Día: septiembre 6, 2007

Torbellino

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Cerrar el Senado (porque no ratificó la decisión del MAS en la Cámara de Diputados que quería enjuiciar a cuatro magistrados del Tribunal Constitucional), cambiar la sede de la Asamblea Constituyente y llevarla a Oruro (lo que la volvería clandestina, pues por ley debe funcionar en Sucre) , plazo de 48 horas (lanzado por dirigentes campesinos del gobierno) para que  Sucre deje funcionar a la Asamblea, amenazas sobre la Expocruz, la mayor feria agroindustrial boliviana (del 21 al 30 de septiembre), que desde hace más de tres décadas, se realiza en Santa Cruz. Y hasta la Iglesia Católica es acusada de querer el cierre de la Asamblea, que en sus 13 meses de funcionamiento ha sido una colosal fuente de desencuentros entre bolivianos. El gobierno y su partido parecen envueltos en un torbellino, gran parte de su propia creación, del que ahora no consiguen escapar. El margen de maniobra se les estrecha y si corren, como dicen en Brasil, la fiera los alcanza; y si no se mueven, la fiera los devora.

Tras la turbulencia de la madrugada (unos 40 heridos y decenas de presos), la ciudad de Sucre  estuvo tranquila el resto del día jueves. La población consiguió mantener en jaque a la Asamblea Constituyente, reclamando que rectifique la decisión de dejar fuera de sus deliberaciones el tema de la capital. ¿Sucre o La Paz? El gobierno ya anunció que no quiere que se toque el tema y que, en todo caso, está con La Paz. Este sábado el Poder Judicial debe pronunciarse sobre un pedido de amparo contra aquella decisión. La Paz está alerta. Amenaza con levantarse si el fallo favorece a Sucre y declara ilegal el marginamiento del tema de la capitalidad de los debates de la asamblea. Ahí vendría la prueba suprema para el gobierno del presidente Morales. Volver sobre sus pasos equivaldría a una inmolación política. Pues, como dicen en Venezuela, “chivo que se devuelve (retrocede, da marcha atrás), se desnuca”.

¿Constitución clandestina?

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Si la Asamblea Constituyente llegase a funcionar y a aprobar  la Constitución que propone el MAS, sería la primera Carta Magna aprobada en la clandestinidad. Pues su aprobación sigilosa podría ocurrir sólo por descuido de la oposición. Una constitución gestada a escondidas no tendría futuro alguno.