Versión de un vencedor

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El general (r) Gary Prado Salmón recuerda con detalle aquel encuentro de fines de agosto pasado cuando ingresaba a la Universidad donde enseña Relaciones Internacionales. Una estudiante sostenía un cuaderno de tapa roja con la mancha negra que delinea el rostro de Che Guevara. Es un ícono izquierdista universal. Se lo puede ver en las camisetas que visten los manifestantes antiglobalización y está a la venta en cualquier puesto de souvenirs. Movido por la curiosidad, preguntó a la joven: “A ver, ¿qué llevas ahí?” “Es mi cuaderno de notas con la imagen del Che”, le respondió.

La estudiante se dio cuenta entonces con quién estaba hablando y se ruborizó. La compañía del entonces Cap. Prado combatió y derrotó a la columna guerrillera del Che. “Vaya, no se preocupe. Pero déjeme preguntarle: ¿Quién era Che Guevara?,” presionó el general.

“Fue un revolucionario que vino de Cuba a Bolivia”, dijo la joven. “Ah, sí,” agregó Prado. “Vino a entrometerse en nuestros asuntos . Y ¿qué le han dicho del Che?”

“Que era un idealista…”

“Y ¿tu crees los que luchaban contra el Che no lo eran? … pues nosotros defendíamos a nuestro país, tu país. Idealista es una definición muy vaga…”

El intercambio acabó y ambos entraron a clases.

Hace 40 años el diálogo habría sido habría sido distinto, cuando el gobierno, entonces encabezado por un general de la Fuerza Aérea electo democráticamente, anunció jubiloso la derrota de la guerrilla y la muerte de su líder, supuestamente por las heridas recibidas durante el combate. Pero esa versión resultó una mentira. El Che había sido ejecutado sumariamente el 9 de octubre de 1967, después de haber sido capturado vivo en la víspera, con una herida superficial en la pierna derecha.

En términos militares, sin embargo, había sido una victoria completa sobre un campeón guerrillero y una leyenda de la lucha armada, por parte de un ejército considerado entre los más débiles de América Latina. Y, sobre todo, eso había ocurrido en un país que el Che y otros, inclusive Fidel Castro, consideraban maduro para un alzamiento popular que debería haber sido activado por la guerrilla que había enviado Cuba. Pero la derrota también marcó el comienzo del mito Che Guevara, que creció exponencialmente mientras la llama victoriosa del ejército boliviano decrecía en la misma proporción.

Traté de lograr una explicación de esta voltereta con el general Prado, ante cuyos soldados el Che se entregó el 8 de octubre tras gritarles: “No disparen. Soy el Che!”

“Dos elementos convergieron para crear el mito”, me dijo en su casa en Santa Cruz hace unos días. Estaba en la silla de ruedas a la que fue confinado tras un misterioso episodio en el que recibió un tiro en la espalda cuando acababa de restablecer el orden en una zona de Santa Cruz donde había una rebelión. “Hubo un esfuerzo internacional conjunto para crear el mito. ¿Por qué? Porque así se compensaba un desastre militar y político. Pues la victoria boliviana había sido un golpe devastador para Fidel Castro y sus seguidores. El mito surgió como una compensación”.

“Pero hubo otro elemento que lo favoreció: la incapacidad del gobierno boliviano, la falta de coherencia de las autoridades militares de la época en manejar la información sobre lo ocurrido. Mira: Primero dicen, sin preguntarme detalles a mí, que lo había capturado, que había (el día anterior) ocurrido un choque y que en el combate habían muerto guerrilleros, incluso Che Guevara. El gobierno boliviano, sin embargo, no consiguió esconder la verdad. Un factor importante que no fue considerado fue que en el país había libertad de prensa. Los periodistas se desplazaban libremente. Y llegaron a las puertas de Pucara (a pocos kilómetros de La Higuera) al día siguiente. Los periodistas no podían continuar pues la zona aún no era segura. Pero estaban los campesinos, que el día anterior nos habían ayudado a transportar los muertos y los heridos. Eran necesarias cuatro personas para transportar un cadáver. Había muchos, muchos testigos. El Che tenía una herida superficial y caminaba ayudado por un soldado, el soldado Montenegro. Había unas 300 a 400 personas. Y en Pucara los periodistas empezaron a indagar. No les llevó mucho saber que el Che había sido visto caminando. Entonces, la primera pregunta que los jefes militares enfrentaron fue: “¿Cómo es que murió en combate si lo han visto caminando?” A falta de una respuesta convincente a esa pregunta incómoda emitieron otro comunicado diciendo que Che había muerto a causa de las heridas que recibió en el combate”.

“Esta nueva versión se mantuvo en pie durante un par de días. Pero el gobierno quería cumplir con todas las formalidades y ordenó una autopsia cuyos resultados fueron públicos. El protocolo especificaba que había recibido una herida aquí, otra allí, otra más allá, etc. Y entonces cualquiera podía preguntarse: ¿Cómo podía haber caminado con tantas balas adentro? Por favor…”

“Las versiones más disparatadas comenzaron a circular, inclusive una que decía que el Che se había puesto de pié ante el subteniente que entraba a su cuarto espetándole: “Apunte bien que va a matar a un hombre!”.

“Esto es absolutamente falso”, dijo Prado. “No se le dio tiempo ni de decir Hola. El subteniente Mario Terán y el sargento Bernardino Huanca entraron y cada uno disparó una ráfaga. Che y Willy, otro guerrillero, estaban en cuartos contiguos. Terán disparó sobre el Che. Huanca sobre Willy. Fue simultáneo y no hubo palabras. ¿Te imaginas qué vas a decir? ¿Disculpe, hemos venido a matarlo?

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La decisión de ejecutar al Che fue tomada en conjunto por el presidente René Barrientos, el Comandante de las Fuerzas Armadas, Gral. Alfredo Ovando, el Comandante del Ejército, Gral. Juan José Torres.

El general Prado dice que el general Ovando le contó, en una ocasión en que ambos coincidieron en España, el ex comandante en jefe como Embajador y él como participante de un curso académico, las razones que primaron en la decisión.

“Y ahora ¿qué hacemos?”, se preguntaron los tres al considerar la situación tras la captura del Che, según la versión que me dio el Gral. Prado.

“La primera idea era llevarlo a juicio”, me dijo Prado, al evocar la versión que recibió del Gral. Ovando. “Pero el juicio a Debray –el escritor y filósofo francés que había venido a Bolivia junto con el Che y que había sido capturado meses antes- había sido un circo. Juzgar al Che sería diez veces peor. Pero asumiendo que pudiésemos soportar el circo mediático, él debía ser condenado. No habría salido inocente. Y ¿cuál era la pena máxima en Bolivia, que no tenía pena capital? Treinta años. Y ¿dónde lo habríamos puesto si en todo el país no había una prisión de alta seguridad? Tenerlo en una prisión habría sido una fuente permanente de agitación. Habría habido protestas callejeras a su favor. Decidimos entonces que había que eliminarlo”.

Prado dijo que le preguntó: “¿Por qué no pidieron siquiera nuestra opinión sobre cómo la noticia debía ser comunicada?”

No tuvo respuesta. La verdad, me dijo Prado, es que nada estaba claro esos días. Incluso si el ejército ordenaba que no hubiese sobrevivientes, habría sido imposible cumplir la instrucción. El mismo había capturado días antes a dos guerrilleros y los había remitido a Santa Cruz para su enjuiciamiento.

“No había órdenes claras para nada. De ahí que el Che me preguntara, como narro en mi libro (La Guerrilla Inmolada), ¿Qué van a hacer conmigo?, a lo que respondí: Lo enjuiciarán en Santa Cruz.”

Prado me dijo que hace algunos años, cuando investigaba el contenido de documentos que habían sido liberados por Estados Unidos, había encontrado un informe que decía que el Che había sido ejecutado por órdenes directas del gobierno de Bolivia. Encontró luego otro informe del Secretario de Seguridad del Presidente Lyndon Johnson que decía lo mismo. “No hubo interferencia de los Estados Unidos (en la ejecución del Che). Fue una decisión de nuestros comandantes”.

“La primera vez que lo vi en su cuarto de la escuelita en La Higuera estaba muy desmoralizado y dijo ´esto se acabó´. Yo le respondí: Se acabó para Ud., pero yo debo seguir combatiendo”. Cuando volví a verlo, en la noche, su ánimo había mejorado. Comenzó a preocuparse por su futuro y el juicio que vendría. Porque lo habíamos tratado bien. Nadie lo vejó, nadie le hizo nada. Le dábamos de comer, café a cada rato y cigarillos. Estaba bien tratado y se sentía más tranquilo”, me dijo el general Prado.

También me contó que desde la ejecución del Che una pregunta ha estado siempre en su cabeza. Por qué el líder guerrillero vino a Bolivia para una operación que resultó un fiasco y con resultados políticamente dudosos, por lo menos en Bolivia. (El presidente Evo Morales dijo esta semana que admiraba al Che, pero que no compartía sus métodos violentos).

El general Prado continuó:

“Tras el fracaso en el Congo se fue a Praga, donde estuvo tres meses como huésped de la Embajada de Cuba. Intentó en vano hablar con Fidel. Al final fue autorizado a retornar secretamente a La Habana. En Cuba, el Che era un hombre con poder. Era prepotente y eso molestaba. Pero sobre todo estaba contra la coexistencia pacífica que Cuba había adoptado por presión de la Unión Soviética. El Che continuaba queriendo causar incendios. Por eso, en Cuba era inconveniente. Se reunió con Fidel varias veces y de ahí apareció esta aventura en Bolivia. Fue una forma de librarse de él…Si todo iba bien, Fidel continuaría siendo el gran comandante y líder revolucionario. Si no, nada cambiaría”, me dijo.

En su opinión, la guerrilla en Bolivia se había basado en tres fuentes informativas. “Manuel Piñeiro, el jefe de inteligencia cubano, le presentó un legajo de documentos que comprobarían la viabilidad de la guerra de guerrillas en Bolivia… Piñeiro estaba bajo órdenes directas de Castro. La segunda fuente era Debray, quien había estado en Bolivia muy poco tiempo. Y la tercera eran estudiantes bolivianos en Cuba. Había un muchacho de apellido Maymura, otro apellidado Vaca, y un tercero apellidado Gutiérrez. Los tres eran del Beni. Todos habían viajado directamente a La Habana y no conocían más nada de Bolivia, ni siquiera Cochabamba (por entonces la segunda ciudad boliviana). Puedes imaginarte el tipo de información que podían prestar sobre Bolivia. Ellos vinieron con el Che y también murieron. Esas tres fuentes sirvieron para sustentar la decisión de venir a Bolivia”, dijo Prado.

La información de inteligencia fue descuidada en momentos críticos de la campaña, según Prado. Uno de sus mayores fracasos fue la imposibilidad de establecer contacto con los reclutas urbanos. “Antes de entrar a la selva, el Che les dijo a sus contactos: ´No hagan nada hasta que yo les diga´. Ellos se sentaron a esperar instrucciones que nunca llegaron. El Che no tenía forma de contactar a su gente en las ciudades, y viceversa. Hubo un contacto llamado Ariel, en La Paz, pero este contacto se desvaneció. Probablemente volvió a Cuba. Los guerrilleros solo escuchaban Radio Habana, que les enviaba mensajes de la misma manera en que nuestras radios en el campo envían mensajes: Llegaré mañana. Favor esperarme en el aeropuerto con un caballo, y comida, etc. Hubo tres o cuatro mensajes recibidos de esa manera. El Che escribió en su diario sobre un mensaje que decía que vendrían combatientes de Checoslovaquia y comentaba: “Dónde nos van a encontrar…?”

“En verdad, dijo Prado, nuestro principal problema no era tanto luchar contra los guerrilleros. Era encontrarlos! Perdieron su campamento base al comienzo de la campaña cuando el ejército, ayudado por campesinos, lo tomó. Asimismo, el Che incurrió en un grave error cuando dividió a su grupo en dos sin jamás especificar un punto de encuentro. Se dividieron y nunca más volvieron a juntarse. Eso es inconcebible en un guerrillero como el Che. Si uno va al estadio con su hijo, le dirá: Mira, si llegáramos a perdernos, aquí nos volvemos a encontrar, y señala un punto de encuentro. En realidad, el Che y sus hombres deambularon sin rumbo en la selva”.

El regimiento Ranger de Prado es todavía uno de los mejor preparados de Bolivia. Entró en acción el 26 de septiembre. El día en que capturó al Che, Prado tenía 70 hombres bajo su mando. Pero la guerrilla agonizaba desde hacía mucho tiempo. Prado dice que algunos guerrilleros habían sugerido disolver el movimiento. “El problema era que el Che no tenía dónde ir”, me dijo Prado. “Uno se pone en su lugar y piensa: Si salgo de aquí, ¿a dónde voy? No podía retornar a Cuba, pues había renunciado a todas sus prerrogativas. A Argentina menos aún. Entonces ¿a dónde? Pero, sobre todo, ¿cómo salir de Bolivia? No tenía otra salida sino sacrificarse, él y sus hombres. Fue una inmolación”.

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Prado narra con detalle el papel que desempeñó en la lucha antiguerrillera así como sus observaciones sobre la campaña en su obra “La Guerrilla Inmolada”, que está en la tercera edición.

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5 comentarios sobre “Versión de un vencedor

    Reynaldo Garcia escribió:
    octubre 6, 2007 en 7:12 pm

    Muy interesante el relato. Hay cosas nuevas y otras que refrescan la memoria histórica del pasado. Sin duda la aventura del Che en Bolivia ha dado numerosas obras literarias. Un buen trabajo, estimado colega.
    Reynaldo Garcia

    Una falla fundamental « Mientras tanto, en Santa Cruz escribió:
    octubre 7, 2007 en 12:22 pm

    […] falla fundamental En su obra La Guerrilla Inmolada,  el Gral. Gary Prado Salmón  tiene un capítulo evaluativo de la campaña de 1967 y algunos errores cometidos por Che […]

    Alfred Biller escribió:
    octubre 23, 2007 en 2:33 pm

    Sr.Olmos,
    Yo soy alemán, vivo ahora en los Estados Unidos. De 1968 hasta 1969 trabajaba en Huari como director técnico
    de la cerveceria. Al regresar de un viaje a Alemania viajé con don Gary, quien accedió a llevarme en su camiòn a Santa Cruz, pues mi hijo necesitaba ir a un lugar más bajo ya que había tenido problemas con la altura.
    Senor Olmos por favor habla con Don Gary sobre esa temporada.
    Yo querría hablar por teléfon or E-mail con él.
    Muchas gracias.
    Alfredo Biller

    haroldolmos respondido:
    octubre 23, 2007 en 7:25 pm

    Mr. Biller: I have passed on your message to Gen. Prado along with the yahoo e-mail. He may answer you directly.

    pakoperiko escribió:
    mayo 24, 2010 en 3:02 am

    Excelente versión de la reacción!!! Por favor, nada más patético y sin sentido. El texto está lleno de hechos sin fundamento ni justificación, de acciones fuera de contexto, inentendibles. Cómo esperan que se crea semejante basura?!!!

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