. Era tarea de los medios impresos. Con toda certidumbre habría asegurado varios miles de ejemplares adicionales al medio que la hubiese ofrecido a sus lectores.

Espero que todavía haya quien pueda recopilar las intervenciones y ofrecerlas en un folleto, junto a las que deberán ocurrir el lunes por la noche, siempre que la reunión sea pública como la primera. Por lo menos para que quede algún registro de esas intervenciones.

 Y para saber si las palabras que se escucharon rindieron algún fruto o si fueron dichas solamente para que se las lleve el viento.