Día: octubre 27, 2007

Un comentario

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Un amigo me envía el siguiente comentario:

Descubro en este sencillo encuentro que estamos unos más cerca de los otros de lo que creemos. Conversando, se entiende la gente. La tolerancia, apertura al diálogo, la búsqueda de puntos comunes, nos llevan irremediablemente a vincularnos. Y quizá ese es el temor de algunos. Terminar por fuerza reconociendo que el otro no es tan demoniaco como se ha preocupado de pintarlo, sino que está más cerca de él de lo que reconoce. La debilidad impide reconocer la parte de verdad del otro. Al revés, la fortaleza de los propios argumentos se revela en la capacidad de entendimiento, de acercamiento y perspectiva de lo positivo en el otro. Justamente porque, quien está más cerca de la verdad, sabe que aún le falta mucho para tenerla completamente.Pero bueno, algunos necesitan la confrontación para sobrevivir. Normalmente quien no tiene argumentos y se le agotan en los exabruptos y descalificaciones, es porque simplemente no la tiene. El argumento simple es ése: la confrontación a como dé lugar. Lo complejo e inteligente es el buscar puntos de acuerdo, semejanzas y relatos comunes. Pero nos cuesta. O al menos, a algunos les cuesta.