Aguas picadas

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Noviembre 20

Mientras la Asamblea Constituyente agonizaba, al mediodía de este 20 de noviembre estaban en curso en Sucre enfrentamientos entre campesinos del partido de gobierno  y activistas que defienden la causa de la “capitalidad plena”.  No había noticias de bajas ni detalles sobre los choques, pero en el trasfondo de las transmisiones radiales se escuchaban gritos enardecidos de los bandos en pugna. El cónclave está en un callejón sin salida a la vista.  No ha logrado aprobar ni un solo artículo de la nueva Carta Magna, tras 450 días de funcionamiento.  El intento de redactar una nueva constitución para “refundar” Bolivia ha perdido relevancia ante los ojos de segmentos numerosos  de bolivianos. Hablar del tema en cualquier ambiente es abrir paso a la molestia y la irritación.   

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 Están en curso los últimos esfuerzos para extraer a la Asamblea Constituyente de su condición de cuerpo en hibernación.  El plazo original de 30 días, impuesto a principios de septiembre para ver si en ese lapso se descubrían fórmulas para curar los males que obligaron a someterla al congelamiento, venció en octubre. Pasó octubre y noviembre se acaba.  Hoy era otro día decisivo para esta asamblea, que nació acunada al clamor de “cambio” (término utilizado inflacionariamente en los últimos años y con frecuencia sin claridad alguna) que reclamaban muchos bolivianos y que hasta ahora ha sido un monumental fiasco. Antes que esbozar un mapa para la Bolivia del siglo 21 ha sido promotora de desencuentros y de antagonismos cada vez más radicales. Pretender que en pocas horas se habrá  secado el pantano en el que se atascaron los constituyentes (capitalidad, el tema mayor y talón de Aquiles del gobierno y su partido) es casi una ilusión.  Las aguas políticas bolivianas están otra vez embravecidas.  Los constituyentes trabajan (¿?) horas extraordinarias para evitar un naufragio que en esta “hora 25” se asoma cada vez más visible a la vuelta de la esquina. Pero los esfuerzos de la jornada fueron infructíferos. No se llevó a cabo la reunión plenaria que debía realizarse en la tarde.  La AC, pues, continúa “constipada”  por la “capitalidad”. El gobierno asegura (lo dijo el Ministro de Coordinación Gubernamental) que el 14 de diciembre expira fatalmente el plazo para redactar una nueva Carta Magna.       

2 comentarios sobre “Aguas picadas

    Eduardo Subieta Arza escribió:
    noviembre 20, 2007 en 5:52 pm

    Pese a que me ratifico en la apreciación de que el tema de la capitalidad fue una consigna sacada de la galera de un mago, para poner “cuña” a la acción del manifiesto rodillo masista en la Asamblea Constituyente, jamás dejaré de reconocer que quienes la han asumido, están en su derecho de hacerlo sobre el más puro y respetuoso principio de libertad de expresión. El problema, es que la consigna (pues no me señala nada más que eso, al margen del lirismo de la justificación Chuquisaqueña), se ha convertido en cuestión de Estado para los que antes postulaban el status quo y ahora aparecen como grandes transformadores a partir de estas consignas de forma, pues de fondo no lo son.

    Cuando se defendía el tema de los Dos Tercios, como principio democrático, se lo hacía desde el punto de vista de la representatividad de la mayoría y la inclusión de la minoría (el tercio restante). Sin embargo cabe preguntarse de donde proviene la representatividad, sino es del voto del soberano. Difícil ecuación, pues cuantitativamente la concentración del voto es fácilmente identificable y por mucho que sumen (hipotéticamente) los departamentos que se inventaron el Frankeisntein de la capitalidad, de seguro que no llegan a los dos tercios tampoco. Convengamos que no se trata de la suma de departamentos o de kilómetros cuadrados de extensión territorial. El tema es más profundo que lo cuantitativo y el razonamiento matemático, tiene que ver con el factor humano, cultural y político.

    La cuña ha funcionado políticamente, se lo reconozca o no y la consigna se ha secuestrado la Asamblea con el riesgo de matarla definitivamente. Así, un detalle (insisto que no es más que eso) que en otro contexto podría haber sido trivial ahora se convierte en riesgo de enfrentamiento tribal (permitiéndome la licencia de la metáfora).

    Con cualquier defecto congénito, la Comisión Suprapartidaria pudo llegar a mínimos consensos para garantizar el establecimiento de la base para lograr el objetivo de esa nueva Constitución que nos hace falta, así no sea la soñada, para edificar un país posible. Nos desgarramos las vestiduras al ver operadores políticos (ajenos) como García Linera y acaso nos hemos olvidado de Oscar Eid y/o Sánchez Berzain (para citar a los más hábiles), que sí tomaban decisiones de país y de Estado, sin tomar en cuenta a cualquiera de los tercios de la triada, entre “gallos y medianoche”, sin ningún tipo de representatividad institucional incluso.

    Personalmente, no creo que la capitalidad sea el principio o el fin del cónclave constitucional, pero el discurso político envolvente ha funcionado como una espiral de silencio, que incluso puede llevar a enfrentamientos fratricidas, sin más sustancia que la espectacularidad mediática. Los partidarios de la radicalidad se solazan, pues nunca les interesó el escenario del diálogo. Los partidarios de la democracia nos estremecemos al imaginar nuevas escenas de dolor y muerte. Dios no lo permita.

    Serán tres « Mientras tanto, en Santa Cruz escribió:
    noviembre 22, 2007 en 10:10 pm

    […] sabe del encuentro cuando el gobierno está atribulado por un mar de conflictos y problemas que se multiplican a su alrededor,  muchos de ellos de su […]

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