Día: octubre 17, 2007

El impasse

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Visto en perspectiva, el desacuerdo que tiene por epicentro al presidente Evo Morales y al Embajador de los Estados Unidos  es liviano y hasta surrealista. Una explicación elaborada y seria del gobierno explicando por qué el presidente sugirió que las Naciones Unidas dejen de tener a Nueva York por sede habría  ganado simpatías en muchos lugares. “Fui maltratado cuando no se respetaron las reglas de mi condición de presidente. Imagino cómo será con los mortales comunes”. Pero ni el presidente ni sus allegados han detallado el hostigamiento al que fue sometido. Tampoco explicaron por qué exactamente quería el cambio de sede. Tal  vez sus argumentos no serían suficientemente fuertes.  Para comenzar, Nueva York es la ciudad más pluricultural y multinacional del mundo, términos tan queridos por el Presidente Morales. ¿Y qué diría el presidente si  le informaban que el avión fue desviado a Newark  porque era venezolano, con tripulación venezolana , con la mayor parte de su seguridad venezolana y que eran necesarios algunos controles?  ( La Razon: http://larazon.glradio.com/versiones/20071007_006052/nota_247_489982.htm) Tendría que explicar por qué estaba en esa aeronave, pues otros presidentes bolivianos se han desplazado en aviones nacionales tras notificar a las autoridades aeroportuarias de Nueva York. ¿Por qué no él?  A menos que se haya creado a propósito una tormenta en un vaso de agua. O que el presidente trate deliberadamente –algo que no creo- de poner fuego a las relaciones con el país más poderoso del mundo y la principal fuente de cooperación a Bolivia. 

Pero por otra parte hay una actitud cómplice cuando no se reclama formalmente ante el Embajador de Venezuela y su cancillería por el trato dispensado al ex presidente boliviano Jorge Quiroga hace sólo unos días en el Aeropuerto de Maiquetía.  ¿No es que ”lo que es bueno para el ganso es bueno para la gansa”? 

Especulemos con el episodio cuando llega al embajador. ¿Que se puede argumentar?  Que el embajador extrapoló su declaración con torpeza y sin hilación. Dijo que hay muchos que gustan de Nueva York. Luego dijo  que el presidente a ese paso pronto querría también cambiar la sede de Disneyworld.  Hasta aquí las palabras que causaron el impasse.

En su época,  muchos rusos tampoco estaban felices con la sede de la ONU en Nueva York, la urbe que empezaba  a convertirse en la ciudad más visitada del mundo y centro de la cultura universal. Nadie prohibió a ningún ruso entrar a la ONU.  Y  en el otro extremo,  cuando Nikita Khruschev  visitó Estados Unidos en 1958, todo cuanto quería  era ir a Disneyworld. Tuvo un berrinche cuando supo que no sería fácil porque no se habían incluido medidas de seguridad en el lugar. Y en otra ocasión la emprendió a zapatazos sobre el escritorio en que se sentaba en las Naciones Unidas. Nadie jamás llegó a decir que Khruschev no pondría el pie en el edificio de la ONU.  Ni eso puso en vilo las relaciones entre las dos potencias.

¿Y en casa? El presidente no debe llevar a extremos la extrapolación de un embajador con una supuesta broma sobre su  planteamiento respecto a la sede de la ONU cuando su propio canciller se ha convertido en hazmerreir al afirmar que las piedras tienen sexo. Uno de sus ministros llegó a proponer que se elimine el desayuno escolar y que, en su lugar, se ofrezca mate de coca a los niños. ¿Se imagina el Sr. presidente las risas que esos disparates han causado allí donde han sido conocidos? Ninguno  de esos ministros recibió, que se conozca, una llamada de atención por semejantes tonterías que provocan burla hacia autoridades bolivianas.  Ciertamente ninguno de ellos recibió aplausos fuera de Bolivia. El presidente debería también quejarse de los disparates de sus ministros que nada hacen para conferir seriedad a su gobierno.

Más grave que el impasse son las repercusiones del entripado. ¿Cree el presidente que el apoyo de Cuba y Venezuela cubre  las espaldas de Bolivia?  Ha olvidado que, inversamente a Cuba, Bolivia es una isla rodeada de tierra, con fronteras porosas con sus cinco vecinos, y que Venezuela no es ninguno de ellos? ¿Y que el vecino con el que más frontera tiene (más de 3.000 kilómetros) es Brasil? (aquel con el que Bolivia ha extraviado su buena relación).

El presidente debería ordenar a la cancillería que disponga que los embajadores le envíen recortes  de lo que ha dicho la prensa en sus sedes sobre la sexualidad de las piedras (si es que dieron cabida al absurdo.)  O más simple: que el ministro baje hasta El Prado y pregunte a las primeras 100 personas con las que se encuentre si las piedras tienen sexo. Verá cómo la mayoría creerá que está haciendo un chiste.

Expresiones así desprestigian al gobierno del presidente Morales más que cualquier movimiento opositor o generan más burlas que cualquier declaración torpe de algún embajador.  Pocos admiten, y muchos quizá lo piensan: el presidente, su canciller y su gobierno están perdiendo seriedad aceleradamente. De aquí a poco nadie dirá un qué a lo que digan. Y eso no será discriminación sino resultado de sus propios disparates.