Día: noviembre 1, 2007

La enjuiciadora más veloz

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La  Ministra de Agricultura, Susana Rivero, se ha ganado el título de Enjuiciadora Más Veloz de todas las latitudes, por lo menos las bolivianas. La periodista Julieta Tovar, de la Agencia de Noticias Fides, no acababa de hacer una pregunta y ya la ministra, en una rápida anticipación que Pecos Bill seguramente envidiaría, disparaba una amenaza de juicio, según la versión que recojo del diario La Prensa, de La Paz.

“Un tema es la información”, le dijo la ministra a la periodista, “y otro el tono. Y así como hemos hecho un juicio contra (Carlos) Klinsky, si Ud. no baja el tono, contra Ud. también voy a hacer un juicio”.

No se sabe exactamente cuál fue la pregunta ni los decibelios que activó la periodista Tovar para pronunciarla, así como tampoco las palabras utilizadas. Lo cierto -y esto lo ví/escuché por la TV anoche- es que la ministra desenvainó  la amenaza como un relámpago.  La conferencia de prensa, que había sido convocada para informar sobre un proceso legal contra Klinsky, diputado opositor al gobierno, se desplomó  en ese instante sin vida, pues la ministra dio por concluída la reunión y salió de la sala.

Me habría gustado saber más detalles, tales como la pregunta con todas sus palabras, y cómo reaccionaron la periodista y/o sus colegas en la conferencia de prensa.  Pero desconozco si la periodista fue entrevistada con amplitud por sus colegas o por su propia agencia de noticias. También habría sido interesante saber algo más de la amenaza de la ministra y las motivaciones más específicas de su irritación. Si no de ella directamente (sería comprensible que de inmediato no hubiese querido hablar más del asunto), tal vez de alguno de sus asesores. Un episodio así no ocurre todos los días.

Raíces

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Cuando Juscelino Kubitschek se lanzó a construir Brasilia, en la década de 1950, muchos lo creyeron loco. Sacar la capital de Brasil de Rio de Janeiro y llevarla a las planicies desoladas y áridas del interior parecía un salto demasiado audaz, incluso estéticamente. Pero no se desanimó. Persistió en su locura, hoy una urbe moderna, de arquitectura atrevida y deslumbrante. Pero, sobre todo, un polo de desarrollo en el centro de Brasil. Sus más de dos millones de habitantes (la ciudad fue diseñada sólo para medio millón) han conferido una extraordinaria vitalidad económica a una inmensa región. Brasilia ha sido la palanca que empujó las fronteras económicas de su país y fortaleció la agro-industria, hoy entre las más competitivas del mundo.

¿A qué viene todo esto?  Es sólo una forma de demostrar las dificultades del dictamen paceño de que la sede no se mueve. Las sedes de los países sí se mueven (Abuja, en Nigeria, es otro ejemplo), según los intereses, los recursos y las fuerzas que empujan el cambio. Puede argumentarse que los ejemplos son inadecuados: Brasil está entre las 12 economías mayores del mundo (y que Brasilia le costó una inflación de más de 40 años) y Nigeria es un país repleto de ingresos petroleros.  Cierto.  Pero en ambos casos el cambio fue posible y produjo un considerable dinamismo en regiones de escaso o ningún crecimiento económico. Abuja es hoy la ciudad que más crece en África.

Otra pregunta: ¿Será éste el caso de Sucre? Puede que no, pero hay que reconocer que existen fuerzas tectónicas que sacuden también a La Paz y que no dejarán de manifestarse sólo por el conjuro del slogan de que la sede no se mueve. La Paz tiene mejores argumentos.

El problema, sin embargo, parece ser otro que supera la escala de la simple discusión de la capitalidad.

Gustavo Fernández, el ex canciller del 25-1-1 en la exitosa votación sobre la cuestión marítima en la Asamblea de la OEA de 1979,  contribuye a echar luces alrededor del tema en un reciente trabajo, publicado por “Pulso”.   Su tesis central es que los sacudones que padece Bolivia, inclusive la disputa La Paz vs. Sucre, resultan de una estructura emergente de poder económico y, en consecuencia, político.

La Paz capital resultó de la declinación de la minería de la plata y su emergencia como polo que articulaba mejor la economía del país, a través del eje Potosí-La Paz, substituto del de Potosí-Lima de la colonia. Ese eje dominante, dice Fernández, recibió un golpe fatal en la década de 1980, con el colapso de la minería (la fuente prebendalista de todos los gobiernos hasta entonces) y el alumbramiento acelerado del polo agro-industrial que se gestaba en el oriente. Este polo, al que se agrega ahora el polo gasífero que representa Tarija, tiene la ventaja de encontrarse en una de las grandes áreas de desarrollo agro-industrial para un mundo insaciable de alimentos (y de energía). Esta región, motorizada por Brasil, está articulada sólidamente con la economía global y en camino a sobrepasar la que encabezan las pampas de Argentina y Uruguay. (Ese dinamismo fue notablemente impulsado por la creación de Brasilia.) Con El Mutún e industrias asociadas que deberán emerger, se tiene un cuadro de la magnitud de la fuerza tectónica del sur-norte-oriente boliviano que se contrapone a la preponderancia de La Paz, dice Fernández, y jaquea su poder político.

Un dato citado por Fernández avala la conclusión de que “el eje económico de Bolivia ha cambiado”. “En 1980, destaca, el occidente de Oruro, Potosí y La Paz exportaba el 70% del total nacional en minería y productos no tradicionales; el restante 30% provenía de lo que hoy conocemos como la “media luna”. Desde 2006, esa relación se ha invertido: la “media luna” exporta el 70% del total nacional en minería y productos no tradicionales, y occidente el otro 30%.”

Otro dato del estudio: La exportación per cápita de  la “media luna” es de US$ 1.100, y la de occidente menos de tercio de ese total: $323.

No sorprende, entonces, que las migraciones internas hubiesen apuntado raudamente hacia Santa Cruz, cuya población se triplicó desde 1950 para pisarle los talones a La Paz (28,4% vs. 25,6% del total boliviano). Hace medio siglo la relación era 31,5% para La Paz y  9% para Santa Cruz. “La gente”, dice Fernández, “se movió de los centros mineros de Los Andes a las zonas agrícolas de las tierras bajas”.

La minería andina se ha recuperado estos últimos años pero, como subraya Fernández, por primera vez en siglos no es más el eje económico dominante de Bolivia. Han surgido otros centros de poder.

Ahí radica, por lo visto, el mayor desafío puesto ante La Paz. Es un problema que el gobierno del presidente Evo Morales no consigue resolver pues creo que al parcializarse con La Paz ha aumentado las resistencias a la causa paceña.   

Reencuentro Lula-Evo

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O Estado de Sao Paulo, el influyente diario brasileño, dice hoy, en base a declaraciones del canciller Celso Amorím, que el gobierno del presidente Evo Morales ha dado garantías a Brasil de que no volverá a modificar las leyes de inversiones extranjeras en el sector del petróleo y gas natural.

Texto completo en:  http://www.estadao.com.br/economia/not_eco74012,0

El despacho informativo, fechado en Ginebra, donde el periodista Jamil Chade entrevistó al canciller, dice que Amorím confirmó el interés brasileño en invertir en Bolivia. “Vamos a discutir con la mente abierta”, dijo al referirse a la visita anunciada del presidente Luiz Inacio Lula da Silva a Bolivia a fines de este mes.

La información recuerda mque hace dos años el gobierno de Morales provocó un terremoto político al nacionalizar el gas y el petróleo y ocupar militarmente las instalaciones desde las que Petrobrás operaba. El resultado fue la suspensión de inversiones de la empresa brasileña.

“Ahora –dice el despacho- Itamaraty  (la cancillería brasileña) cambia el discurso ante las señales dadas por el gobierno de Evo Morales. Los bolivianos nos han dicho que los cambios que tenían que darse en las leyes ya fueron hechos”.  Con los cambios decretados por Bolivia, los impuestos sobre las ganancias de Petrobrás subieron del 18% al 82%.

Amorím dijo que Petrobrás “necesita tener ganancias…pues se trata de una empresa y eso es normal.”  No por acaso, agrega la información, el gobierno brasileño quiere asegurarse que en las conversaciones en La Paz se le ofrecerán mayores garantías.

“Tenemos una clara disposición de conversar para ver si existen condiciones (de invertir nuevamente)”, dijo  Amorím al diario paulista.

El despacho anuncia que el presidente Luiz Inacio Lula da Silva hablará en los próximos días con Morales y que de ahí se marcará el encuentro entre los dos presidentes para re-aproximar a los dos países.

El 50% del gas que consume Brasil viene de Bolivia, pero los analistas –agrega la información- dicen que La Paz se ha dado cuenta que puede quedarse sin inversiones y sin el mercado de Brasil. En la Agencia Internacional de Energia (AIE) habrían recomendado a los dos países a que “aprendan” a construir una relación duradera.