Día: noviembre 27, 2007

Periodistas de espaldas

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Es posible que la inciativa cunda: los periodistas bolivianos deberán asistir a las conferencias de prensa de toda autoridad gubernamental dándole las espaldas. Lo dijo Hernán Cabrera, Presidente de la Asociación de Periodistas de Santa Cruz.

La actitud de los periodistas refleja el creciente malestar del gremio con el maltrato que reciben de la policía y de los llamados”movimientos sociales”. 

Ese maltrato se hizo patente el sábado, en Sucre, y ayer lunes, en La Paz. Cámaras rotas o confiscadas, periodistas golpeados hasta caer al suelo, puntapiés, puñetazos, se han vuelto frecuentes. A principios de año, entre los peor maltratados cuando ocurrían disturbios en Cochabamba, al centro del país, y en San Julián, una zona de colonos cerca de Santa Cruz, fueron los periodistas. Y no hace mucho una ministra amenazó con enjuiciar a una periodista por el tono (nunca se supo qué tono) utilizado en la pregunta.  Ocurre en otras partes, pero es la primera vez que yo veo que un gremio se dispone a optar por esa singular forma de protesta para hacer sentir, cuando menos a los gobernantes, su propósito de recibir un trato digno.

Los fotógrafos colocarán sus cámaras en el suelo tras la primera foto y también darán las espaldas.

Los días que vendrán

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Crece la sensación de que vendrán más días conflictivos y  dolorosos antes que sobrevenga una paz real y verdaderamente efectiva en Bolivia.  El gobierno del presidente Evo Morales ha ido malgastando paulatina y progresivamente la popularidad  que lo convirtió en el primer indio auténtico en gobernar un país sudamericano.  Por lo que puede verse, porciones importantes de las clases medias no ideologizadas se han alejado de él. Incluso entre los sectores populares ese alejamiento ha sido patente estos días en Sucre al ver los rostros de la gente que asistía  a manifestaciones antigubernamentales. El  lunes, en el entierro de las víctimas, trenzas y polleras se juntaban con ternos, corbatas y chaquetas en el dolor de enterrar a personas que no tenían razones para morir y muchas para vivir. Quienes lloraban fácilmente podían ser identificadas como “personas del pueblo”.  En las marchas en Sucre los rostros eran morenos en su mayoría y no tenían las caras de aristócratas que los portavoces del gobierno insisten en señalar como a los principales participantes de las marchas que lo han puesto en jaque.  El argumento de “aristócratas” ya consumió todas sus pilas y no convence más.

Parece tan lejano aquel día de posesión hace 22 meses, cuando tronaron los pututus en el Palacio Legislativo y millones de corazones bolivianos latieron de emoción y esperanza genuinas. El presidente Morales era bienvenido con alegría en cualquier rincón del país. Ahora dudo mucho que se lo pueda ver por el centro de Tarija, de Cochabamba o de Santa Cruz, menos aún de Sucre.  Y todavía menos si aparece montado sobre un tanque “a lo Yeltsin”, el líder ruso que sepultó  la Unión Soviética.

Dentro de algunas horas deberá comenzar un paro cívico de seis de los nueve departamentos del país: Santa Cruz, Beni, Pando, Tarija, Chuquisaca y Cochabamba. No son sólo dos tercios de los departamentos bolivianos. Son más de dos tercios de la extensión territorial del país y más de la mitad  de toda su población (nueve millones).  Esto debe decir algo a quienes nos gobiernan. 

Ya hubo otro paro similar el 27 de agosto y resultó en violencias en Santa Cruz, pero sin que se registrasen víctimas fatales. Ese fue un alerta.  El paro de mañana es el comienzo de una cadena de acciones contra el gobierno, en la que se eslabonan distintos motivos: la violencia en Sucre, la reducción de la porción que corresponde a los departamentos del  Impuesto sobre los Hidrocarburos (IDH), la escasez de combustible, la inflación, la aprobación supersónica y “en grande” de la constitución oficialista en un liceo militar, con la lectura sólo del índice de por lo menos seis capítulos.

(Escucho por radio Fides que cuando el asambleísta David Vargas  reclamó por qué no se leían los capítulos en su integridad, incluso el de la capitalidad, y no solamente los titulares, un vicepresidente replicó: “No te preocupes. Eso que dices es sólo una formalidad”.)

Eso explica la orden del presidente para que la constituyente, que se creía originaria y por encima de todos, se reúna cuanto antes y apruebe en detalle los artículos de la constitución que, casi sin mirar, aprobaron sus partidarios. Ayer hablaba de someter ya ese texto a un referéndum. Ahora reconoce que aún hay que aprobarlo en detalle y con prisa. Es otra expresión de conducta errática que sus asesores deberían ser los primeros en hacerle notar y evitar.

Infelizmente, las acciones buenas del gobierno, como la decisión del presidente de evitar la corrupción, de luchar contra la desnutrición infantil, de mejorar la educación, de invertir en salud, se deslucen ante la magnitud y frecuencia de sus tropiezos, especialmente políticos y diplomáticos.

El presidente está en un laberinto. Y sus asesores más inmediatos deberían alertarlo. Pero antes que alertarlo creo que atizan la confusión que con frecuencia parece imperar en el primer escalón del gobierno. Parece ignorar que gestos de humildad y sinceridad pueden hacer mucho para reparar errores.

La aprobación entre cuatro paredes y sin lectura completa de textos ha sido la gota de agua que ha rebasado el vaso de esta crisis.  

Este último paso fue el “alea jacta est” (la suerte está echada) de Julio César al cruzar el Rubicón.  No hay vuelta atrás.  Ahora el gobierno y su partido parecen haber entrado en una lógica militar suicida: todo o nada. Tal como le dijo en una oportunidad, marcando diferencias, Lula a Chávez. A él, a Lula, como dirigente obrero, no le interesaba una victoria que arrasase con una fábrica. En cambio Chávez, le reprochó Lula, actuaba únicamente en pos de la victoria.